“La justicia engrandece a la nación; más el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:24)
Muchos tienen la tendencia a categorizar el pecado y el rango va desde los más pequeños o veniales hasta los más grandes y dañinos llamados por muchos mortales. Pero en realidad, nadie peca aislado ni las consecuencias son particulares. Toda desobediencia a Dios afecta no solo al pecador sino a muchos otros en el presente y futuro. Si fuéramos a separar el pecado de Adán y Eva de su contexto, muy pocos los culparían de una gran transgresión, la mayoría pensarían que lo que hicieron no fue tan grave, simplemente comieron una fruta de un árbol con el aviso de “no comer”, sin embargo, ese tan insignificante detalle, ha afectado la humanidad desde entonces. Hoy en día la gente piensa que ignorar unos cuantos mandamientos, aun siendo bíblicos no es mayor cosa. Pero YHVH ve nuestros pecados desde otra perspectiva. Cada uno es seguido de consecuencias negativas, por ejemplo: en el caso de Adán y Eva y de cualquier creyente hoy en día, lo primero que afecta es nuestra relación con YHVH. Después, todo a nuestro alrededor cambia, pues ya no solo tenemos que lidiar con la vida sin dirección divina, sino con todos aquellos afectados por nuestra acción. Piense ¿cuántas personas afecta un padre adultero, un empleado deshonesto, un político corrupto? Recordemos, nuestras acciones determinan lo que somos.
“Y repartieron los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a todos ellos trompetas en sus manos, y cántaros varios con teas ardiendo dentro de los cántaros” (Jueces 7:16)
Cuando YHVH llamó a Gedeón para guiar a Israel contra sus enemigos, le mostró que un pequeño ejercito lleno del poder de YHVH, era más efectivo que un gran ejercito peleando con sus propias fuerzas. Los trescientos pelearon con armas que el mundo consideraría inútiles. Trompetas y cántaros. Debían sonar las trompetas y romper los cántaros para que su luz brillara. Pablo dice - “pero tenemos este tesoro en vasos de barro — Somos cántaros humanos llevando el fuego de YHVH - Su Ruaj dentro de nosotros. Pero para que esa luz sea vista, los cántaros deben romperse. Las grandes victorias obtenidas después del quebrantamiento, siempre nos harán estar más aferrados a YHVH. Nuestro viejo hombre debe ser crucificado y roto, para que esa nueva creación según la Torah salga a la luz y brille con Su Luz, no la nuestra. Gedeón ganó una batalla con 300 hombres aperados de trompetas y cántaros rotos: no temamos, mientras más quebrantado este nuestro viejo hombre, más segura es la victoria. YHVH dice: “No es vuestra la guerra, sino de Elohim” - 2 Crónicas 20:15.
“Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría” (Salmo 30:11)
Esta es una promesa maravillosa. YHVH literalmente toma nuestra angustia y la transforma en gozo. No dice que quita nuestra angustia, sino que la transforma. El cambia nuestra tristeza en alegría. Toma nuestros fracasos y los transforma en victorias. Toma nuestra desesperanza y la transforma en esperanza. No estamos exentos de problemas y tribulaciones, pero YHVH nos dice que todo eso obra para bien — Romanos 8:28. No es fácil, el sistema en el que vivimos y al cual no pertenecemos no nos hace la vida fácil, todo lo contrario, pero el asunto no es de vivir sin problemas, sino de permanecer fieles a YHVH, quien ha prometido cuidar de nosotros hasta el fin. Permanezcamos en Él y Sus promesas. Nuestros problemas y tribulaciones son reales, pero también son la materia prima para esa transformación divina que nuestro Adonai logrará en nosotros a Su tiempo y para Su gloria.
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