“Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Yahushua, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1-2)
La vida del creyente es como una carrera. En una carrera no cuenta como se inicia sino como termina. Nuestra carrera no es una de gran velocidad, sino una de larga distancia que requiere compromiso y perseverancia y para correr como se debe, debemos: 1. despojarnos de todo peso que nos impide caminar bien. Puede ser cosas insignificantes o buenas en si pero que Elohim no nos mando a hacer y en vez de ayudarnos en el camino, obstaculizan nuestro paso. 2. Debemos correr con paciencia, es decir; que nada ni nadie nos haga mirar atrás, que jamás perdamos de vista la meta final, puede haber oposición y aun sufrimiento, pero el Amor de Elohim nos mantendrá en la carrera. 3. Con nuestros ojos fijos en Yahushua. En una carrera los ojos del atleta siempre están fijos en esa línea final, en el premio, en la gloria, en la aclamación, jamás se desvían del objetivo. deben estar fijos en Yahushua durante toda la carrera, de principio a fin si queremos ganar. Hebreos dice que hay una gran nube de testigos que corrieron antes de nosotros y terminaron, no por lo que ellos eran, sino porque perseveraron como viendo al Invisible. No desmayemos.
“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Sepáralos a través de tu verdad, tu Torah es verdad” (Juan 17:16-17)
La sociología y la sicología sostienen que para que un individuo se desarrolle física, mental y emocionalmente sano, necesita tener sentido de pertenencia. Es decir, necesita saber y sentir que pertenece a un país, comunidad y familia. Hoy en día, en el mundo hay alrededor de 10 millones de ápatridas, personas que no tienen ninguna nacionalidad. Luchan por derechos que nadie les quiere reconocer y sufren la segregación y desprecio del sistema social como tal. Yahushua dijo claramente que quienes seguimos el camino de la Torah, no somos de este sistema. Somos ápatridas del sistema, nuestra identidad no encaja en el sistema, así que no debe extrañarnos si el sistema nos trata como tal, ápatridas. Nuestro padre Abraham lo entendió, y no tuvo problema en vivir como extranjero aun en la tierra prometida. “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida… dando gracias que eran peregrinos sobre la tierra… claramente dan a entender que buscan una patria” — Hebreos 11. La religión hoy en día enseña que todo lo merecemos, no dice igual las Escrituras — “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” — Lucas 14:33. Renunciar = hacer a un lado. No depender de ello. No es fácil, pues el sistema materialista en el que vivimos, promueve todo lo contrario. Solo entendiendo y siendo conscientes de que somos ápatridas del sistema y que el Espíritu de la Torah que es Quien nos da identidad, nos capacita para vivir como extranjeros en cualquier sitio donde YHVH nos haya puesto.
“YHVH marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies… YHVH es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en El confían” (Nahum 1:3b-7)
Por lo regular cuando experimentamos tormentas o inundaciones en la vida, nos atemorizamos. Pero, la vida siempre traerá tales eventos, nadie está exento de ellos. Los experimentamos en nuestras relaciones, nuestra salud, en el trabajo en las congregaciones y comunidades, como también en la situación mundial hoy día. Elohim está sacudiendo las naciones. La tierra que antes era sólida y segura, cada día muestra más señales de tensión y deterioro. La habilidad del hombre para arreglar las cosas se está acabando y estamos viendo como aquellos en poder se empeñan en forzar soluciones tratando de manejar algo que solo está en las manos de Elohim. Se dice que el lugar más seguro en una tormenta, es el ojo de la tormenta, el centro donde reina la paz. Ese es el lugar que Elohim nos ofrece, El es el ojo de la tormenta. En medio de todo lo que está pasando en el mundo, y en medio de cualquier situación que rodee tu vida hoy, pidámosle que nos ponga en el centro del torbellino y la tormenta, en Su trono. El está en control y más aún, está dispuesto a cumplir Sus propósitos. El es nuestra fortaleza en cualquier situación, nuestro reto es permanecer ahí en el lugar que nos ha puesto tranquilos y confiados. No es un lugar pasivo, sino un lugar de coraje donde tenemos que vencer la tentación de hacer y dejarlo a El hacer.
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