“Cuando salgas a la Guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque YHVH tu Elohim está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto” (Deuteronomio 20:1)
YHVH tuvo a Israel por cerca de un año acampando al pie del Monte Sinaí, donde lo preparó para su destino. Allí les dio la Torah, les dio estructura, jerarquía, los organizó no solo para acampar alrededor de Su gloria, sino para marchar en el momento que fuera necesario cambiar de escenario. No dejo cabo suelto, nada quedo a decisión del hombre. A partir del Sinaí, todo sería manejado por YHVH e Israel caminaría por el desierto como el pueblo de YHVH llevado de Su mano. Para que exista una nación, debe haber: una tierra, un pueblo y una constitución. Desde el llamamiento de Abraham, YHVH estaba preparando al pueblo. La tierra ya existía y ahora necesitaba quien la habitara en Su nombre. En el Monte les da la constitución y ahora Israel debía llegar a la tierra y pelear por ella. YHVH se las da como promesa e Israel debía tomar posesión de ella. YHVH advierte al pueblo de que habría guerras, que encontrarían enemigos, pero que en esos momentos recordarán que Él estaba con ellos. Hemos aprendido que el viaje de Israel por el desierto es el modelo de nuestro peregrinaje por el mundo, camino a Canaán. Encontramos enemigos, peleamos batallas, aprendemos lecciones en cada parada, y sabemos que YHVH está a nuestro lado llevándonos de Su mano. YHVH nos pide al igual que lo hizo con Israel, no hacer concesiones ni mezclarnos con el enemigo (sistema). Mantenernos separados para El, mantener nuestra identidad como pueblo de YHVH obedeciendo Su Torah y cumpliendo con nuestro llamamiento de mostrarle al mundo Su gloria y llevar a muchos a Su conocimiento.
“Salieron de Sucot y acamparon en Etam, que está al confín del desierto” (Números 33:6)
Etam significa: “Contemplación” y “rejas arados”. La salvación ilustrada en los cuarenta años por el desierto es un llamado al corazón para tomar el camino del desierto y guiado por el amoroso Padre Celestial, ir a ese lugar de aparente soledad y aridez y aprender a oír Su voz y seguir Su Torah sin discutir ni pelear contra Quien quiere llevarnos a la Tierra que fluye leche y miel. En Etam, Israel debe evaluar su llamado a seguir a Elohim, desprovisto de su auto-protección y dependencia de su opresor (Egipto). Nosotros, igualmente, tenemos la oportunidad en Etam de evaluar y decidir si queremos seguir aferrados al sistema y sus caminos, o seguir a Elohim sin contemplar más las ataduras de Egipto. Debemos tener presente, que durante el peregrinaje, muchas veces vamos a creer que los métodos del sistema son más seguros, pero solo la confianza puesta en nuestro Adonai, nos sostendrá y dará la seguridad de que es mejor caminar por el desierto con YHVH, que dormir en cama blanda, de esclavitud. En Etam Israel contempló lo que dejaba y fijó sus ojos en el futuro que tenía con YHVH. Si no rendimos nuestra voluntad completamente a YHVH, nos quedamos estancados en Etam. Es allí donde nuestras espadas (propias armas) son transformadas en rejas de arado – Isaías 2:4.
“Instrúyeme, Señor, en tu camino para conducirme con fidelidad. Dame integridad de corazón para temer tu Nombre” (Salmo 86:11)
¡Que oración! Es una oración acerca del camino y de la verdad de Elohim y acerca del deseo de Elohim para tu corazón y el mío. Una oración que definitivamente Elohim responderá porque es la forma en que Él quiere que vivamos. Conocer el camino y la verdad de Elohim es todo en la vida, debe ser nuestro estilo de vida. Es una transformación constante donde diariamente somos renovados y donde nuestras decisiones diarias deben ser alineadas con la voluntad de YHVH. Y un corazón integro, es un corazón no dividido, es un corazón comprometido con Elohim y Su voluntad, en total sujeción a Él. El verdadero amor, la obediencia y el servicio solo pueden venir de un corazón integro. Deuteronomio 6:5 dice: “Amarás a YHVH tu Elohim de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. Nuestro amor por YHVH debe ser exclusivo, no puede ser compartido con otros dioses. Nuestra obediencia a Elohim debe ser voluntaria no forzada, debe ser el producto de ese amor. Y servir a YHVH con un corazón integro, es un servicio que no busca reconocimientos ni recompensas. Es un servicio que brota de una relación de amor y obediencia al Eterno Elohim, Creador del Universo.
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