“Salieron de Sucot y acamparon en Etam, que está al confín del desierto” (Números 33:6)
Etam significa: “Contemplación”. La salvación ilustrada en los cuarenta años por el desierto, está disponible para todo aquel que crea y obedezca. Es un llamado al corazón para tomar el camino del desierto y guiado por el amoroso Padre Celestial, ir a ese lugar de aparente soledad y aridez y aprender a oír Su voz y seguir Su Torah sin discutir ni pelear contra Quien quiere llevarnos a la Tierra que fluye leche y miel. En Etam, Israel debe evaluar su llamado a seguir a Elohim, desprovisto de su auto-protección y auto-preservación o dependencia de su opresor (Egipto), y seguir a Elohim. Nosotros, igualmente, tenemos la oportunidad en Etam de evaluar y decidir si queremos seguir aferrados al sistema y sus caminos, o seguir a Elohim sin contemplar más las ataduras de Egipto. Debemos tener presente, que durante el peregrinaje, muchas veces vamos a creer que los métodos del sistema son más seguros, pero solo la emunah puesta en nuestro Adonai, nos sostendrá y dará la seguridad de que es mejor caminar por el desierto con YHVH, que dormir en cama blanda, pero de esclavitud. En Etam Israel contempló lo que dejaba y fijó sus ojos en el futuro que tenía con YHVH. Si no rendimos nuestra voluntad completamente a YHVH, nos quedamos estancados en Etam.
“Vestíos del nuevo hombre, creado según Elohim en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24)
Un problema que muchos creyentes tienen después de ser libres, es el problema de encontrar su verdadera identidad como seres libres. Se enfatiza mucho en el pecado y en lo frecuente que actuamos como si no hubiéramos sido libres del vicioso verdugo de nuestra pasada vida de pecado, pero se hace poco o nada para revelar nuestra verdadera identidad Bíblica como seres libres. Esta identidad es importante. Pero igual como el ser libres no fue por nuestro propios esfuerzos, establecer nuestra identidad como seres libres, tampoco lo será. O, mejor dicho, no lo debe ser. Muchos se sientes contentos con ser parte del montón. No saben para donde van, o si van, ser parte de la multitud es todo lo que cuenta, se sienten a gusto así. Esos son los que, al igual que los hijos de Israel en el éxodo, perecieron en el desierto – porque nunca fueron en realidad libres. Ellos nunca dejaron a su antiguo amo, jamás lo cambiaron por el Amo del Universo. Pasaron los años quejándose de lo que tenían y extrañando lo que habían dejado. Mientras extrañes lo que dejas atrás, no puedes ser libre para salir. La gente libre es la que sale. Sale en busca de algo mejor. Sale en busca de la razón de su libertad.
“Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar Rojo, como YHVH me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por mucho tiempo” (Deuteronomio 2:1)
¿Alguna vez se ha sentido estancado, como que no pasa del mismo sitio? El destino es una función del tiempo y es el objetico del diablo. Satanás no nos ataca por nuestro pasado, el lo hace por nuestro futuro, nuestro destino, ese es su principal objetivo y cuando ve que no puede desviarnos, trata de retardar, de frenar nuestras bendiciones poniendo obstáculos en el camino. El sabe que somos seres atados al tiempo y que una tardanza larga puede destruirnos. La demora es destructiva, YHVH lo sabía, por eso cuando fuerzas extrañas retrasaron a Lot, envió sus ángeles para sacarlo – Génesis 19:15-16. Las fuerzas angelicales de Elohim están aquí hoy para hacernos libres, no tardemos en dejar todo aquello que nos impida seguir el camino. La murmuración y queja hizo que los hijos de Israel deambularan 40 años por el desierto. El dudar de que el Eterno Elohim que los había sacado con grandes juicios de Egipto podía llevarlos hasta la tierra prometida, dejo en el desierto a todos aquellos que no creyeron. Si estamos rodeando el mismo monte por mucho tiempo, preguntémonos que estamos haciendo que no debemos, o que deberíamos estar haciendo y no lo hacemos. Cada minuto de nuestra vida está sincronizado por el reloj divino, cada evento del día tiene un propósito y siempre es de acercarnos a Él y bendecirnos.
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