“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya fruto… con todo yo me alegraré en YHVH, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habakuc 3:17-18)
Todos, en algún momento de la vida, tenemos uno de esos días en que todo sale mal. El despertador no suena, no hay agua caliente para bañarte, un accidente bloqueo el tráfico y llegaste tarde al trabajo, el jefe está de mal humor y nada le agrada, luego recibes una llamada que tu casa se inundó, cuando llegas en la noche tu esposo(a) está que te pide el divorcio porque todo es culpa tuya y ya cuando logras irte a la cama, solo puedes decir: gracias, Señor se acabó este día. Este no era el caso de Habakuc, su situación era verdaderamente desastrosa, no había alimento, las cosechas se habían dañado, habían perdido todo el ganado, el país estaba sumido en un completo caos, sin embargo, Habakuc encuentra motivos suficientes para alegrarse a pesar de las circunstancias. Pidámosle a YHVH que cuando estemos pasando por situaciones difíciles podamos ver todo lo que vio Habacuc y así clamar igual que él: “con todo, yo me alegraré en YHVH, me gozaré en el Dios de mi salvación, YHVH, el Señor es mi fortaleza”. Y que pase lo que pase nada ni nadie pueda robarnos el gozo que solo la confianza en nuestro amado Padre Celestial puede dar.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 19:19)
Creo que es una de las cosas más difíciles para todos. Muchos, al igual que en la época de Yahushua, se siguen preguntando, ¿quién es el prójimo? Sin embargo esa pregunta no es lo más preocupante, lo verdaderamente triste es que aunque entendiéramos quien es el prójimo, y estuviéramos dispuestos a amarlos como a nosotros mismos, no recibirían mucho de nosotros. Tenemos un concepto tan erróneo del amor, que si fuéramos a amar al prójimo como a nosotros mismos, pues tendríamos que pagarle el gimnasio al que vamos, la ropa que usamos, llevarlo de vacaciones con nosotros, etc. porque creemos que amarnos es cuidar nuestro cuerpo en cuanto a comer, beber, divertirnos, amarnos como dicen muchos, cuando Yahushua claramente dijo, que el Padre cuida de que tengamos todas esas cosas pero nosotros debemos es buscar el Reino de Elohim y su justicia. Así que, si nos amamos verdaderamente, buscamos pasar tiempo con Elohim, vivir bajo Sus parámetros, obedecer sus Mandamientos y amándonos así, tendríamos mucho que darle a nuestro prójimo. Somos seres únicos, creados para tener una relación con Elohim, y mientras no llenemos esa necesidad, vamos a estar siempre ansiosos por algo y una vez suplida esa ansiedad, aparecerá otra. Sólo Elohim puede llenar el vació del corazón del hombre.
“Preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” (Jeremías 6:16)
El verdadero descanso llega cuando renunciamos a todo lo que nos ata. Mientras más renunciamos, más descansamos. ¿Es así de fácil? Si, lo difícil es liberarnos de todo. Y nunca sabremos cuan atados estamos hasta que empezamos a renunciar. Es ahí donde empieza la prueba, porque YHVH sabe que es lo que nos separa de El, que es lo que nos mantiene atados y no nos permite darle el control de nuestra vida. Démosle una honesta mirada al espejo de nuestra vida y analicemos nuestros deseos y motivaciones. Si le hemos dado todo a YHVH, El estará en control aun de nuestros deseos, los cuales serán hacer Su voluntad, vendremos a El sin equipaje dispuestos a tomar solo aquello que El ha preparado para nosotros. Cuando nos examinamos a nosotros mismos y hallamos cosas que están tan fundidas en nosotros, sabemos que debemos trabajar en ellas y renunciar. Todo aquello que tememos perder es nuestro Dios y YHVH es muy claro: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). La cirugía será dolorosa, pero como toda cirugía, nos dará sanidad y nos librará de toda contaminación. Venid a mí… y os haré descansar.
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