“Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos sacrificios a YHVH nuestro Elohim, como él nos dirá” (Éxodo 8:27)
Tres días de camino eran suficientes para salir de Egipto y adorar a Elohim. Faraón le dice a Moisés: “Andad, ofreced sacrificio a vuestro Elohim en la tierra (Egipto)” y Moisés responde: “He aquí, si sacrificamos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearán?” – Éxodo 8:25-26. Para los egipcios los sacrificios de los hebreos era una abominación. Pero fue YHVH quien ordenó a Moisés decirle a Faraón que irían camino de tres días – Éxodo 3:18. Tres días iban a ser suficientes en un futuro para que Yahushua el Mesías abriera el camino del desierto hacía la tierra prometida, hacía la verdadera libertad. Después del milagroso cruce por el mar, el pueblo tiene sed y las aguas que encuentran son amargas. Pero más era la amargura que había acumulada en sus corazones después de tantos años de esclavitud. “Moisés clamó a YHVH y YHVH le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron” – Éxodo 15:25. Solo el dulce sacrificio de Yahushua en el madero podrá sanar la amargura de un corazón esclavizado por el pecado. El árbol que Moisés uso fue el árbol de la vida. El madero sobre el cual el sacrificio perfecto fue llevado a cabo, para que tú y yo tuviéramos vida y vida abundante. Nuestro viaje por el desierto, es un viaje necesario. “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” – Oseas 3:14. Es en el desierto donde escuchamos sin interrupción, donde no tenemos otra fuente de subsistencia más que nuestra total dependencia de YHVH, donde en el día tendremos la columna de nube y en la noche la columna de fuego guiándonos por el camino. Vamos camino de tres días, y adoremos a YHVH.
“Y ofreceréis a YHVH siete días ofrenda encendida; el séptimo día será santa convocación; ningún trabajo de siervo haréis” (Levítico 23:8)
Hoy termina la Fiesta de los Panes sin Levadura, es Santa Convocación para YHVH. Un día más de regocijo y comunión con nuestro Adonai. Hemos hablado que la levadura es símbolo del pecado, del sistema tanto religioso como secular en que vivimos y al que no pertenecemos. Hemos pasado siete hermosos días de reflexión y comunión, identificando todo aquello que puede ser levadura en nuestra vida y que impide nuestra comunión con YHVH, hemos hecho compromisos y nos hemos separado más, hemos aprendido cosas nuevas. Solo nos queda darle gracias al Padre por habernos permitido disfrutar un año más de estas hermosas Fiestas y pedirle con todo nuestro corazón que el Ruaj HaKoddesh sea dándonos la sabiduría necesaria para poner en práctica todo lo aprendido. Ya empezamos a contar el Omer y a prepararnos para ese glorioso día de Shavuot cuando la Torah será reconfirmada una vez más en nuestro corazón. Cuando ensayaremos de nuevo ese compromiso matrimonial con nuestro Mesías. Hoy solo queremos decir: “Adonai, te amamos, que tu presencia more en medio de tu pueblo ahora y siempre”. Shalom
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Efesios 4:22-23)
Somos el producto de nuestros pensamientos, así que, es supremamente importante escoger cuidadosamente donde vamos a enfocar nuestra energía mental. Podemos aferrarnos a nuestra vieja manera de pensar y consecuentemente nos vamos a hallar atrapados en viejos hábitos y actitudes como orgullo, amargura, infelicidad, resentimiento, etc., porque por lo regular nuestros pensamientos están programados por patrones figurativos, amigos, familia, iglesia y aun enemigos, y como seres inteligentes tenemos la capacidad de escoger que pensar y en que material habitar; por eso, la alternativa más sabia es reprogramar nuestro pensamiento para que nuestras actitudes sean de acuerdo a la nueva naturaleza creada según YHVH. Reprogramar nuestra mente, es asunto de escoger creer en la verdad de YHVH, la cual nos dice a través de las Escrituras que debemos “transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento” (Romanos 12:2). Cuando permitimos que nuestros pensamientos sean guiados por los pensamientos de YHVH, pensaremos, hablaremos y actuaremos de acuerdo a Su voluntad. “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11)
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