“Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25)
Una experiencia es innegable, un concepto es rebatible. Por eso el hombre con una experiencia jamás estará a merced del hombre con un argumento. Puedes tener muchas ideas acerca de YHVH, ser religioso con buenos argumentos, pero si la vida de YHVH no es una experiencia viva y real en ti, eres como una guitarra sin cuerdas, un barco sin timón, un peregrino sin rumbo, a la deriva, desprotegido y vulnerable a cualquier filosofía o doctrina que solo te dará más ideas sobre el Creador del Universo al cual no necesitas entender sino sentir, vivir en El, vibrar con Su amor, conocer Su Torah. Las ideas no dan vida, solo especulan, pero cuando te atreves a experimentar la magnitud, riqueza y poder de una vida en YHVH, nadie jamás podrá robarte lo que hay en tu corazón, pues has pasado de muerte a vida, ya no piensas, ahora sabes que sabes que El es vida.
“Tu diste alegría a mi corazón” (Salmo 4:7)
La felicidad no se compra en el supermercado, no viene en paquetes o bolsas, no se logra en una subasta, no está en lo que poseemos ni tiene que ver con las personas que nos acompañan a lo largo de la vida. La felicidad es un estado del corazón por consiguiente no esta fuera de nosotros, sino en nosotros. La felicidad no se busca se posee; no se ve se siente; no espera ser amada ama; no es exclusiva le pertenece a todos y por lo regular la gente más feliz no siempre tiene las mejores cosas, solo sabe que la felicidad se da, no se pide pues dándola es como se consigue. La verdadera felicidad es pacifica, no se altera no se pierde, y sólo pueden sentirla aquellos que abren su corazón a YHVH quien es la fuente de felicidad.
“El hombre mira lo que está delante de sus ojos; pero YHVH mira el corazón” (1 Samuel 16:7b)
Cuando adquirimos la costumbre de juzgar por la apariencia y no por el contenido, podemos ser fácilmente engañados, pues muchos regalos valiosos pueden venir mal empacados. Miremos por ejemplo la concha de la ostra; su aspecto no es para nada hermoso, pero dentro puede albergar una valiosa perla. Igual pasa con los seres humanos; parece ser que el que es atractivo y costosamente vestido tiene más aceptación y éxito que el menos atractivo y humildemente ataviado. Pero como dice el proverbio secular “el hábito no hace al monje”. Puedes haber sido bendecido con todo el atractivo físico del mundo, vestirte de diseñadores costosos, tener títulos y doctorados, pero si tu vida no está centrada en YHVH, en Su Torah, no vales nada. El vino es vino, una copa costosa no le adiciona sabor. Con el tiempo es imposible ocultar lo que hay dentro de tu corazón.
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