“YHVH, tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros” (Isaías 64:8)
Es maravilloso entrar a una tienda artesanal y ver la cantidad de vasijas que puede hacerse con el barro. Todas diferentes, para usos diferentes y únicas en su individualidad. Si esto es simplemente la creatividad del hombre, imaginémonos por un momento el taller de nuestro Creador. Cada uno de nosotros es único, irrepetible, creado con un propósito definido y aperado con las cualidades y capacidades necesarias para cumplir dicho propósito. Así que, no tratemos de imitar ni ser alguien diferente. El mundo idolatra ciertos tipos, trata de estereotipar lo que es la mujer o el hombre perfecto físicamente y sin darnos cuenta todos corremos tras esos patrones tratando de ser alguien diferente a lo que Elohim ha planeado, y dándole mayor énfasis e importancia a la apariencia que a la esencia de la persona. Podemos verlo en la juventud de hoy en día sufriendo de depresión y sin ganas de vivir por no llenar los parámetros establecidos por la sociedad y el sistema al que no le importa quién eres, ni si cumples o no tu propósito en la vida, sino vender una imagen deteriorada de lo que fue el propósito de Elohim. Es fácil olvidar para que fuimos creados cuando seguimos la corriente del mundo. Regocijémonos en quienes somos y démosle gracias a Elohim por su plan y propósito. Esperemos en Elohim.
“Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” (Oseas 2:14)
El desierto no ofrece nada. Ir al desierto es dejarlo todo por nada, o dejarlo todo por YHVH. YHVH tenía que sacar al pueblo de Egipto, del ambiente pagano egipcio y llevarlo al desierto para moldearlo. Las pérdidas, fracasos, traiciones, engaños, etc., todo lo que al final ofrece el sistema, abre nuestro corazón al llamado al desierto, a dejarlo todo y en esa sequía y silencio, buscar a Elohim, escuchar Su voz. El pueblo sufrio en el desierto mientras YHVH los formaba y hacia de ellos Su pueblo — un pueblo con un estándar moral superior al de sus vecinos. En el Sinaí, entre truenos y relámpagos, YHVH les da la Torah — un plan detallado para encontrare con YHVH todos los días, en toda circunstancia. Pero aun en el vacío, aridez y soledad del desierto, donde no hay nada y no queda nada mas que confiar en YHVH, Israel se rebeló, varias veces dio coses contra el aguijón, igual que nosotros hoy. Pero YHVH los dejo 40 años en el desierto, puliéndolos y los llevó a la tierra prometida cuando los había quebrantado lo suficiente para que entendieran que lo que iban a recibir era una inmerecida bendición y no producto de su labor. Cuarenta años para hacer de ellos polvo del desierto y luego levantarlos como el Ave Fénix de las cenizas — una nueva generación que glorificara el nombre de YHVH. SHABATT SHALOM
“La religión pura y sin mácula delante de Elohim nuestro Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27)
Estoy segura de que la mayoría está familiarizada con la primera parte del versículo, visitar a los huérfanos y a las viudas es bueno y la gente lo hace sin mucho esfuerzo, es ser un buen creyente. Pero la segunda parte “guardarse sin mancha del mundo”, ni siquiera es leída, es totalmente ignorada. La palabra “guardar” del G5083 = escapar / evitar. En otras palabras, Santiago dice que la religión pura y sin mácula es: escapar del mundo (sistema) evitarlo. Usted dirá: “vivimos en el sistema, ¿cómo evitarlo? Recuerde, una cosa es operar en el sistema porque ahí tenemos que movernos mientras estemos vivos, y otra muy diferente, que el sistema este en nosotros y nos controle. Yahushua orando por nosotros dijo: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” — Juan 17:15-16. Tenemos un código de conducta bajo el cual vivir — La Torah, y obviamente que no está para nada en armonía con las leyes que operan en el sistema. Enseñar sobre santidad no es muy popular, y a la gente se le ha enseñado la mentira que todo lo que tienen que hacer es creer. Pero simplemente creer, o, mejor dicho, aceptar mentalmente una doctrina, no es la emunah (fe) de que habla la Biblia. La Torah es clara, o somos oidores y hacedores de la Palabra o no somos nada. Nuestra vida debe ser coherente con lo que proclamamos ser.
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