“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26)
Debido a que somos individuos únicos, tenemos diferentes puntos de vista y los desacuerdos puede ocurrir en cualquier relación. Cuando un conflicto aparece podemos manejarlo ya sea negativa o positivamente. Bajo presión descubrimos nuestras faltas y debilidades como la irresponsabilidad, la hipersensibilidad, el perfeccionismo y aun si tenemos tendencia a la depresión o no. Ahora, ¿qué causa una discusión y daña la unión en cualquier relación? ¿Cosas grandes o pequeñas? Por lo regular son pequeñeces, y tenemos que admitir que la mayoría de nuestros problemas se deben a que no aceptamos los puntos de vista de los demás y creemos que la gente o aquellos que amamos deben ver la vida con todos sus ires y venires, como la vemos nosotros. Aparte de esto, está el hecho de si me siento amado(a) o abandonado(a). Entonces, ¿qué hacer cuando nos hallemos en medio de un desacuerdo? La Biblia nos enseña que debemos tratar con el asunto en forma positiva. Podemos sentir ira y creer que la otra persona actuó mal, pero una reacción negativa como: ventilar los defectos del uno al otro, retirarse en medio de la discusión, guardar silencio cuando hay que dar explicaciones, puede ser destructivo en una relación. La Biblia dice: en tu ira no peques. Busquemos siempre construir no destruir.
“Habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fue recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia e incredulidad” (1 Timoteo 1:13)
YHVH nunca consulta nuestro pasado para determinar nuestro futuro, así que, no necesitamos buscar excusas, solo responder cuando nos llame y seguirlo. El siempre nos dará tareas demasiado grandes para nosotros porque no quiere que olvidemos de donde proviene nuestra fortaleza. Nuestro destino, nuestro llamamiento, no aparece en las columnas de vacantes en los periódicos, no somos voluntarios, sino que respondemos a su llamado. Pero cuando sabemos que estamos en el centro de Su voluntad, de Su propósito para nuestra vida, sabemos también que nuestra experiencia será perdurable y gloriosa, imposible de encontrar en el sistema. Así que, caminemos en nuestro destino, sigamos Su Camino. Tiene un costo, pero nada que no tengamos, de hecho, lo único que YHVH pide de nosotros es lo único que realmente nos pertenece, “nuestra voluntad”, así que, es nuestra la decisión de seguirlo o seguir la corriente del mundo. ¿Hay algo que te hala en dirección opuesta al destino que Elohim tiene para ti? Si es así, elimínalo. Los primeros discípulos dejaron sus redes y todos los registros de la historia cuentan de su gloriosa experiencia. El sitio más seguro para estar hoy en día, es en el centro de la voluntad de Dios.
“Hizo él lo recto ante los ojos de YHVH, aunque no de perfecto corazón” (2Crónicas 25:2)
Siempre que leamos en las Escrituras sobre alguien que retó el camino de YHVH, siguiendo su propio camino, vemos que los resultados fueron desastrosos. El orgullo y la soberbia no son sustitutos de la humildad y la obediencia. La mezcla entre hacer la voluntad de Dios en algunas cosas y la nuestra en otras, es la receta perfecta para el desastre. Hacer las cosas con un corazón no perfecto es la renuencia a estar bajo autoridad, a aceptar el Señorío del Mesías en nuestra vida y por consiguiente en nuestra toma de decisiones. Cuando hacemos las cosas con desgano, más rápido de lo que creemos, nuestro corazón se contamina y la obstinación será su primer síntoma, luego entrará en rebeldía y sin darnos cuenta estaremos trazando el camino a la destrucción y a la decadencia espiritual. No pensemos que una vida desastrosa es una vida carente de lo necesario o llena de problemas; no necesariamente, puedes tener abundancia y carecer de problemas, pero si tu relación y compromiso con YHVH es nulo, si tu diario vivir se centra en la búsqueda de satisfacciones personales, si el reconocer a Yahushua como Adonai de tu vida no incluye sumisión a su autoridad y Señorío, tienes una vida desastrosa.
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