“La voz de mi Amado, he aquí, El viene” (Cantares 2:8)
¿Cuántas veces le hemos dicho al Señor; “haz lo que sea Señor para que mi vida, mi corazón y todo mi ser, vuelva a arder por ti? Es horrible sentir que en alguna parte del camino, tomamos el rumbo equivocado o descuidamos nuestra relación con Él y como consecuencia, estamos cruzando valles de sombra de muerte no planeados por YHVH y que en lugar de ayudar a nuestro crecimiento, nos alejan de El. Pero cuando nuestro corazón empieza a sentir la angustia de la ausencia, y se quebranta delante de El, cuando nos postramos delante de Su presencia y gemimos, esos gemidos hace que las arpas en el cielo se llenen de música y nuestras lágrimas sean tomadas por YHVH y enjugadas y entonces El contesta nuestra oración, Su corazón se abre al nuestro y de nuevo lo llena de El. No hagamos esperar al amor, no dejemos pasar el tiempo sin estar en intimidad con Él.
“Lámpara es a mis pies Tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105)
Nadie disfruta de momentos oscuros, momentos cuando la luz que guía tu vida, que da dirección a tus pasos, se ha opacado o ido. Nadie quiere aprender en el dolor, todos quisiéramos saber las respuestas a todos nuestros interrogantes, poder solucionar todos nuestros problemas, tener un manual que nos indicara “que hacer en caso de” para todo, pero es imposible. La vida es impredecible, la vida es todo lo que sucede cuando hemos planeado otras cosas. Nadie es inmune al dolor ni a los momentos oscuros cuando tenemos que confiar en YHVH o morir. Pero las lecciones aprendidas en la oscuridad, son las que verdaderamente nos enseñan a confiar, son las que tenemos que tomar y poner en práctica queramos o no y aunque no sean agradables, una vez pasada la oscuridad, la luz brilla con mayor intensidad, la apreciamos más y vemos no solo lo que nos llevo a ese momento sino que aprendemos a caminar en la oscuridad pero tomados de la mano de la luz.
“Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tu eres mi Elohim” (Salmo 143:10)
Enséñame a recibir todo lo que llega a mi vida hoy, con paz en mi corazón y con la firme convicción de que todo está bajo tu control. Enséñame a ver en cada persona que es parte de mi vida, ya sea familiar, laboral o de amistad como los instrumentos que usas para formar mi vida y darme lecciones que moldeen mi carácter. Enséñame a entender que cada evento, circunstancia, palabra o acción que me afecte ha sido filtrada por ti y por consiguiente ha sido diseñada y aprobada para edificar mi vida, y que aunque lo vea como algo negativo, nunca dude de que el resultado final será positivo, enriquecedor y edificante. Enséñame a tener el valor de decir a quienes pretenden ofenderme, como dijo José “no me enviasteis acá vosotros, sino YHVH…vosotros pensasteis mal contra mí, mas YHVH lo encaminó a bien” (Génesis 45: 8 y 50:20). Enséñame, Señor a ver todo con tus ojos y a darte la gloria en todo.
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