“La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:24)
Muchos tienen la tendencia a categorizar el pecado y el rango va desde los más pequeños o veniales hasta los más grandes y dañinos llamados por muchos mortales. Pero en realidad, nadie peca aislado ni las consecuencias son particulares. Toda desobediencia a Dios afecta no solo al pecador sino a muchos otros en el presente y futuro. Si fuéramos a separar el pecado de Adán y Eva de su contexto, muy pocos los culparían de una gran transgresión, la mayoría pensarían que lo que hicieron no fue tan grave, simplemente comieron una fruta de un árbol con el aviso de “no comer”, sin embargo ese tan insignificante detalle, ha afectado la humanidad desde entonces. Hoy en día la gente piensa que ignorar unos cuantos mandamientos, aun siendo bíblicos no es mayor cosa. Pero YHVH ve nuestros pecados desde otra perspectiva. Cada uno es seguido de consecuencias negativas, por ejemplo: en el caso de Adán y Eva y de cualquier creyente hoy en día, lo primero que afecta es nuestra relación con YHVH. Después todo a nuestro alrededor cambia, pues ya no solo tenemos que lidiar con la vida sin dirección divina, sino con todos aquellos afectados por nuestra acción. Piense ¿cuántas personas afecta un padre adultero, un empleado deshonesto, un político corrupto? Recordemos, nuestras acciones determinan lo que somos.
“Oye, Israel: YHVH nuestro Elohim, YHVH uno es” (Deuteronomio 6:4)
Estamos viviendo tiempos muy peligrosos, por consiguiente, debemos tener mucho cuidado con lo que oímos, y a quien prestamos atención, no sea que deslicemos — Hebreos 2:1. Debemos aferrarnos a la Torah, la Verdad, porque el deslizarse es lento y casi imperceptible, pero el resultado es tan mortal como si cayéramos de golpe. El peligro espiritual es tan real como el físico, aunque la gente no le presta atención, tal vez porque no es tan fácil de percibir. El peligro hoy, es perder la esperanza, seguir a la multitud, dormirse en la comodidad de la banca de una iglesia, morir en vida pretendiendo que se es feliz con la migajas del mundo, ignorar la misericordia de YHVH dando por hecho que la merece, pretender conocer a YHVH cuando todo lo que tiene es religión, creer que la Torah fue abolida y no cumplir sus mandamientos. Debemos enfocar el corazón, poner toda nuestra voluntad y conscientemente poner a YHVH por encima de todo — “A YHVH he puesto siempre delante de mi” — Salmo 16:8. El día de Su regreso está cerca, mas que nunca, así que busquemos su Rostro con todo nuestro corazón — “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” — Jeremías 29:13.
“A todos los sedientos, venid a las aguas” (Isaías 55:1)
“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” — Jeremías 2:13. Hay dos maneras de ser quebrantados. Una es ser roto por el pecado y la maldad de este mundo, y la otra es ser quebrantado ante YHVH. La primera es consecuencia de andar buscando vida en las cisternas rotas de este mundo, la segunda es el resultado de reconocer que hay un vacío incurable dentro de nosotros y solo YHVH puede llenarlo. Debemos ir a las aguas y beber de la fuente de vida de YHVH, de lo contrario vamos a sufrir espiritualmente y vamos a deshidratarnos hasta la muerte. Pidámosle que nos de un anhelo desesperado por estar en Su presencia, por andar en Sus caminos, que ponga en nuestro corazón la pasión para buscar Su rostro y anhelar hacer Su voluntad en nuestra vida. Que nos haga sedientos de vivir bajo los parámetros del Reino y buscar nuestra identidad en El.
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