“Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea” (Marcos 14:28)
¿Alguna vez has hecho una cita con alguien sabiendo que la probabilidad de que la cumplan es absolutamente remota? En las Escrituras hallamos unas cuantas citas de esas, por ejemplo: YHVH hizo una cita con Abraham diciéndole que en 400 años se encontraría con su descendencia en ese mismo lugar. Se necesita mucha confianza en quien hizo la promesa, para vivir la vida proclamando dicha cita seguro de que quien la había programado la cumpliría. Yahushua hizo unas cuantas citas similares con sus discípulos y las cumplió. Pero también hizo una cita final para todos. ¿Qué le hace creer al mundo que la cita final no la cumplirá? Debemos vivir como Abraham no solo proclamando esa cita, sino preparándonos para ella. No es una cita a ciegas, es una cita programada y preparada desde la eternidad. La cita con el amor de nuestra vida. “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). Cada día estamos más cerca. La Palabra dice: “ni una jota ni una tilde pasará de la Torah, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18). El vendrá, lo creas o no. “Ciertamente vengo en breve”
“Hizo él lo recto ante los ojos de YHVH, aunque no de perfecto corazón” (2Crónicas 25:2)
Siempre que leamos en las Escrituras sobre alguien que retó el camino de YHVH, siguiendo su propio camino, vemos que los resultados fueron desastrosos. El orgullo y la soberbia no son sustitutos de la humildad y la obediencia. La mezcla entre hacer la voluntad de Elohim en algunas cosas y la nuestra en otras, es la receta perfecta para el desastre. Hacer las cosas con un corazón no perfecto es renuencia a estar bajo autoridad, a aceptar el Señorío del Mesías en nuestra vida y por consiguiente en nuestra toma de decisiones. Cuando hacemos las cosas con desgano, más rápido de lo que creemos, nuestro corazón se contamina y la obstinación será su primer síntoma, luego entrará en rebeldía y sin darnos cuenta estaremos trazando el camino a la destrucción y a la decadencia espiritual. No pensemos que una vida desastrosa es una vida carente de lo necesario o llena de problemas; no necesariamente, puedes tener abundancia y carecer de problemas, pero si tu relación y compromiso con YHVH es nulo, si tu diario vivir se centra en la búsqueda de satisfacciones personales, si el reconocer a Yahushua como Señor de tu vida no incluye sumisión a su autoridad y Señorío, tienes una vida desastrosa.
“La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:24)
Muchos tienen la tendencia a categorizar el pecado y el rango va desde los más pequeños o veniales hasta los más grandes y dañinos llamados por muchos mortales. Pero en realidad, nadie peca aislado ni las consecuencias son particulares. Toda desobediencia a Dios afecta no solo al pecador sino a muchos otros en el presente y futuro. Si fuéramos a separar el pecado de Adán y Eva de su contexto, muy pocos los culparían de una gran transgresión, la mayoría pensarían que lo que hicieron no fue tan grave, simplemente comieron una fruta de un árbol con el aviso de “no comer”, sin embargo ese tan insignificante detalle, ha afectado la humanidad desde entonces. Hoy en día la gente piensa que ignorar unos cuantos mandamientos, aun siendo bíblicos no es mayor cosa. Pero YHVH ve nuestros pecados desde otra perspectiva. Cada uno es seguido de consecuencias negativas, por ejemplo: en el caso de Adán y Eva y de cualquier creyente hoy en día, lo primero que afecta es nuestra relación con YHVH. Después todo a nuestro alrededor cambia, pues ya no solo tenemos que lidiar con la vida sin dirección divina, sino con todos aquellos afectados por nuestra acción. Piense ¿cuántas personas afecta un padre adultero, un empleado deshonesto, un político corrupto? Recordemos, nuestras acciones determinan lo que somos.
Hay 16 invitados y ningún miembro en línea