¿Alguna vez se ha sentido estancado, como que no pasa del mismo sitio? El destino es una función del tiempo y es el objetico del diablo. Satanás no nos ataca por nuestro pasado, el lo hace por nuestro futuro, nuestro destino, ese es su principal objetivo y cuando ve que no puede desviarnos, trata de retardar, de frenar nuestras bendiciones poniendo obstáculos en el camino. El sabe que somos seres atados al tiempo y que una tardanza larga puede destruirnos. La demora es destructiva, YHVH lo sabía, por eso cuando fuerzas extrañas retrasaron a Lot, envió sus ángeles para sacarlo – Génesis 19:15-16. Las fuerzas angelicales de Elohim están aquí hoy para hacernos libres, no tardemos en dejar todo aquello que nos impida seguir el camino. La murmuración y queja hizo que los hijos de Israel deambularan 40 años por el desierto. El dudar de que el Eterno Elohim que los había sacado con grandes juicios de Egipto podía llevarlos hasta la tierra prometida, dejo en el desierto a todos aquellos que no creyeron. Si estamos rodeando el mismo monte por mucho tiempo, preguntémonos que estamos haciendo que no debemos, o que deberíamos estar haciendo y no lo hacemos. Cada minuto de nuestra vida está sincronizado por el reloj divino, cada evento del día tiene un propósito y siempre es de acercarnos a Él y bendecirnos.
Debido a nuestra débil y racional naturaleza, y a la poca misericordia que tenemos cuando de dar nuevas oportunidades a quienes nos ofenden, se trata; nos cuesta entender que Elohim de nuevo lo hará. De nuevo abrirá camino en el desierto. En Apocalipsis 12:14 vemos que es en el desierto donde el remanente será sustentado al final de los tiempos. En la Escritura, el desierto es un lugar árido, seco, vacío, un lugar donde la vida no crece ni prospera. Un lugar habitado por bestias, un lugar sin descanso. No es un lugar de paz y estabilidad. Pero el desierto no es desconocido por Elohim. Fue allí a donde llevó al pueblo después de sacarlo de Egipto, allí los sustentó, probó, pulió y formó. Hizo de ellos una nación, les dio identidad, les dio mandamientos y les dio límites y reglas que debían observar como pueblo de Elohim. En ese lugar precario, llamado desierto, lleno de inseguridad y incertidumbre, el pueblo aprendió a confiar en YHVH, a creer en Su bondad y misericordia. El desierto nos obliga a dejar de controlar y nos permite a través de sus noches oscuras, entregar el control a Elohim y confiar que de nuevo abrirá camino en el desierto y nos llevará hasta el final. Fue en el desierto donde los Israelitas conocieron a YHVH, y es en el desierto donde nosotros encontramos respuestas a nuestra necesidad, es allí donde podemos ver Su gloria, donde no nos queda más y solo con El podemos salir, porque el desierto no es nuestro destino final. Hay una tierra prometida para poseer. De nuevo YHVH abrirá camino en el desierto y llegaremos allí, en el tiempo de YHVH y a la manera de YHVH.
¿Cómo revela el evangelio la justicia de Elohim? La enseñanza popular cristiana acerca de la justicia por fe es que la justicia de Elohim es “imputada a aquellos que creen en Yeshua”. En otras palabras, según su punto de vista, la justicia que tiene el creyente es una “justicia teórica” -- en realidad usted no tiene que vivir de forma recta para ser visto por Elohim como “justo”, porque cuando YHWH lo mira, El lo mira a través de la sangre del Mesías y ve la justicia del Mesías, porque usted está en El. Está famosa teoría es una completa mentira. Juan explica claramente quien es considerado justo a los ojos del Eterno Elohim, y lo hace de forma muy simple para que entendamos: “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como El es justo” – 1Juan 3:7. No puede estar más claro. No hay “imputación de justicia” a aquellos que no practican la justicia en obediencia a Sus mandamientos. La declaración de la verdad es bien simple y clara: justo es aquel que practica la justicia, la cual es, caminar en obediencia a las Escrituras (Torah). Pablo en la Escritura citada al inicio, explica como el Evangelio revela la justicia de Elohim. El cita a Habacuc 2:4 – “el justo por la fe vivirá”. La justicia de Elohim se obtiene “viviendo por fe”. El principio de “vivir por fe” es permanecer fieles a Elohim. Usando la analogía del matrimonio, permanecemos fieles a través de la fidelidad, es decir: no enredándonos con otra persona fuera del matrimonio. La fidelidad a Elohim significa: caminar en obediencia a la Torah. Así que si el Evangelio revela la justicia de Elohim, entonces el Evangelio debe ser el mensaje de las Escrituras las cuales nos dicen que debemos obedecer los mandamientos. “Porque este mandamiento que yo te orden hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos… Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas” – Deuteronomio 30:11-14. Pablo en Romanos 10:8 cita esa Escritura de Deuteronomio: “Mas ¿qué dice la Escritura? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón”. Luego en 1Juan 1:7 leemos: “Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra (Torah) que habéis tenido desde el principio”. No hay reglas nuevas, los parámetros de Elohim son los mismos, la obediencia que Él demanda a Su Torah es la misma. Yahshua pagó una deuda y abrió el camino para que hubiera un cambio de corazón y la Torah fuera escrita en el.
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