“Cuando salgas a la Guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque YHVH tu Elohim está contigo” (Deuteronomio 20:1)
YHVH tuvo a Israel por cerca de un año acampando al pie del Monte Sinaí, donde lo preparó para su destino. Allí les dio la Torah, les dio estructura, jerarquía, los organizó no solo para acampar alrededor de Su gloria, sino para marchar en el momento que fuera necesario cambiar de escenario. No dejo cabo suelto, nada quedo a decisión del hombre. A partir del Sinaí, todo sería manejado por YHVH e Israel caminaría por el desierto como el pueblo de YHVH llevado de Su mano. Para que exista una nación, debe haber: una tierra, un pueblo y una constitución. Desde el llamamiento de Abraham, YHVH estaba preparando al pueblo. La tierra ya existía y ahora necesitaba quien la habitara en Su nombre. En el Monte les da la constitución y ahora Israel debía llegar a la tierra y pelear por ella. YHVH advierte al pueblo de que habría guerras, que encontrarían enemigos, pero que en esos momentos recordarán que YHVH estaba con ellos. Hemos aprendido que el viaje de Israel por el desierto es el modelo de nuestro peregrinaje por el mundo, camino a Canaán. Encontramos enemigos, peleamos batallas, aprendemos lecciones en cada parada, y sabemos que YHVH está a nuestro lado llevándonos de Su mano. YHVH nos pide al igual que lo hizo con Israel, no hacer concesiones ni mezclarnos con el enemigo (sistema). Mantenernos separados para El, mantener nuestra identidad como pueblo de YHVH obedeciendo Su Torah y cumpliendo con nuestro llamamiento de mostrarle al mundo Su gloria y llevar a muchos a Su conocimiento.
“Este es el día que hizo YHVH; nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmo 118:24)
Tener esta palabra impresa en nuestro corazón, estar seguros de ella y hacerla vida en nosotros, cambia por completo nuestra vida. Cuando estamos seguros que este es el día que Yaweh hizo para mí y que debo gozarme en él, dejo de quejarme, de molestarme o desesperarme por las cosas que pasen durante el día, porque sé que El lo ha permitido para mi bien, lo entienda o no. Frecuentemente nos perdemos de las cosas lindas de la vida por no mirar el día como una bendición de Yaweh. Nos perdemos de una sonrisa, de un abrazo, de ver la belleza que hay a nuestro alrededor, de la lluvia que aparentemente es tan molesta pero que sin ella sería imposible disfrutar de tan maravillosa naturaleza. El día que Yaweh hace para nosotros trae todos los implementos necesarios para gozarnos en él. Trae la porción de amor, de tolerancia, de fe, de compasión, de paz, de seguridad, necesarias para vivirlo a plenitud, aun en medio de dificultades. Detengámonos un poco y disfrutemos de esa flor que está brotando, de los pajaritos que nos despiertan con su canto y aprendamos de ellos, que madrugan a alabar a Elohim por ese nuevo día. Disfrutemos de nuestra familia, hoy en particular hagamos algo que marque la diferencia en la vida de alguien. Y no olvidemos que: “Este es el día que hizo Yaweh, y debemos gozarnos en él”.
“…así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones… Y Yaweh dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento…” (Joel 2:2 y 11)
Elohim ha estado recogiendo, separando, preparando y entrenando su pueblo por mucho tiempo, y en estos últimos días lo está purificando y sacando del sistema para que pueda caminar con Él. Algunas de sus características: Es un pueblo que ha muerto para sí, y vive para Elohim, tiene una relación íntima con El y es sensible a la guía del Ruaj Ha Koddesh, conoce el corazón y los deseos del Padre. Ha muerto a las cosas del mundo, es obediente y humilde. El Ruaj dirige sus pensamientos, palabras y acciones. Es fuerte, entrenado, disciplinado, son soldados del ejército de Yaweh. Es intercesor, proclama la Torah y la enseña. Su relación con el Padre es madura, no sentimental ni llena de falsa fantasía greco romántica, sino íntima y poderosa. El Shabbat es su día ideal para estar en intimidad con Elohim. Como una esposa enamorada, es sumiso, sigue al Cordero por donde quiera que vaya, su relación con El es exclusiva, no hay otros dioses, sabe que le pertenece a Yahshua, se deja guiar, no hace nada por su propia cuenta. Conoce sus responsabilidades y no huye de ellas, es hacedor no oidor. No es flamante, fanfarrón, mundano, ni de grandes ministerios, es de bajo perfil, discreto, sabe que él tiene que menguar para que Yahshua en él crezca y así revelar en estos tiempos difíciles, la gloria de aquel que lo llamó.
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