Cuando una nación escoge un partido político para gobernar el país, tiene que vivir con las consecuencias de su elección. Igualmente, cuando nosotros elegimos servir a YHVH o a los dioses del sistema, tenemos que asumir las consecuencias de dicha elección. Cuando se elige un partido político, es por un período de tiempo, pero cuando elegimos servir a Elohim o no servirle, las consecuencias pueden ir más allá del ámbito del tiempo y afectan nuestro destino eterno. Elegir los dioses del sistema es fácil y atractivo porque podemos ajustarlos a cualquier estilo de vida o comportamiento moral que queramos. Es fácil seguir a un dios que te permite hacer lo que quieras, sin ninguna referencia de si lo que haces es bueno o malo para ti. Y el sistema y sus dioses siempre distorsionan la verdad y venden una bien elaborada mentira. Elohim es un Elohim vivo cuyo amor y cuya Torah nos provee márgenes de seguridad que nos garantizan protección, provisión, salud, y vida eterna. Los tiempos son malos, ya es hora de tomar la determinación de seguir a YHVH y amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas. Es hora de fijar nuestra mirada solo en El y dejar cualquier dios del sistema que esté obstaculizando nuestra relación con El. El sistema no fue hecho para protegerte sino para fallar y destruir. En el final de los tiempos lo verás, pero no esperes a entonces para decidir a quién servir. Hazlo ahora.
“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3)
La Biblia ha sido llamada por muchos “el manual de la vida” y creen que si siguen sus instrucciones, van a lograr que Elohim haga lo que ellos quieren y conceda sus deseos. Pero es todo lo contrario, la Biblia es el manual o guía que nos enseña cómo vivir si queremos que nuestra relación con Elohim funcione. Si las cosas no son como quisieras, tal vez es que estás leyendo la Torah bajo un sistema de fe manipulador y erróneo. Por ejemplo: el versículo de Jeremías no tiene un “si” antes de clama, como si fuera opcional. Es imperativo, no algo extra en tu caminar con Elohim. No dice: clama a Elohim cuando tengas problemas o deseos, simplemente dice: CLAMA, no cuando las cosas están fuera de tu alcance, sino siempre. Él tiene cosas para decirnos, pero nosotros no estamos listos para escuchar porque estamos llenos del sistema, de nuestro propio mundo, problemas, deseos, expectativas sobre la vida y aun de cómo Elohim debe respondernos o tratarnos. Elohim quiere hablarnos, no podemos hacer a un lado este mandamiento y decir que lo amamos, hay cosas en la Torah que no podemos descifrar por nosotros mismos. Necesitamos esa íntima comunión con El, no para lograr que el cumpla nuestros deseos, sino para conocer su carácter, entender sus caminos y comprender que aunque las cosas no son como quisiéramos, son como tienen que ser para nuestro bienestar.
“No menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque Él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere, y sus manos curan” (Job 5:17-18)
Tenemos la tendencia a creer que la corrección es algo horrible, doloroso e intolerable, mas no es así, el proceso de corrección es un proceso de aprendizaje y crecimiento. No toda corrección es agradable, eso es cierto, pero huirle y evitarla solo nos lleva al estancamiento. Desde que nacemos entramos en un proceso de crecimiento y entender que la corrección es parte de ese proceso la convierte en nuestra amiga y no enemiga especialmente cuando le hemos entregado nuestra vida a YHVH y sabemos que es El quien nos proporciona la corrección y nos lleva a aprender lecciones necesarias para nuestra vida. Desconectarnos del pasado, dejar hábitos que considerábamos inofensivos no es fácil, pero cuando YHVH dice que tenemos que hacer correctivos en nuestra vida si queremos proseguir a la meta de Su supremo llamamiento, debemos hacerlo, negarnos o postergarlos, solo nos conducirá a asumir el dolor de ver como el horizonte se oscurece y el camino se torna pesado y difícil, entonces Elohim tiene que hacer las correcciones por nosotros y es ahí cuando duele. Afortunadamente, El hiere y sus manos curan.
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