PESACH SAMEACH
“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre del Mesías Yahushua, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es de su carne” (Hebreos 10:19-20)
Las Escrituras nos dice, que cuando el Mesías murió, hubo un terremoto y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. De acuerdo con las medidas dadas a Moisés para la construcción del Tabernáculo, el velo media aprox. 60 pies de largo, por 30 de ancho (aproximadamente 18 m x 9 m). Suena imposible, ¿cómo podía rasgarse? Según la tradición hebrea, cuando un padre perdía un hijo, rompía su manto, así que, solo el corazón herido del Padre por la muerte de Su Hijo Unigénito, podría romper el velo. ¡Que sacrificio, que dolor y que amor! Darlo todo para que tuviéramos acceso al Trono del Padre. Y que tan ligeramente a veces tomamos esto. Hoy es un día para recordar, para hacer memoria, para agradecer, para postrarnos y adorar. El ruido del velo rompiéndose hace eco a lo largo de la historia hasta nuestros días. La agonía de ese sonido de duelo, nos abrió el camino nuevo y vivo al Padre. ¡Pesach Sameach!
“Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:40)
Esta fue la señal que Yahshua mismo dio a sus discípulos, concerniente a su muerte y resurrección. El día 14 los corderos eran sacrificados y llevados al horno. El último cordero en ser sacrificado es el Cordero Pascual, el que escogió el Sumo Sacerdote y que fue sacrificado a las 3 p.m. la misma hora en que el Mesías murió. Después de comer la Pascua, el Sumo Sacerdote tenía que estar en reclusión en el Monte Moriah por tres días, luego salía a recoger los primeros frutos para presentarlos en el Templo el día siguiente al día de reposo semanal o Shabbat, o sea el primer día de la semana. Yahshua permaneció tres días y tres noches en el corazón de la tierra y resucitó justo al terminar el tiempo señalado para presentarle los primeros frutos al Padre. Yahshua murió miércoles al atardecer y resucitó sábado al atardecer, justo al mismo tiempo que el Sumo Sacerdote sale a recoger los primeros frutos para presentarlos en el Templo. Así se cumplen los tres días y tres noches que los líderes religiosos han cambiado diciendo que el Mesías murió viernes y resucitó domingo. Hasta un niño pequeño puede contar del 1 al 3 sin embargo la iglesia no ha podido hacerlo por siglos. Viernes es el día de adoración a Dagón, el dios pez y domingo el día de la adoración al sol, días que no tienen nada que ver con nuestro Mesías.
SHABBAT HAGADOL
“Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto” (Miqueas 7:15)
Shabbat Hagadol, es el último Shabbat en el exilio egipcio, donde toda la nación esperaba la redención. Es la misma situación que vivimos hoy en día, donde esperamos que nuestro Mesías llegue a redimirnos de este largo y difícil exilio. También se le llama “el Gran Shabbat”, y es la transición del exilio a la redención. Maharshal explica que el nombre de “Gran Shabbat” es derivado de Malaquías 4:5 – “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de YHWH, grande (gadol) y terrible”. Este antepenúltimo versículo del último profeta, anuncia el primer rayo de luz de redención. Estamos viviendo en el “Gran Día” – en el “Shabbat Hagadol” antes de la redención final. Según la cronología del Éxodo, el día 10, del primer mes, cuando los hebreos tomaron el cordero, fue Shabbat. De ahí es la referencia de que este Shabbat es un Gran Día. Shabbat Hagadol el día para que todos adoremos y alabemos a HaShem como nuestro REDENTOR.
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