“Pero en ti hay perdón para que seas reverenciado” (Salmo 130:4)
Cada que llega la noche y termina el día sin darte la gloria por todo lo que me has bendecido, siento que renuncio al gozo de alabarte con mi vida. Cada que rehuso a tender la mano, o a dar consuelo, siento que renuncio a la maravillosa experiencia del servicio. Cada que evito un saludo, una sonrisa, un beso, siento que renuncio a la experiencia del amor. Cada que acaricio mis heridas e impido que las sanes, siento que renuncio a la dicha del perdón. Señor, perdóname por renunciar: a alabarte, a servirte, a amar y ser amada, a perdonar y ser perdonada, por no darme la oportunidad de experimentar la dicha de vivir una vida plena a medida y estatura de tu amor. ¡Shabbat Shalom!
“Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4)
Éxito, la palabra que tiene cautivado al hombre de hoy en todos los ámbitos. Todos van tras el éxito y para lograrlo, violan parámetros de ética y moral, abusan de la autoridad, engañan, mienten, usurpan posiciones, etc., lo importante es lograrlo. Éxito, el gran engaño, pues le hace creer al hombre que ya lo logró, que tocó la cima, le alimenta el ego, lo entroniza y lo aleja de YHVH. El hombre de éxito no es el que ha logrado todo en la vida, ni el ministro con una iglesia de miles de miembros. El hombre de éxito es el que sabe estar en la presencia de YHVH, el que Lo reconoce en todos sus caminos, el que camina tomado de Su mano y el que sabe que solo se es grande cuando se está de rodillas.
“Orará a YHVH, y éste le amará” (Job 33:26)
Orar es; conversar, dialogar, es derramar el corazón, es descubrir el alma y dejar que a través de esa conversación el poder del amor de Elohim, sane heridas y restaure el corazón. Orar es cantar, es alabar, es adorar, es amar hasta que el mismo amor, Elohim, sea movido por la oración y conceda las peticiones del corazón. Orar es rendirse a El, es aceptar Su voluntad, es establecer un vínculo entre tú y tu Padre Celestial. Un vínculo de amor y obediencia que nada ni nadie pueda romper y que te sostendrá en medio de cualquier situación. Orar es entrar al lugar Santísimo y allí en Su presencia, ante Su gloria, entregar todo sin reservas, despojarse de todo lo que impida que tu vida y la de Yahushua se fundan en una para siempre.
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