“Habla porque tu siervo oye” (1 Samuel 3:10)
YHVH nunca nos habla de formas fantásticas, sino de maneras fáciles de entender, y siempre decimos: “¿será esa la voz de YHVH o la mía?” Isaías dijo que el Señor le habló “con mano dura,” es decir, por la presión de las circunstancias. Cuando algo toca nuestra vida, es YHVH mismo hablando. Acostumbremonos a decir, “habla Señor”. Cada que las circunstancias presionen, digamos, “habla Señor”; y saquemos tiempo para escuchar. La corrección no es más que un medio de disciplina, cuyo propósito es llevarnos al punto donde digamos, “habla Señor”. ¿Recuerdas cuando YHVH te hablo? ¿Fue en Lucas 11:13; o fue en 1 Tesalonicenses 5:23? A medida que escuchamos, nuestros oídos se vuelven mas agudos y así como Yahushua, escucharemos a YHVH todo el tiempo.
“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 26:14)
La obstinación y la terquedad, siempre apuñalarán a YHVH. Tal vez no hieran a nadie más, pero si herirán Su Ruaj. Cada que somos obstinados, tercos y llevados de nuestro parecer por nuestras propias ambiciones, estamos lastimando a YHVH. Cada que reclamamos nuestros supuestos derechos e insistimos en que eso es lo que queremos hacer, estamos persiguiendo a Yahushua. Cada que asumimos una posición concerniente a nuestra dignidad, sistemáticamente entristecemos y agraviamos al Ruaj. Darnos cuenta que es a Yahushua a quien hemos estado persiguiendo todo el tiempo, es la revelación más agobiante que podríamos recibir. Todo lo que debemos hacer, es basar nuestra vida en una perfecta relación con nuestro Hacedor.
“Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados…en la misma imagen” (2 Corintios 3:18)
La principal característica de un hijo de Elohim, es estar desnudo, descubierto delante de YHVH, de tal forma que su vida se convierta en un espejo para la vida de otros. Al ser llenados del Ruaj, somos transformados y al contemplar Su presencia nos convertimos en espejos. La regla de oro para tu vida y la mía, es el mantener nuestra vida abierta a YHVH. Dejemos que todo lo demás, trabajo, ropa, comida, todo en esta tierra se vaya por la borda, excepto Su Presencia. El ajetreo de tanta cosa tiende a oscurecer nuestra concentración en YHVH. Dejemos que lo demás vaya y venga, que la gente critique como quiera, pero nunca permitamos que nada oscurezca la vida que está escondida con el Mesías en YHVH. La disciplina más severa de la vida de un hijo de Elohim, es aprender a vivir contemplando como en un espejo, la gloria de YHVH.
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