“Salieron de Etam y volvieron sobre Pi-hahirot, que está delante de Baal-zefón, y acamparon delante de Migdol” (Números 33:7)
Pi-hahirot también significa = calmar / estar quieto frente a la ira. “Habló YHVH a Moisés, diciendo: Dí a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar. Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado” – Éxodo 14:1-3. Israel iba a tener la primera prueba frente a una multitud asesina, llena de ira. Faraón había endurecido su corazón contra YHVH, estaba lleno de odio después de las plagas y de enterrar a su propio hijo. Egipto estaba en un total caos, la economía totalmente colapsada. Así que reunió a su ejército – “Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo; y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos” – Éxodo 14:7, y fue tras el pueblo, a vengarse de un montón de esclavos. Solo habían pasado unos días desde que cambiaron las armas de Egipto por la nube del Cielo. Habían visto muchos milagros, pero ahora, frente a una multitud llena de ira, se olvidaban del poder de YHVH que los había liberado y temieron. La prueba ahora era, si eran capaces de poner toda su confianza en YHVH. Estaban atrapados en un caño, cuya boca los llevaba al mar y como dice la Escritura – “el desierto los ha encerrado”. Esa misma prueba vivimos muchos hoy en día cuando no hay a donde ir, cuando las circunstancias nos atrapan y tenemos que poner nuestra confianza en que YHVH nos sacará victoriosos o morimos.
“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoged, pues, la vida, para que vivas tu y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19)
La salvación ilustrada en los cuarenta años por el desierto, está disponible para todo aquel que cree y obedece. Es un llamado al corazón para tomar el camino del desierto y guiado por el amoroso Padre Celestial, ir a ese lugar de aparente soledad y aridez y aprender a oír Su voz y seguir Su Torah sin discutir ni pelear contra Quien quiere llevarnos a la Tierra que fluye leche y miel. En Etam, Israel debe evaluar su llamado a seguir a Elohim, desprovisto de su auto-protección y auto-preservación o dependencia de su opresor (Egipto) y seguir a Elohim. Igualmente nosotros, tenemos la oportunidad en Etam de evaluar y decidir si queremos seguir aferrados al sistema y sus caminos, o seguimos a Elohim sin contemplar más las ataduras de Egipto. Debemos tener presente que durante el peregrinaje vamos a creer que los métodos del sistema son más seguros, pero solo la confianza puesta en nuestro Adonai nos sostendrá y dará la seguridad de que es mejor caminar por el desierto con YHVH, que dormir en cama de esclavitud. En Etam los hijos de Israel empezaron a cambiar de enfoque. Ellos contemplaron lo que dejaron y fijaron sus ojos en el futuro que tenían delante de ellos con YHVH. Etam es el lugar donde decimos si seguimos o no.
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia… celos, iras, contiendas… envidias, homicidios, borracheras, orgía y cosas semejantes” (Gálatas 5:19-21)
¿Quién de toda esa multitud que salió de Egipto estaba libre de estas cosas? Y ¿Qué santo moderno no tiene que luchar con estas cosas? A muchos nos han dicho que la llegada a la Tierra Prometida no tiene que ver con el comportamiento, sino con la promesa. Si ha habido una prueba contundente de lo contrario, esa es el viaje por el desierto. Fue esta lista descrita en Gálatas, activa en ellos lo que hizo que se revelaran contra Elohim diez veces a través de todo el viaje. Esos primeros ocho días viajando por el desierto con pan sin levadura, simbolizan nuestro proceso de limpieza de todo pecado. El pueblo siempre anduvo bajo la columna de nube y la columna de fuego, guiados por Elohim. El camino por el desierto debe hacerse en mutua cooperación con el Ruaj, si queremos llegar al final del camino. Cuando amamos, amamos honrar ese amor. Cuando no podemos o no sabemos amar o como responder a ese amor, distorsionamos el amor en permisividad, llegando a hábitos corruptos, como los enumerados en Gálatas 5. El comportamiento revela actitudes, y las actitudes revelan el carácter de la persona. “Por sus frutos los conocerás” – Mateo 7:20. Hebreos 3:7-11 = Salmo 95:7-11.
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