“... y como le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron” (Lucas 24:20)
Los líderes judíos rechazaron a Yahushua en su primera venida. No llenó sus expectativas. Ellos estaban esperando un Mesías que los liberara del yugo romano, restaurara el reino de David y trajera una era de tranquilidad y paz al mundo. Es probable que la intensa envidia y rechazo los cegara a las innumerables Escrituras que en el Tanaj (A T) describen al Mesías como el Siervo Sufriente. Las Escrituras presentan dos imágenes del Mesías, dejando a los intérpretes de las Escrituras con un dilema. Zacarías 9:9 lo describe humilde, entrando a Jerusalén montado en un pollino hijo de asna. Y Daniel 7:13 lo describe como el Mesías que viene en las nubes. Algunos de los rabino concluyeron que debía haber dos Mesías – Mesías ben Yosef (hijo de José) – el Siervo Sufriente, y Mesías ben David (hijo de David) – el Rey que traerá justicia, restaurará el Templo y el Reino a Israel. La verdad es que solo hay un Mesías, pero dos advenimientos. Debemos chequear nuestras expectativas, en ¿qué están basadas? ¿Vemos a Yahushua como el medio para lograr lo que queremos del Padre, siguiendo la doctrina de la prosperidad, con un dios de maquina dispensadora donde solo tengo que echarle la monedita (oración) y obtengo lo que quiero? o ¿entendemos lo que verdaderamente significa: “estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida”? La Escritura continua diciendo que: “pocos son los que la hallan” – Mateo 7:13-14
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, and alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8)
Esto es guerra. Y como dicen los que han estado físicamente en una guerra; el ruido de las bombas cayendo, explosiones, heridos, muertos, todo alrededor es un verdadero infierno. Matas o te mata. Pero, y ¿cómo es una guerra espiritual? ¿Cómo suena? ¿Cómo saber cuándo protegerse o atacar? Aceptémoslo, estamos en guerra. La pregunta es: ¿Dónde estás en esta guerra? ¿Al frente de batalla, en la retaguardia o en la enfermería? Cuando un soldado es llamado a prestar servicio, sabe que va dispuesto a morir por su país. ¿Estás tu dispuesto a morir por lo que crees? Como lo he dicho antes, si fueran a juzgarnos por lo que creemos, ¿Encontrarían en nosotros suficiente evidencia? No olvidemos que la fe sin obras en muerta. Cuando declaramos creer en algo o alguien debemos confirmarlo con nuestras acciones. “¿Por qué me llamáis, Adonai, Adonai, y no hacéis lo que yo digo?” - Lucas 6:46.
“Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16:25)
Saber algo sobre Elohim no es lo mismo que personalmente poner tu vida en sus manos. La diferencia entre un profesante y un verdadero creyente es que este último lucha en medio del dolor, de la ambigüedad, del quebrantamiento, se sostiene como dice hebreos 11:27 – “como viendo al Invisible”. Job dijo – “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; no obstante, defenderé delante de él mis caminos” – Job 13:15. Conocer a Elohim no es tener formulas teológicas, dogmas y credos. Hay camino que parece derecho… aun para creyentes profesionales (líderes), pero cuando llega la exigencia, cuando se dan cuenta que hay una obligación eterna de vivir auténticamente a la luz de la Verdad, el interés decae. Tomar el madero es difícil porque la carne no quiere morir, lucha por derechos que no quiere ceder al Señorío de Aquel a quien llama Padre. “¿Por qué me llamáis Adonai, Adonai, y no hacéis lo que yo digo?” – Lucas 6:46.
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