“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Elohim… y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27)
Job después de perder sus hijos, su fortuna y finalmente su salud, expresó su confianza en Elohim con estas palabras. Mas aún; dijo: “He aquí, aunque El me matare, en El esperaré” – Job 13:15. Muchos citan a Job como ejemplo de paciencia, pero yo creo que Job es un ejemplo de confianza y seguridad en YHVH. Esta experiencia no es única para Job, YHVH dice que El disciplina y prueba a sus hijos. Todos, quienes portamos en nuestro corazón Su bandera de amor y manifestamos con nuestra vida que somos hijos de Elohim, estamos en la lista de “control de calidad”, todos sin excepción, de acuerdo a Su divina sabiduría, seremos probados. Unos más otros menos, pero a todos nos da la medida de fortaleza que necesitamos para pasar la prueba, y al final, aunque aporreados estoy segura que salimos más cerca de Elohim y más enamorados de Su divina presencia. Yo sé que las promesas de Elohim son verdaderas, que El solo demanda de nosotros obediencia a Su Torah y ha prometido que bendecirá nuestra entrada y nuestra salida. Sé que Su voluntad perfecta se hará en la vida de todos quienes le amamos, sé que todo obra para bien y sé que aunque mi corazón desfallece dentro de mí, mis ojos verán Su gloria. No es fácil cuando se está en medio de la prueba, pero es lo mejor que Elohim tiene para nosotros en ese momento y debemos con gratitud decir “este es el día que hizo YHVH, me gozaré y me alegraré en él”, aunque sea en medio de mis lágrimas. Gracias Eterno Elohim por las pruebas. Gracias porque a través de ellas formas nuestra vida. Gracias por acercarnos más y más a ti por medio de ellas. ¡Shabbat Shalom!
“Ojalá hubiéramos muerto por mano de YHWH en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (Éxodo 16:3)
El pueblo en vez de dar gracias por la liberación, empezó a quejarse de las condiciones y empezó a añorar a Egipto, quisieron volver a hacer ladrillos para los monumentos de Faraón. Añoraron todo el confort de Egipto aunque fueran esclavos, la esclavitud enceguece cuando el pueblo se acostumbra. “Si Israel no hubiera probado el pan de los Egipcios, no hubieran permanecido allá en exilio, ni los Egipcios los hubieran podido oprimir” – Rabino Hiya, Zohar 2, pp.6ª, 6b. El orgullo y el ego son los ladrillos que construyen fortalezas en nuestra mente. Nuestra carne solo hace lo que la mente le dice. Somos esclavos cuando elegimos serlo, se dice que nadie extraña lo que no conoce, así que es ese conocimiento del pecado y de hábitos fuera de los parámetros de Elohim lo que nos esclaviza. La esclavitud es tan fuerte que perdemos la habilidad de tomar decisiones de acuerdo a la Torah. Así que si no podemos decidir cómo actuar, es porque somos esclavos de algo, y esa esclavitud nos dictamina como relacionarnos con el mundo y con la gente. No podemos permitir que Egipto permanezca dentro de nosotros, no podemos añorar la carne y el pan de los egipcios. Esas ollas egipcias son la religión, hábitos, creencias, percepciones, prácticas, prejuicios, juicios, forma de vivir y enseñanzas que han condicionado nuestra mente para pensar, caminar y hablar como egipcios (sistema). Esos deseos de volver al sistema, esa pasión y ambición por ser como las demás naciones, son consecuencia de haber comido mucha carne y pan leudado de los egipcios. “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” – Romanos 6:16. Escojamos ser esclavos de la obediencia para justicia.
“Nabab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de YHVH fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de YHVH y los quemó, y murieron delante de YHVH” (Levítico 10:1-2
Muchos hoy en día quieren adorar, servir, seguir y orar a Elohim a su manera. De acuerdo al antiguo eslogan de Burger King “hazlo como quieras”. Sus intenciones pueden ser buenas, pero sus métodos no están en línea con los de Elohim. Nabab y Abiú, los hijos de Aarón, eran buenos chicos, amaban a Elohim y habían sido consagrados junto con su padre para el servicio a YHVH, y como muchos hoy, sus intenciones probablemente fueron buenas, pero su historia quedó grabada en las Escrituras como ejemplo para nosotros de que las buenas intenciones no son suficientes. Elohim tiene establecido un orden, y es a la manera de Él, o no hay manera. Ninguno de nosotros tiene el derecho de decidir como servir a Elohim. Nadie tiene el derecho de intentar “mejorar Su plan o Su Torah”. Este fue el pecado de Nabab y Abiú y les costó la vida. En toda la historia de la humanidad, solo ha habido UNA revelación de Su voluntad y Su Camino – en el Monte Sinaí, al pueblo de Israel. Tratar de cambiar algo en la Torah, o reemplazar algo en Su palabra por nuevas ideas o teologías, no importa cuán maravilloso parezca el seguirlas, sigue siendo hoy, el pecado de Nabab y Abiú. Tal vez no vean un rechazo y castigo inmediato como en el caso de los hijos de Aarón, pero tarde o temprano, el día de ajustar cuentas llegará para todos aquellos que han tenido la osadía de “alterar” la Torah y el plan de Elohim, o en alguna forma denigrar de la Torah llamándola; incompleta, obsoleta o irrelevante. La Torah, es la Palabra Eterna de Elohim, y como escribió el Salmista; “Para siempre, oh YHVH, permanece tu Torah (Palabra) en los cielos” – Salmo 119:89. En su inquebrantable llamado a una vida de obediencia, la Torah no da cabida para que cualquiera, individualmente “invente” su propia práctica religiosa para servirle a “mi manera”. Con YHVH es a Su manera o no hay manera. El nos dio un Manual de funcionamiento completo para saber qué hacer en caso de, para saber cómo adorarlo, servirle, que guardar y de que abstenernos. Oremos para que no seamos hallados presentando fuego extraño delante de YHVH.
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