“Este es el día que hizo YHVH; nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmo 118:24)
Tener esta palabra impresa en nuestro corazón, estar seguros de ella y hacerla vida en nosotros, cambia por completo nuestra vida. Cuando estamos seguros que este es el día que Yaweh hizo para mí y que debo gozarme en él, dejo de quejarme, de molestarme o desesperarme por las cosas que pasen durante el día, porque sé que El lo ha permitido para mi bien, lo entienda o no. Frecuentemente nos perdemos de las cosas lindas de la vida por no mirar el día como una bendición de Yaweh. Nos perdemos de una sonrisa, de un abrazo, de ver la belleza que hay a nuestro alrededor, de la lluvia que aparentemente es tan molesta pero que sin ella sería imposible disfrutar de tan maravillosa naturaleza. El día que Yaweh hace para nosotros trae todos los implementos necesarios para gozarnos en él. Trae la porción de amor, de tolerancia, de fe, de compasión, de paz, de seguridad, necesarias para vivirlo a plenitud, aun en medio de dificultades. Detengámonos un poco y disfrutemos de esa flor que está brotando, de los pajaritos que nos despiertan con su canto y aprendamos de ellos, que madrugan a alabar a Elohim por ese nuevo día. Disfrutemos de nuestra familia, hoy en particular hagamos algo que marque la diferencia en la vida de alguien. Y no olvidemos que: “Este es el día que hizo Yaweh, y debemos gozarnos en él”.
“…así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones… Y Yaweh dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento…” (Joel 2:2 y 11)
Elohim ha estado recogiendo, separando, preparando y entrenando su pueblo por mucho tiempo, y en estos últimos días lo está purificando y sacando del sistema para que pueda caminar con Él. Algunas de sus características: Es un pueblo que ha muerto para sí, y vive para Elohim, tiene una relación íntima con El y es sensible a la guía del Ruaj Ha Koddesh, conoce el corazón y los deseos del Padre. Ha muerto a las cosas del mundo, es obediente y humilde. El Ruaj dirige sus pensamientos, palabras y acciones. Es fuerte, entrenado, disciplinado, son soldados del ejército de Yaweh. Es intercesor, proclama la Torah y la enseña. Su relación con el Padre es madura, no sentimental ni llena de falsa fantasía greco romántica, sino íntima y poderosa. El Shabbat es su día ideal para estar en intimidad con Elohim. Como una esposa enamorada, es sumiso, sigue al Cordero por donde quiera que vaya, su relación con El es exclusiva, no hay otros dioses, sabe que le pertenece a Yahshua, se deja guiar, no hace nada por su propia cuenta. Conoce sus responsabilidades y no huye de ellas, es hacedor no oidor. No es flamante, fanfarrón, mundano, ni de grandes ministerios, es de bajo perfil, discreto, sabe que él tiene que menguar para que Yahshua en él crezca y así revelar en estos tiempos difíciles, la gloria de aquel que lo llamó.
“José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron”. “Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto” (Génesis 42:8 y 45:4)
Todos conocemos la historia de José como fue vendido por sus hermanos, puesto en la cárcel, luego interpreta los sueños del Faraón y a raíz de eso es exaltado como gobernador de Egipto. José termina vistiendo como un egipcio y lo más increíble y a lo que quizás no prestamos mucha atención, es al hecho que Faraón cambió el nombre hebreo de José por el nombre egipcio de: Zafnat-panea lo cual hizo aún más difícil que sus hermanos lo reconocieran. José era para ellos un egipcio más. José es sombra y tipología del Mesías quien en manos de la cultura greco-romana ha sufrido la misma transformación. Cuando el mensaje del evangelio llegó a los dispersos en Grecia, los judíos helenos ya contaminados con el paganismo de la región, consideraron que era mejor presentarle a los gentiles un Mesías parecido a ellos e inician la transformación que termina con Roma cambiando Su nombre, hasta el punto que hoy en día, decirle a los creyentes que Yahshua es hebreo, que vivió como hebreo, que cumplió los mandamientos como hebreo y la única manera de entender Su mensaje es conociendo las raíces hebreas de la fe, es una total herejía. La transformación que Grecia y Roma le hicieron al Mesías fue tan perfecta, que no debe sorprendernos por qué los judíos no lo reconocen. Pero pronto vendrá de nuevo y dirá como dijo José a sus hermanos: “Mirad mis manos y mis pies, que YO MISMO SOY” – Lucas 24:39.
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