“Es más difícil ganar a un hermano ofendido que una ciudad fortificada, sus peleas son como barrotes de fortaleza” (Proverbios 18:19)
Estar ofendido significa; estar herido, resentido, disgustado, sentirse rechazado. Una persona ofendida generalmente cree que le han tratado mal, aunque no sea así. Ofenderse es una de las causas más comunes de la ruptura de relaciones y es totalmente opuesto a la actitud que tomaría alguien que tenga una relación íntima y de compañerismo. Mucha gente justifica el sentirse ofendido y no lo toma como el pecado que verdaderamente es. Ofenderse es un acto voluntario y manifiesta muchas veces el orgullo que rige la vida del ofendido. La acción de ofenderse es como una trampa, una vez que abres la puerta y entras quedas atrapado en el pasado y en la ofensa y no puedes vivir en libertad. Las ciudades fortificadas tenían murallas que las protegían. La persona ofendida levanta murallas invisibles con la intensión de protegerse y mantener a la gente lejos de el/ella para no ser ofendido, pero consecuentemente se alejan de Elohim. Si estás ofendido por algo o con alguien, debes moverte de la posición de ofensa a la posición de bendición a través del perdón. Perdón de Elohim por haberte ofendido y perdonar a aquellos que creemos nos han ofendido. Esto trae bendición y paz.
“Si YHVH no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmo 127:1)
“En vano” según el diccionario Oxford, significa: sin propósito, inútilmente, sin resultado. Así que, según esta Escritura, podemos pasarnos la vida haciendo cosas sin ningún propósito a los ojos de Elohim. Examinemos los motivos que nos impulsan a actuar de determinada forma. Algunas veces es para complacer nuestros propios deseos y ambiciones; otras veces es para complacer a otros y ganarnos su favor o aceptación. También puede ser para alimentar nuestro ego exhibiendo nuestras capacidades o podemos pasarnos la vida sirviendo a otros para pagar favores o ayudas, cuando no sabemos recibir de Elohim o no entendemos que en los momentos de dificultad, toda ayuda proviene de El y que El usa a quien quiera. Otras veces es porque somos presa fácil de manipuladores que nos coaccionan a hacer todo lo que ellos quieran, porque tenemos baja autoestima. Estos son solo unos pocos y ninguno proviene de Elohim. Es hora de que aprendamos a caminar lento pero seguro examinando cada motivación y orándole a Elohim, preguntándole si lo que estoy próximo a hacer proviene de El o no. Obvio que hay cosas que no necesitamos preguntar como: si me levanto y voy a trabajar, si como naranja o manzana, etc. como también hay ocasiones en que oramos y oramos y no percibimos respuesta de Elohim, en esas ocasiones, El nos está dejando elegir seguramente para probar nuestra madurez y debemos movernos hacia la dirección que sabemos va alineada con Su Palabra.
“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7)
Se dice que somos lo que pensamos, y la Biblia lo expresa claramente en este versículo. Así que, lo que tenemos que observar cuidadosamente son nuestros pensamientos, centrarlos en Elohim y en Su palabra. El libro de Hebreos dice que debemos poner nuestros ojos en Yahshua, pues es muy fácil alejarse, dejarse llevar por corrientes que nos apartan de El, y todo porque entretenemos nuestros pensamientos en lo que no edifica. No hay substituto para el mensaje de Elohim a través de Yahshua y si comprometemos la verdad, las consecuencias serán desastrosas. Nadie se aparta sorpresivamente, es un proceso, se transige un poco y se aleja de Elohim un poco, y así sucesivamente y por lo regular ni se dan cuenta, es como un bote cuando se lo lleva la corriente, lentamente y cuando menos piensa está lejos del puerto seguro y a la deriva. Muchos no necesitan transigir, simplemente tienen un corazón incrédulo y entretienen pensamientos de duda con relación a Elohim y Sus promesas, y buscan soluciones a los problemas de sus vidas, diferentes a las soluciones presentadas por Elohim. Tengamos cuidado, la Escritura dice: “Tu guardas en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).
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