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Gota de Amor - Enero 20/2014

“De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Mesías Yeshua” (Gálatas 6:17)

 

La palabra griega “charagma” que es traducida como “marca” en Apocalipsis 13:16, es una marca o sello grabado o impreso.  Podía ser usado en un artículo, animal, en un documento, o moneda y en la sociedad antigua solían usarlo para marcar personas, lo ponían en la frente o en la mano derecha como signo de propiedad, ya fuera esclavo o como dedicación a un dios.  La marca de la bestia o la marca del creyente en el Mesías identifican de quien se es esclavo.  La gente parece más preocupada por saber cuál es la marca de la bestia, que en identificarse como seguidores del Mesías, llevando Su marca.  Pero, ¿cuál es la marca del discípulo?  ¿Qué identifica a un creyente como esclavo de Elohim?  ¿Hablan las Escrituras sobre esa marca puesta en la frente o mano derecha? Si, Elohim instruyo a su pueblo a llevar una marca en su mano y en su frente.  Moisés dijo a los Israelitas: “Amarás a YHWH tu Elohim de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.  Y estas palabras que yo te mando… las atarás como señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos…” – Deuteronomio 6:5-9.  De nuevo Elohim manda a su pueblo: “Pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos” – Deuteronomio 11:18.  La palabra en hebreo “Oth” es traducida como “señal” en Deuteronomio 6:8 y 11:18, significa: marca, sello o símbolo.  Los mandamientos de Elohim son la marca de identificación que debe estar atada a nuestra mano y en nuestra frente para identificarnos como esclavos de Elohim.  Y estos mandamientos o instrucciones, deben ser creídos y obedecidos por todo Su pueblo.  

 

Gota de Amor - Enero 19/2014

“El Elohim que hizo el mundo, siendo Adonai del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” “Mujer, créeme, que ha hora viene cuando ni es este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Hechos 17:24 y Juan 4:21)

 

Los creyentes del Nuevo Testamento no pensaban que la religión era solo para los días de reposo o para lo que hoy en día llaman la “la casa de Dios”.  ¿Necesita Dios dicha casa?  El que hizo los cielos y la tierra no habita en templos hechos de manos humanas.  Ninguna casa o templo debajo del cielo es más santo o kaddosh (separado), que el lugar donde el creyente vive, come, duerme y alaba a YHWH en todo lo que hace.  No hay mejor adoración que la ofrecida por familias kaddosh, separadas, santas, y temerosas de Elohim.  Sacrificar la adoración del hogar por la adoración pública es la más malvada manera de actuar.  La devoción de mañana y noche en el hogar es más aceptable a los ojos de YHWH que toda la pompa de una catedral o templo, lo cual solo deleita el ojo y oído humano.  Todo hogar de un verdadero creyente es un templo, y como tal, es competente para la ejecución de cualquier función de adoración divina.  ¿No somos todos sacerdotes? ¿Por qué necesitaríamos llamar a otros para que hicieran un espectáculo de la devoción, adoración?  Todo hombre debe ser sacerdote de su propio hogar.  ¿No son todos ustedes reyes, si de verdad aman a nuestro Adonai?  Entonces, hagan de sus hogares palacios de gozo y templos santos, lugares separados.  Una de las razones porque la congregación primitiva era tan bendecida, es porque sus miembros tenían hogares de adoración. – De C.H. Spurgeon.  “Se acordarán, y se volverán a YHWH todos los confines de la tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti.  Porque de YHWH es el reino, y él regirá las naciones” – Salmo 22:27-28.

 

Gota de Amor - Enero 18/2014

“No os conforméis a este siglo (sistema), sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Elohim, agradable y perfecta”  (Romanos 12:2)

 

Para que se lleve a cabo esta renovación necesitamos recuperar la unidad de alma y mente que Adán tenía y que perdió al desobedecer a Elohim.  Necesitamos la mente del Mesías para poder conocer con certeza todo lo que es nocivo para nuestra alma.  Mucha gente aún sigue sufriendo por emociones moribundas, que no terminan de desaparecer por la falta de auto-estima y de paz interior.  Continúan viviendo exiliados de ellos mismos, sin poder disfrutar de la verdadera libertad espiritual que se obtiene cuando el Ruaj HaKoddesh transforma nuestro ser e implanta la Torah en nuestros corazones.  Lo triste es que muchos ni siquiera se dan cuenta que algo anda mal en su interior, aun no disfrutan de la vida abundante que el Mesías Yahshua prometió a sus discípulos, vida abundante que se obtiene obedeciendo la Torah y haciendo de ella el código de conducta que guía nuestra vida diaria.  Es la disciplina de la Torah lo que restaura nuestra alma y mente, es decir desarrolla en nosotros el carácter y la mente de Yahshua que nos capacita para vivir rectamente comprobando la voluntad agradable y perfecta de Elohim para cada uno de nosotros.  Para desarrollar ese carácter y fortalecer nuestra confianza en El, Elohim a veces permite que la tribulación toque nuestra puerta.  Pablo nos exhorta a no conformarnos, es decir no acostumbrarnos a este sistema del mundo.  El pueblo de Israel sufrió y sigue sufriendo porque siempre ha querido ser como las demás naciones.  Cuando nuestro corazón ya no anhelen los caminos de los gentiles (mundo), seremos inmunes a su influencia.  Si el mundo aún apela a tus sentidos, debes empezar a entrenar tu corazón en la construcción de carácter, respeto, honor, disciplina y responsabilidad que son la base de la Torah.  

 

Shabbat Shalom, que tengan un reposo maravilloso

 

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