“Los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: pueblo mío, y el dirá: YHVH es mi Elohim” (Zacarías 13:9)
El oro se purifica con fuego hasta que se derrita. Una vez derretido empiezan a manifestarse las impurezas como una capa de mugre. El refinador la retira con un cucharón especial. El proceso puede repetirse varias veces, derretir el oro en el fuego y cernir las impurezas hasta que pueda ver el reflejo de su rostro en el oro refinado. Como si se mirara en un espejo. Elohim habla a través del profeta Zacarías concerniente a los sacerdotes. Tristemente esos sacerdotes se desviaron siguiendo las costumbres de los pueblos paganos que los rodeaban, solo por tener paz con ellos, dejando el camino de Elohim. Nosotros somos un sacerdocio santo, estamos llamados a ser separados para El. Sin embargo, hay momentos cuando fallamos y no vivimos a la altura del llamamiento y nos dejamos arrastrar por las corrientes del mundo. Otras veces, es que sentimos que la prueba por la que estamos pasando es demasiado dura y no nos damos cuenta que es simplemente el horno purificador de YHVH que está permitiendo que seamos derretidos y cernidos, para poder sacar lo mejor de nosotros. Pero alegrémonos, cuando el proceso termine podremos reflejar la imagen de aquel que nos sacó de las tinieblas a Su luz admirable.
“Como ciudad derribada y sin muro, es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda” (Proverbios 25:28)
En la antigüedad la única forma de proteger una ciudad de los invasores era rodeándola de muros y poniendo guardias que la patrullaran día y noche. Hoy en día muchos de los muros de esas ciudades permanecen en pie. La Biblia nos cuenta como en los tiempos de Nehemías, Jerusalén estaba desolada, el muro derribado y las puertas destruidas. Sabiendo lo importante que eran los muros para la ciudad, Nehemías llora y ora a Elohim por su pueblo y su ciudad y sabe que está llamado a restaurarla. Sin muros la ciudad está completamente indefensa. La Escritura compara los muros de una ciudad, con la vida de una persona. El control de nuestra conducta y comportamiento es vital para la protección contra la invasión enemiga. Pablo explica en Gálatas 6:7-8, las consecuencias de vivir una vida sin control, ignorando los parámetros de Elohim. Así como una ciudad sin muros esta indefensa, la vida de una persona sin control está también a merced del enemigo. Sin el Ruaj (Espíritu), ninguno de nosotros tendrá fuerzas para resistir el ataque del enemigo, todos necesitamos el espíritu de dominio propio. El problema es que mucha gente disfruta demasiado las cosas que se filtran por los muros resquebrajados y YHVH no puede ayudarnos a ganar una batalla que deseamos perder. Pidámosle a Elohim primero que nos dé el deseo de reparar los muros, luego nuestra vida será fuerte y efectiva para El. ¡Shabbat Shalom ¡
“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3)
La Biblia ha sido llamada por muchos “el manual de la vida” pero no para obedecerla sino para lograr que Elohim haga lo que ellos quieran y conceda sus deseos. Pero es todo lo contrario, la Torah es el manual o guía que nos enseña como vivir si queremos que nuestra relación con Elohim funcione. Si las cosas no son como quisieras, tal vez es que estás leyendo la Torah bajo un sistema de fe manipulador y erróneo. Por ejemplo: el versículo de Jeremías no tiene un “si” antes de clama, como si fuera opcional. Es imperativo, no algo extra en tu caminar con Elohim. No dice: clama a Elohim cuando tengas problemas o deseos, simplemente dice: CLAMA, no cuando las cosas están fuera de tu alcance, sino siempre. El tiene cosas para decirnos, pero nosotros no estamos listos para escuchar porque estamos llenos del sistema, de nuestro propio mundo, de problemas, deseos, expectativas sobre la vida y aun de cómo Elohim debe respondernos o tratarnos. Elohim quiere hablarnos, no podemos hacer a un lado este mandamiento y decir que lo amamos, hay cosas en la Torah que no podemos descifrar por nosotros mismos. Necesitamos esa íntima comunión con El, no para lograr que el cumpla nuestros deseos, sino para conocer su carácter, entender sus caminos y comprender que, aunque las cosas no son como quisiéramos, son como tienen que ser para nuestro bienestar.
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