“La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que YHVH tu Elohim te da” (Deuteronomio 16:20)
En la Torah en hebreo se lee: “La gran justicia seguirás para que nazcas de nuevo y heredes la tierra que Hashem tu Elohim te da”. Los sabios hebreos dicen que cuando en la Torah se repite una palabra dos veces, se transforma en la/el “Gran”. Por ejemplo: “el amor el amor de YHVH = el gran amor de YHVH”, o cuando Yahushua decía: “de cierto, de cierto = si, en verdad”. Según ellos la repetición hace a dicha afirmación, veraz. La traducción que nosotros tenemos hoy en día, dice: “para que vivas”. Pero seguir la justicia para vivir es = nacer de nuevo y seguir la Torah (justicia) para tener parte en el mundo venidero. Para Israel la salvación nunca tuvo que ver con salir del infierno e ir al cielo a danzar o alabar en la nueva Jerusalén. Cuando Moisés le dijo al pueblo – “Estad firmes y ved la salvación que YHVH hará hoy con vosotros” – les estaba mostrando a Yahushua y el camino que él abriría para que todo el pueblo pudiera pasar el mar e ir a tomar posesión de la tierra prometida. Salvación = Yahushua. Durante los años en el desierto, cuando alguien quebrantaba la Torah, era sacado del campamento hasta que se purificara y fuera de nuevo integrado al pueblo y pudiera de nuevo estar bajo la columna de nube y la columna de fuego, es decir, bajo la protección de YHVH. Seguir la justicia es seguir el Camino trazado por Elohim. “Tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos mandamientos delante de YHVH nuestro Elohim, como él nos ha mandado” Cuando en un país un juez ejerce justicia, está haciendo que la constitución de dicho país se cumpla y todo aquel que quiera vivir en paz y protegido por dicha constitución, debe obedecerla. La Torah es la constitución del Reino de Elohim y todo aquel que quiera ser parte de Su Reino y tener la protección del Rey, debe obedecer la constitución – la Torah. Sigamos la justicia (Torah) para que vivamos y heredemos la tierra.
“Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin por sus jornadas, conforme al mandamiento de YHVH, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese” (Éxodo 17:1-7)
La experiencia de Israel en Refidim fue multifacética. El lugar fue llamado también Masah = Prueba y Meriba = Rencilla. El pueblo estaba débil y criticón hasta el punto de amenazar la vida de Moisés -- ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a poco me apedrearán” – V.4. Esta fue la cuarta provocación del pueblo hacia YHVH. El gozo de Pi-hahirot y Etam se había olvidado. Sin embargo, es en esos tiempos cuando se nos instruye a estar gozosos y a tener paciencia. –“Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” – Santiago 1:2. Al leer los capítulos 17 y 18 de Éxodo, podemos ver que Refidim fue un lugar de caos, amargura y discordia. Moisés estaba cargado y preocupado sobre cómo responder a las demandas del pueblo. Clamó a YHVH y Él lo guio a la Roca en el Monte Horeb. Allí golpeo la roca y el agua brotó, suficiente para suplir a toda esa multitud y sus ganados. Para suplir nuestra sed espiritual, somos llevados a la Roca – Yeshua de quien brotan ríos de agua viva. En un futuro no muy lejano, vamos a experimentar la miseria de la deshidratación, de sed no solo física sino también espiritual. ¿Vamos a responder como Israel lo hizo en Refidim con amargura, rebelión e ira? O ¿Vamos a aprender de sus errores, los cuales los llevaron a no poder entrar en Su reposo? No podemos darnos el lujo de esperar para ver como responderemos. Nuestra futura fidelidad es determinada por nuestra devoción y compromiso de hoy. La palabra Refidim viene de la misma raíz de la palabra hebrea – Raphim que significa “abandono de la palabra de Elohim. Abandonar la Torah nos hace débiles y presa fácil del enemigo. Seamos diligentes y fieles.
“Ojalá hubiéramos muerto por mano de YHWH en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (Éxodo 16:3)
El pueblo en vez de dar gracias por la liberación empezó a quejarse de las condiciones y empezó a añorar a Egipto, quisieron volver a hacer ladrillos. Añoraron todo el confort de Egipto, aunque fueran esclavos, la esclavitud enceguece cuando el pueblo se acostumbra. “Si Israel no hubiera probado el pan de los egipcios, no hubieran permanecido allá en exilio, ni los egipcios los hubiera podido oprimir” – Rabino Hiya, Zohar 2, pp.6ª, 6b. El orgullo y el ego son los ladrillos que construyen fortalezas en nuestra mente. Somos esclavos cuando elegimos serlo, se dice que nadie extraña lo que no conoce, así que es ese conocimiento del pecado y de hábitos fuera de los parámetros de Elohim lo que nos esclaviza. La esclavitud es tan fuerte que perdemos la habilidad de tomar decisiones de acuerdo con la Torah. No podemos permitir que Egipto permanezca dentro de nosotros. Esas ollas egipcias son la religión, hábitos, creencias, prácticas, forma de vivir y enseñanzas que han condicionado nuestra mente a pensar, y caminar como egipcios (sistema). Ese deseo por ser como las demás naciones es consecuencia de haber comido mucha carne y pan leudado de los egipcios. “¿No sabéis que, si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” – Romanos 6:16. Escojamos ser esclavos de la obediencia para justicia.
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