“Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:12)
El conflicto espiritual es permanente. Constantemente somos atacados por diferentes frentes de los cuales todo creyente debe estar consciente si quiere vivir una vida victoriosa y agradar a YHVH. Primero, debemos reconocer que tenemos un enemigo interno. Por su naturaleza caída el corazón del hombre no busca a YHVH, es el Ruaj quien nos atrae a YHVH. Sin embargo, aun después de nuestra conversión hacemos lo incorrecto y continuaremos haciéndolo hasta que entendamos que el enemigo número somos nosotros mismos (“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” Jeremías 17:9) y que la única manera de lidiar con este conflicto es sometiéndonos a YHVH. También hay un enemigo externo: el sistema y toda su maquinaria que apela casi siempre con éxito a nuestros sentidos y gustos y nos aparta del camino de YHVH. Las Escrituras nos dicen: “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1Juan 2:15). Y para completar, tenemos a Satanás cuyo único objetivo es atacar a Yeshua y lo hace a través de su pueblo. Sabemos que jamás vencerá, pero mientras pueda tratará de hacernos el camino difícil.
“La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:24)
Muchos tienen la tendencia a categorizar el pecado y el rango va desde los más pequeños o veniales hasta los más grandes y dañinos llamados por muchos mortales. Pero en realidad, nadie peca aislado ni las consecuencias son particulares. Toda desobediencia a YHVH afecta no solo al pecador sino a muchos otros en el presente y futuro. Si fuéramos a separar el pecado de Adán y Eva de su contexto, muy pocos los culparían de una gran trasgresión, la mayoría pensarían que lo que hicieron no fue tan grave, simplemente comieron una fruta de un árbol con el aviso de “no comer”, sin embargo ese tan insignificante detalle, ha afectado la humanidad desde entonces. Hoy en día la gente piensa que ignorar unos cuantos mandamientos, aun siendo bíblicos no es mayor cosa. Pero YHVH ve nuestros pecados desde otra perspectiva. Cada uno es seguido de consecuencias negativas, por ejemplo: en el caso de Adán y Eva y de cualquier creyente hoy en día, lo primero que afecta es nuestra relación con YHVH. Después todo a nuestro alrededor cambia, pues ya no solo tenemos que lidiar con la vida sin dirección divina, sino con todos aquellos afectados por nuestra acción. Piense ¿cuántas personas afecta un padre adultero, un empleado deshonesto, un político corrupto? Recordemos, nuestras acciones determinan lo que somos.
“El que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció” (2Pedro 2:19)
Ningún hombre o mujer es absolutamente libre. Somos esclavos de aquel o aquello a lo que nos sometamos, sea al pecado o la obediencia a YHVH. Aquel que cree ser dueño de su propia vida, es esclavo del pecado, porque solo hay dos amos, YHVH o Satanás y no podemos servir a dos señores, o estamos con el uno o con el otro. Y por muy moral o ético que crea ser, si su vida no está sometida al señorío de Yeshua, está sometido a Satanás quien usa el sistema y el ego del hombre para esclavizarlo a él, haciéndole creer que es dueño de su propia vida. La receta de nuestro Padre Celestial para esta enfermiza situación, es el someternos a Él. Pero usted pensara que si se somete a YHVH perderá el control de su vida. En primer lugar, déjeme decirle que de todas maneras no lo tiene, cree tener el control, pero no es así, debe haber algo en su vida que lo controla, el trabajo, una relación, la ambición, la familia, etc., y todas sus decisiones, de las que usted cree tener control, parten de esa situación. No tema darle el control de su vida a YHVH, eso no implica tener una actitud pasiva, sino vivir guiado por el Creador del Universo, nuestro Creador quien sabe que es lo mejor para nosotros, pronto aprenderá a vivir en la libertad de la más maravillosa esclavitud.
Hay 23 invitados y ningún miembro en línea