“No confíes en príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento…en ese mismo día perecen sus pensamientos” (Salmo 146:3-4)
Si no podemos confiar en los príncipes, ¿en quién confiamos entonces? Es cierto que cuando el hombre muere, con él se van sus planes, por eso es mejor mirar los planes de Elohim que se extienden de generación en generación hasta llevarlos a su cumplimiento. Toda visión cuyo origen esta en YHVH, no muere sino que es como una carrera de relevo espiritual que corre a través de los siglos. Una persona después de la otra toma la batuta y continúa cumpliendo los propósitos de Elohim. Si seguimos nuestros propios planes para nuestra vida, su potencial será limitado, pero si seguimos los planes de Elohim caminando hacía adelante en la visión que proviene de El, podemos estar absolutamente seguros de que todo lo que hagamos para el Reino no será un desperdicio ni pérdida de tiempo. Lo que logramos para El, es construido sobre lo que otros edificaron y lo que nosotros hagamos servirá de base para la generación que viene. Así que, ánimo, escuchemos atentamente el corazón de YHVH y midamos sus latidos con los nuestros, si están en tono los unos con los otros, no temamos, estamos construyendo para la eternidad y un día, todo eso que atesoramos buscando primeramente el Reino, nos estará esperando.
“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a YHVH: esperanza mía, y castillo mío; mi Elohim, en quien confiaré” (Salmo 91:1-2)
La situación mundial no parece mejorar, todo lo contrario, cada día surge un nuevo problema o crisis, virus, bancarrotas, corrupción gubernamental, epidemias, etc. lo cual quiere decir que no tienes que ir muy lejos para ver a la gente luchando desesperadamente por encontrar algún tipo de refugio y seguridad. El aspecto positivo de todo esto es, que nos obliga a evaluar donde está nuestra verdadera seguridad. Las cosas no van a mejorar, solo lea Mateo 24 y lo verá. Pero en el versículo 6 Yahushua dice: “mirad que no os turbéis”. El reto es: ¿estamos listos? ¿Estamos preparados? No quiero decir, si tenemos provisión, si hemos hecho un plan de contingencia. Quiero decir: ¿estamos tan firmes en nuestra relación con Elohim, conoces bien su naturaleza y carácter hasta el punto que nuestro corazón no tema, porque sabemos que en El está nuestro refugio y fortaleza? ¿Hemos rendido nuestro corazón a El de tal manera que le permitamos tomar Su lugar como Rey y Adonai de nuestra vida? ¿De verdad sabemos lo que significa ser un Hijo de Elohim? Porque ese es el único lugar donde descubriremos esa esperanza y seguridad que tanto anhelamos. Busquemos ese lugar en El donde el temor a las epidemias, colapsos económicos o guerras no tenga poder sobre nosotros.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 19:19)
Creo que es una de las cosas más difíciles para todos. Muchos igual que en la época de Yahushua, se siguen preguntando, ¿quién es el prójimo? Sin embargo esa pregunta no es lo más preocupante, lo verdaderamente triste es que aunque entendiéramos quien es el prójimo, y estuviéramos dispuestos a amarlos como a nosotros mismos, no recibirían mucho de nosotros. Tenemos un concepto tan erróneo del amor, que si fuéramos a amar al prójimo como a nosotros mismos, pues tendríamos que pagarle el gimnasio al que vamos, la ropa que usamos, llevarlo de vacaciones con nosotros, etc. porque creemos que amarnos es cuidar nuestro cuerpo en cuanto a comer, beber, divertirnos, amarnos como dicen muchos, cuando Yahushua claramente dijo, que el Padre cuida de que tengamos todas esas cosas pero nosotros debemos es buscar el Reino de Elohim y su justicia. Así que, si nos amamos verdaderamente, buscamos pasar tiempo con Elohim, vivir bajo Sus parámetros, obedecer sus Mandamientos y amándonos así, tendríamos mucho que darle a nuestro prójimo. Somos seres únicos, creados para tener una relación con Elohim, y mientras no llenemos esa necesidad, vamos a estar siempre ansiosos por algo y una vez suplida esa ansiedad, aparecerá otra. Sólo Elohim puede llenar el vació del corazón del hombre. ¡Shabbat Shalom!
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