“Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y como os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí” (Éxodo 19:3-4)
La primera orden que YHVH le dio a Moisés cuando éste subió a Él, fue recordarles como los había cuidado y protegido hasta llevarlos a Él. “Sobre alas de águilas” – está frase explica la forma como Israel fue liberado de la esclavitud a la seguridad de la tierra prometida, de la muerte a la vida, de la desesperanza al corazón de Elohim. No fue con maniobras militares, no fue por su propio esfuerzo, fue la pura misericordia de Elohim quien los “tomó sobre alas de águilas” – Y lo que fue verdad para el Israel de ese entonces, lo es para nosotros hoy, para el Israel de los últimos tiempos – “Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo” – Apocalipsis 12:14. La mujer representa el pueblo de YHVH de los últimos tiempos quien es también llevado en “alas de águila” al desierto donde será protegido de la serpiente o dragón que busca destruirlo. YHVH continuo: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa (kaddosh – separada)” – Éxodo 19:5-6.
“Salieron de Refidim y acamparon en el desierto de Sinaí” (Números 33:15)
Durante su peregrinaje por el desierto, hasta ahora, YHVH había estado trabajando con el pueblo, creando circunstancias y eventos que debían preparar a Israel para la cita en el campamento número once. En cada privación física, en cada encuentro con el enemigo, la presencia y el poder de YHVH estuvo ahí con ellos protegiéndolos y proveyéndolos. Estas negativas circunstancias que Israel vio como problemas y tribulaciones, exigiendo muchas veces que YHVH las quitara, no eran más que, “campos de reclutamiento espiritual”, destinados a fortalecerlos y prepararlos. Si Israel hubiera enfrentado esos problemas con mas gracia y sumisión, hubiera estado mejor preparado para cuando el SANTO ELOHIM descendiera del monte a hablar con ellos. Nadie esta excepto de tribulaciones y problemas, pero es lo que hagamos en esos momentos que marca la diferencia. Podemos tratar de solucionarlos a nuestra manera o confiar en YHVH y su guía. Israel llegó al Sinaí tres meses después de haber salido de Egipto, escasas doce semanas llenas de milagros y provisión divina, sin embargo tanto Israel en ese tiempo como nosotros hoy en día cuando enfrentamos una nueva dificultad, tendemos a olvidar QUIEN nos sacó de la última.
“Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a YHVH? (Éxodo 17:2)
El hombre es experto en altercar por lo que considera sus derechos. “Tienes que pelear por tus derechos” – frase bien conocida hoy en día. En el sistema tal vez funcione peleando y exigiendo, pero con Elohim no es así. Israel no era nada diferente, y cuando su supuesto derecho a tener agua no fue satisfecho, empezaron de nuevo a murmurar contra Moisés y a cuestionar la provisión de YHVH. Sin embargo, a pesar de sus murmuraciones, YHVH les dio agua en abundancia. El agua de vida es ofrecida a todos, pero la protección de Elohim contra los gigantes de la vida, es solo para quienes confían en El. Israel estaba a punto de enfrentar gigantes. Cuando estamos débiles espiritualmente, nuestra visión se opaca, nuestro discernimiento no funciona, y el enemigo aparece como por arte de magia. La murmuración se había esparcido por el campamento como un cáncer e Israel estaba débil para enfrentar al enemigo. Mientras el campamento estaba en confusión y el pueblo seguía quejándose, aparece Amalec y ataca a Israel. Pero YHVH no deja a Su pueblo enfrentar esta merecida muerte sin ayuda. Las Escrituras dicen que Moisés tomó a Aarón y Hur y se fue al monte, mientras Josué tomaba a los más valientes y salía al valle a pelear. Aquí podemos ver una lección muy importante para practicar en nuestra vida. La batalla fue peleada en dos frentes. El frente físico donde Josué peleo contra los Amalecitas y el frente espiritual donde Moisés se fue al monte con los sacerdotes a interceder. Josué se fue al campo de batalla y Moisés al campo de oración. Josué peleo la batalla física y Moisés la batalla espiritual. Mientras las manos de Moisés estuvieran levantadas al cielo en continua intercesión, Josué y sus guerreros vencían.
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