“Todo sabio de corazón de entre vosotros vendrá y hará todas las cosas que YHVH ha mandado” (Éxodo 35:10
Vale la pena repetirlo: nuestro destino eterno es una elección que YHVH ha dejado a nuestra discreción – a cada uno individualmente. Pero, nuestro papel o función dentro de la familia de la fe, una vez que hemos entrado en los vínculos del Pacto con YHVH, y hemos sido injertados y hechos parte del pueblo de YHVH, sigue siendo una prerrogativa divina. Todos recibimos talentos – habilidades que debemos desarrollar para la gloria de Elohim y para el crecimiento del cuerpo del Mesías, que somos todos nosotros. Ahora, no todos recibimos los mismos talentos, unos reciben diez, otros cinco, etc., y no es una vergüenza el ser menos talentoso, sino el no estar dispuesto a usar el talento recibido. La construcción del Tabernáculo, nos provee una clara demostración de este principio. Se necesitó de una gran variedad de expertos para hacer todo el trabajo del Tabernáculo, sus utensilios, las vestiduras de los sacerdotes, etc., y todos trabajaron en armonía por un objetivo común, según el Plan Maestro del Creador. Pablo usa una metáfora diferente – el cuerpo del Mesías – para mostrarnos lo mismo. Pero, aunque estamos unidos en propósito y destino, somos bien diferentes en cuanto a la función o habilidad. YHVH le ha asignado a cada uno de Sus hijos una labor. En la obra del Tabernáculo, unos cortaban madera, otros con esa madera, fabricaban los muebles para el Tabernáculo, otros los cubrían con oro. Nadie lo hacía todo, ni siquiera los expertos, nadie trabajaba para sí. Esto nos enseña que en el Reino de Elohim no hay “llaneros solitarios” y que todo lo que hacemos afecta la vida de otros y la obra que se está haciendo, por consiguiente debemos recordar que el amor exige que hagamos lo mejor para la gloria de Elohim. Hacer las cosas bien paga, siempre vamos a ser útiles. Pero si paramos de aprender, corremos el riesgo de volvernos obsoletos en la obra. El orgullo no tiene lugar en nuestra vida, todos cometemos errores y debemos aprender de ellos, nadie vive en el eterno éxito, es la forma como manejamos las crisis que definen nuestro carácter. YHVH quiere piezas valiosas, pulidas en las tormentas para Su Templo.
“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3-4)
Los principios dispensacionalistas son buenos para un oído con comezón de oír fábulas. Israel y la iglesia son diferentes, la ley está abolida y no vamos a sufrir porque nos vamos en el rapto. ¿Quién no va a querer ser cristianos con esas garantías? No tenemos mandamientos que cumplir y la ira del juicio de YHVH no caerá sobre nosotros. ¿Qué explicación tendrán para 1Pedro 4:17? – “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Elohim; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio (Basora) de Elohim?”. La Palabra (Torah) de Elohim ha sido hecha añicos por doctrinas de hombres, que le asignan partes de las Escrituras a Israel y partes a la supuesta iglesia del nuevo testamento, dividiendo así el Reino y no restaurándolo, tratando de edificar una entidad nueva ajena a Israel, perdiendo así el plan de YHVH anunciado en los profetas, diluyendo nuestro amor por YHVH al remover la Torah, destruyendo nuestro destino ya detallado desde la fundación del mundo, robándonos de las bendiciones estipuladas en la Torah, creando alrededor de 33.000 denominaciones en el mundo, destruyendo la unidad que el Padre tenía planeada para Su pueblo. El dispensacionalismo ha sido el arma perfecta usada por el enemigo para llevar a cabo semejante desastre.
“Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la Torah, y mandamientos que he escrito para enseñarles” (Éxodo 24:12)
Todos de alguna forma u otra, enseñamos, la pregunta aquí es: ¿qué y cómo enseñar? Hay cinco palabras en hebreo que significan enseñar, al estudiarlas podemos discernir, qué y cómo hacerlo. Estas palabras son usadas a lo largo de todas las Escrituras. La primera palabra la encontramos en el Shema en Deuteronomio 6:7 – “y estas palabras las enseñaras a tus hijos” (en español está mal traducido, no es repetirás sino enseñarás). La palabra enseñar aquí es “Shana” que quiere decir: afilar. El método de enseñar afilando para el conflicto, es decir preparando para la guerra. La próxima palabra es “Yarah” que es la raíz de la palabra “Torah”, mal traducida como ley. Yarah quiere decir: disparar a un objetivo. El método de enseñar señalando el camino. La próxima palabra es “Lamad” cuya pictografía muestra el cayado de un pastor. El método de enseñar, enseñando el camino y cuidando de la oveja. La próxima palabra es “Alaf” que quiere decir: unirse, juntarse como un par de bueyes. Enseñar por medio del ejemplo. Y la última palabra es “Yasar” cuya pictografía muestra una mano haciendo un círculo con la cabeza, significa: voltear la cabeza. Esta palabra es comúnmente traducida como: llamar la atención, castigar, corregir. Enseñar por medio de la disciplina. Yasar es una de las palabras más comunes en las Escrituras y debemos tener una visión correcta de la palabra entendiendo que la disciplina de Elohim es Su mano de misericordia sobre nosotros. Ezequiel 44:23 explica lo que los sacerdotes debían hacer – “enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio”.
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