“En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará” (Salmo 23:2)
El Salmo 23 me recuerda el Shabbat. Ese reposo que nos permite descansar físicamente. Es como un oasis en el desierto de la vida. Como estar en un cascarón, protegidos de los retos y problemas de la vida diaria. Un día para olvidarnos de todo y enfocarnos solo en nuestro Creador. Es como experimentar un pedacito de la eternidad. Cuando guardamos el Shabbat como nos lo ordena YHVH, experimentamos gozo, bendición, amor, paz. En este día YHVH restaura nuestra alma, nos guía por sendas de justicia, nos revela Su voluntad. El Shabbat es un regalo del Padre, es una señal entre YHVH y su pueblo de que estamos separados para Él, es un ensayo para ese milenio en que reinaremos con Él. Y es una Santa Convocación, un día especial y un mandamiento perpetuo. Isaías 58:13-14 nos dice como guardar el Shabbat — “No hacer nuestra propia voluntad — llamarlo delicia, santo, día glorioso de YHVH — honrarlo no andando en nuestro propio camino — no hablar nuestras propias palabras (es decir deleitarnos en la Torah) — Entonces, YHVH nos hará subir sobre las alturas y nos dará a comer la heredad de Jacob. ¡Aleluya! Shabbat Shalom
“Y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos” (Números 11:6)
YHVH estaba enviando maná diariamente para alimentarlos. Uno pensaría que el pueblo permanecía maravillado viendo semejante milagro todos los días. YHVH les enviaba diariamente semejante delicia, caía del cielo, y alimentaba miles de miles, nadie pasaba hambre, había para todos. Pero después de unos días, se volvió algo común y hasta aburridor para ellos. Veían el milagro todos los días, pero ya querían algo diferente. Parece que el hombre tiene el hábito de acostumbrarse a las bendiciones y da por hecho que están ahí siempre. Ralph W. Emerson dijo “Si las estrellas salieran una noche cada mil años, todos pasarían la noche contemplándolas maravillados”, pero como salen todas las noches y las vemos con tanta frecuencia no les damos importancia, sin embargo son al igual que el maná, que nuestra vida con sus cuidados, que nuestra salud sostenida por el Padre, que el levantarnos cada día y ver el sol de nuevo, un verdadero milagro. No dejemos pasar ni un solo momento sin contemplar, maravillarnos y agradecer las bendiciones de nuestro Padre.
“Respondiendo Yahushua, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas” (Mateo 17:11)
¿Qué hay que restaurar? — “Los cimientos de generación en generación” — Isaías 58:12. Tanto Judíos como Cristianos están ciegos. El judío necesita reconocer que Yahushua es el Mesías — “Como está escrito: Dios le dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy” — Romanos 11:8. Y los cristianos necesitan reconocer que Yahushua no abolió la Torah, todo lo contrario, la magnificó y dijo bien claro — “Ni una jota ni una tilde pasará de la Torah, hasta que todo se haya cumplido” — Mateo 5:18. La Torah está tan vigente hoy como en los días de los profetas y de los apóstoles. Las diez Palabras o Mandamientos, son la base de la Torah, son títulos, de ellos se derivan todos estatutos que forman nuestro Código de Conducta. Éxodo 20 los enumera uno por uno, entre ellos esta el guardar el Día de Reposo — Shabbat — “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. La iglesia cristiana no solo lo abolió, sino que lo cambio. Ahora, si no tenemos que observar el día de reposo, entonces también podemos; matar, robar, adulterar, etc. Santiago 2:10 dice: “Porque cualquiera que guardare toda la ley (Torah), pero ofendiere (fallar) en un punto, se hace culpable de todos” — Claro como el agua, al no guardar un solo mandamiento, se es culpable de violarlos todos.
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