“Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobe la faz de toda la tierra” (Génesis 11:4)
Aquí podemos ver como los ladrillos de Egipto continuaban pintando el cuadro de mezclar los caminos de Elohim con los caminos del hombre. Los ladrillos hechos por el hombre y formados mezclando barro con paja y agua, se deterioran y colapsan con el tiempo. Cuando empiezan a deteriorarse, los albañiles o constructores usan los métodos más modernos para ponerle parches y remendarlos. Una construcción de piedra sin embargo, permanece firme con el tiempo, y mientras la construcción de ladrillo se derrumba, la de roca sigue en pie. Porque, “si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo? – Salmo 11:3. El Padre Eterno, ha mantenido Su fundamento (Torah) hasta hoy, nada de lo que salió de Su boca para Su pueblo ha cambiado, el hombre podrá seguir poniéndole parches a su doctrina hasta que un día toda esa estructura colapse y solo permanezca lo que ha sido construido sobre la Roca desde el principio. Para el hombre siempre ha sido de suma importancia el tener un nombre, algo que lo identifique como él quiere, como lo obtenga, carece de importancia, solo quiere el nombre. “Nosotras comeremos nuestro pan, y nos vestiremos de nuestra propia ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio” – Isaías 4:1. Igual que antes, el hombre sigue comiendo su propia doctrina, vistiéndose se su propia justicia, pero quiere llevar el nombre del Mesías. Elohim tuvo que destruir la torre de Babel, y vendrá de nuevo y destruirá toda la infraestructura religiosa que el hombre ha creado y limpiará Su nombre.
“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de YHVH vuestro Elohim que yo os ordeno” (Deuteronomio 4:2)
No añadir significa no adicionar nada a la palabra, y no disminuir significa no quitarle a la palabra. Tanto el judaísmo como el cristianismo le fallaron a Elohim en esto. Por alguna razón los rabinos entendieron que “no añadir ni disminuir” significaba: añadir, añadir y añadir. Según ellos la ley oral es la que explica la Torah. Ellos tomaron la Torah y empezaron a añadirle mandamientos y tradiciones inventadas por ellos. Por ejemplo: donde la Torah dice “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” – Éxodo 20:8. Ellos añadieron: No se puede; escribir, encender las luces, conducir, contestar el teléfono en el día de reposo y tampoco se puede sanar un enfermo, esa fue la confrontación que tuvieron con Yahushua. Y así con todos los mandamientos. Los rabinos actuales son los fariseos del tiempo del Mesías y tanto en ese tiempo como ahora, han hecho un buen trabajo poniendo sobre los creyentes, cargas que ni ellos mismos pueden llevar. El cristianismo, por el contrario, cree que Deuteronomio 4:2 “no añadir ni disminuir” significa: quitar, quitar y quitar. Es decir, ellos toman la Torah y le quitan, le quitan y le quitan. ¿Cómo lo hacen y qué justificación tiene para ello? Simple, tienen algo llamado “la era de la ley y la era de la gracia”. Dicen que YHVH dio esa Torah a otra gente y solo hasta la muerte del Mesías, que después de ahí, la ecuación matemática de la Torah de “no añadir ni disminuir” cambió y ahora significa: quitar, quitar y quitar. Deshacerse de todo menos los interiores (lo esencial). Es decir, si solo usas la ropa interior (lo esencial de la Torah… el AMOR) ya estás cubierto. Entonces, cuando leen en la Biblia que Yahushua murió en el madero, ellos entienden que en ese momento ya pueden deshacerse de: no guardar el día de reposo, no observar las fiestas, y el Tanaj (Antiguo Testamento) lo pueden tirar a la basura, es obsoleto, no aplica. Bueno… los salmos son lindos para leer y obvio, Malaquías 3:6-12 – Traed todos los diezmos al alfolí - es uno de esos “esenciales” de los que no nos podemos deshacer. No añadir ni disminuir significa: No añadir ni disminuir.
“Oh Elohim, santo es Tu Camino” (Salmo 77:13)
La historia del hombre como está grabada en las páginas de las Escrituras empieza en el jardín y termina en el jardín. En estos dos paraísos, el Jardín del Edén y la Nueva Jerusalén, el hombre camina en intimidad con su Creador. Entre el libro de Génesis y el libro de Apocalipsis, está la saga de la separación del hombre de su amado Creador debido a su orgullo y rebelión contra la Torah (Instrucciones) de YHVH. Entre Génesis y Apocalipsis está la agonizante historia de un Padre llamando de todas las formas concebibles, a sus hijos pródigos, instándolos a arrepentirse de su pecado y alejarse del camino espiritual que guía a la oscuridad y destrucción. YHVH tiene un plan para redimir al hombre, para salvarlo, y ese plan está revelado en las Escrituras. Entender el Tabernáculo de Moisés, es entender el plan de YHVH. Aunque su origen es divino, es un diseño sencillo. Pero su sencillez revela su verdadero enigma. Dentro de su velo, se encuentra la más profunda sabiduría del universo, pues en él se revelan los misterios del plan de redención de YHVH para la humanidad. En sus enseres y detalles, encontramos en forma de código, el plan de siete citas anuales de YHVH, como también los siete pasos de la boda hebrea. Todo esto, revela los pasos que cada ser humano debe tomar para invertir la maldición de muerte que cayó sobre Adán. Ellos le muestran al hombre el camino de regreso al Padre. El Tabernáculo revela el Camino de Elohim, el Camino de salvación y vida eterna. ¡Shabbat Shalom!
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