“Yo se los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice YHVH, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11)
Nuestro Padre Celestial solo tiene un propósito para nosotros: llevarnos a El, a través de Su Torah, sin acortar el camino que debemos caminar en justicia y rectitud, siguiendo su guía que nos llevará a ser lo que El quiere que seamos. Nosotros debemos seguirlo, adorarlo como nuestro Creador, Rey, Señor, Salvador, nuestro único Elohim, seguros de que si seguimos Su camino, Su voluntad, nada podrá separarnos de El ni de Su glorioso propósito para nuestras vidas. Como sus hijos, solo podemos considerar que lo que El tenga para nosotros, así no lo veamos, así el futuro se vea incierto, y la vida más adelante se vuelve difícil y aparentemente intolerable; es lo mejor para nosotros. Cuando lleguemos al final del camino descubriremos que no caminamos solos, que El estuvo a nuestro lado cada minuto y lo primero que hallaremos será a nuestro Mesías allí, esperándonos para mostrarnos que nos llevo a Su maravillosa Luz paso a paso y que valió la pena.
“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16)
Como creyentes estamos en un proceso, en construcción. Desde que el Ruaj Hakoddesh imprimió la Torah en nuestro corazón, ha estado trabajando con perfecta sabiduría y poder sobrenatural para hacernos una nueva criatura, transformar nuestro carácter, hasta cierto punto nuestra personalidad y aun nuestro cuerpo físico. Como dice Pablo, nuestro hombre exterior con sus debilidades se va desgastando, pero una nueva vida habita en esta vasija de barro, y esa vida está constantemente trabajando creando un efecto profundo y transformador en el cuerpo que la contiene. El Ruaj está imprimiendo a través de la Torah la manifestación de YHVH en nosotros. YHVH conoce todo lo que comprende nuestra vida desde el momento de la concepción, nuestros dones, habilidades, fortalezas, debilidades, heridas y todas las características de nuestra personalidad. El quiere pulir nuestras habilidades y fortalezas, fortalecer nuestras debilidades y sanar nuestras heridas. Quiere usar todos nuestros dones para Su obra. Puede ser duro y a veces desalentador especialmente cuando toca áreas que no deseamos cambiar, pero cuando veamos la obra completa, entonces sabremos que solo El podría transformar un pedazo de chatarra en joya para Su corona.
“Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice nuestro Elohim” (Isaías 40:19
No hay ni un solo momento de tribulación en la vida de un creyente que pone toda su confianza en YHVH, en que no sea consolado y fortalecido por el Padre Celestial. Las Escrituras nos dice en 2 Crónicas 16:9, “los ojos de YHVH contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con Él”. El todo lo sabe, todo lo ve, conoce hasta el más mínimo detalle de la vida de sus hijos. A través del Ruaj (Espíritu Santo) nos trae palabras de consuelo y paz, llena nuestro corazón de confianza y quita todo temor. Otras veces nos consuela a través de personas que nos dan una palabra de aliento suficiente para llenarnos de valor y confianza, o un abrazo que lo llena todo y nos hace sentir seguros de que El está en control. No importa como lo haga, lo importante es saber que el Príncipe de Paz obra a nuestro favor y está ahí en el momento que lo necesitamos. Obvio que no siempre es fácil, y El dijo que en el mundo tendríamos aflicciones, pero también prometió nunca abandonarnos ni desampararnos. Hagamos como dice 1Pedro 5:7, “echemos toda nuestra ansiedad sobre el porqué el tiene cuidado de nosotros”.
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