Tenemos un día que es bendecido por encima de todos los otros días, llamado Shabbat. YHVH dice que todo lo que necesitamos hacer, lo podemos hacer en seis días, trabajar, limpiar, cocinar, comprar, etc., de manera que el Shabbat podamos entrar en Su reposo y descansar. En un mundo tan ocupado, rápido y congestionado, puede parecer algo difícil de lograr, e incluso podemos sentirnos culpables por no hacer las cosas rutinarias, pero YHVH sabe mejor que nosotros lo que necesitamos para funcionar al 100%. La palabra Shabbat significa: “parar / desistir”. El significado principal es: “parar de trabajar”. YHVH descansó para poder disfrutar de Su creación. A veces vivimos tan ocupados, que no tenemos tiempo de disfrutar del fruto de nuestro trabajo, incluyendo nuestro hogar y familia. Trabajamos tanto para tener un estilo de vida, que no tenemos calidad emocional de vida. Aquello por lo que trabajamos tanto, se convierte en nuestro amo y al final terminamos perdiendo nuestra familia y nuestra salud física y emocional, y lo peor, no tenemos tiempo para YHVH. Pero El, en Su infinita sabiduría, sabe que para que nuestra salud física y espiritual no sufra, necesitamos un día en el cual podamos estar libres para adorarlo y tener comunión primero con Él, y luego con nuestra familia natural y espiritual. Todos necesitamos tiempo para estar en Su presencia, y permitir que Su Torah renueve nuestras mentes y espíritus. “Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando” – Shabbat Shalom para todos.
El libro de Isaías empieza pronunciando un juicio sobre la gente en términos de la rutina diaria de adoración en el Templo. La conexión entre la adoración y vida diaria en el Templo con las relaciones sociales y la vida del creyente, es inquebrantable. Es decir, la adoración no tiene ningún valor si nuestra vida diaria no está conformada a la Torah, si estamos oprimiendo a otros o viviendo una vida incorrecta. Hoy en día, el creyente fácilmente separa estas cosas, la vida en la iglesia, la adoración y todo el ritual involucrado, incluyendo cultos de alabanza, etc., son una cosa, y su vida diaria, social, laboral, emocional, es otra. Isaías en este capítulo 1, nos recuerda que el Elohim de Abraham no reconoce tal separación. La calidad de nuestra adoración como individuos y como comunidad, depende de la calidad de nuestra vida. El Templo y su ministerio, era el centro de la vida judía y su significado espiritual está explicito en todo el recuento de los Evangelios, muchos de los eventos del ministerio del Mesías giran alrededor del Templo. Yahshua vio la condición del corazón del pueblo, a través del Templo – “Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del Templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas… Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre, casa de mercado” – Juan 2:15-16. Nada diferente a hoy en día. Luego predice la destrucción del Templo – “¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” – Marcos 13:2. Destruir el Templo era destruir la vida misma del pueblo judío, pero como habían hecho del Templo el centro de una vida corrupta y alejada de Elohim, tanto que como dice en Isaías, lo sacrificios eran abominación para YHWH, era necesario destruirlo. “¿Vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos, para seguir haciendo todas estas abominaciones? – Jeremías 7:10. No importa cuánto vayamos al templo, ni cuánto nos postremos y adoremos, todo será abominación a YHWH si nuestra vida no es recta y conforme a la Torah.
No hay lugar para la desobediencia en la vida de un creyente. La respuesta correcta de la fe es obediencia a los Mandamientos de Elohim. Pablo lo explica así: “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” – Romanos 3:31. La palabra confirmar viene del G2476 = histeemi = establecer / confirmar / considerar válida. Es decir, el creyente no debe anular la ley sino considerarla válida y someterse a ella. Santiago 2:17 dice: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”. La obediencia es un requisito en la vida de un creyente, hay muchas Escrituras que implican que la salvación debe ir acompañada por la obediencia. Hebreos 5:9 – “Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos lo que le obedecen”. Hechos 5:32 – “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Ruaj HaKoddesh, el cual ha dado Elohim a los que le obedecen”. Santiago 2:24 – “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”. Romanos 2:13 – “Porque no son los oidores de la Torah los justos ante Elohim, sino los hacedores de la Torah serán justificados”. Santiago 1:22 – “Pero sed hacedores de la Palabra (Torah), y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. La fe y la obediencia van de la mano, so las dos caras de la moneda. La verdadera fe producirá los frutos de la Torah porque: “somos hechura suya, creados en el Mesías Yeshua para buenas obras, las cuales Elohim preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”. Las sendas de justicia trazadas por la Torah. Apocalipsis 22:12 – “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. La vida eterna es un regalo dado en base a evidencia tangible de la fe que decimos tener en el Mesías manifestada por la obediencia a la Torah, no solo confesando o proclamando que tenemos fe, más no tenemos obras. No olvidemos que es el hacedor y no el oidor quien será justificado ante Elohim.
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