“Oye, hija mía, e inclina tu oído; olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el Rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu Adonai” – (Salmo 45:10-11)
El novio esta a la puerta – “Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!” – Mateo 25:6. La medianoche del mundo cada día está mas cerca, y con ello el regreso de nuestro Mesías. El mensaje para la novia es: ¿Estas contando el costo mientras te preparas para el regreso del Mesías? ¿Estás dispuesta a terminar la carrera? O ¿tu mente divaga pensando en lo que has dejado y anhelando regresar? Cuando Yahushua dijo: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el Reino de Elohim” – Lucas 9:62 – se refería a aquellos que retroceden y se aferran de nuevo a sus ídolos. Y un ídolo es todo aquello que es objeto de tu devoción, cualquier cosa o persona que sea dueña de tu tiempo, atención, dinero, amor, interés. Podemos ser excelentes esposos (as), hijos, hijas, empleados, padres; dedicar tiempo a la familia, ser honestos, honrados buenos ciudadanos, pero… ¿Cuánto tiempo pasamos con YHVH? ¿Cuánto tiempo dedicamos a lo que yo llamo: “tiempo de abandono y olvido”?, ese tiempo en el que me abandono a Él y olvido todo lo que me distrae. No es el trabajo, la familia, el estudio, etc., nuestro enemigo; es esa holgazanería, conversaciones vanas, horas frente a la televisión, lo que nos roba el tiempo que le pertenece solo a Él. Lo que Yahushua dijo sobre Jerusalén al no reconocer quien era El, es lo que nos puede estar diciendo a nosotros hoy – “¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! … No conociste el tiempo de tu visitación”.
“Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró” (Éxodo 34:8)
Cuando Moisés vio la gloria de YHVH – que Él es misericordioso, piadoso, tardo para la ira, que perdona la iniquidad… rápidamente cayó de rodillas y adoró. La revelación de la naturaleza de YHVH lo venció y solo pudo adorar. Esta es la primera vez que leemos que Moisés adoró. Antes de ver la Gloria de YHVH, vemos a Moisés orando e intercediendo, clamando por Israel, hablando con YHVH cara a cara, cantando en alabanzas al cruzar el Mar Rojo, llorando angustiado ante YHVH en Refidim cuando el pueblo estaba a punto de apedrearlo. Pero esta es la primera vez que vemos a Moisés adorar. Aquí podemos ver que se puede orar diligentemente y no adorar, que se puede ser un guerrero intercesor y no adorar, que podemos clamar por nuestra familia y por nuestras necesidades y las necesidades de otros, y no adorar, que podemos clamar por sanidad, y no adorar. Pero… ¿cómo definir la adoración? La adoración no se aprende. Es como un volcán en erupción, brota del corazón ante la revelación de la Gloria de YHVH y de Su increíble amor. Adorar es la respuesta en gratitud al darnos cuenta que pudimos haber sido destruidos hace mucho tiempo por nuestra iniquidad, pero en vez de destruirnos, YHVH llega con su poderosa revelación – “Con amor eterno té he amado”. Cuando Moisés vio la Gloria de YHVH, ya no oro por Israel, ya no pidió guía para seguir el camino, ya no rogó por un milagro o por sabiduría, solo adoró maravillado ante la Gloria de su Creador.
“Y YHVH iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles” (Éxodo 13:21)
El versículo siguiente dice que nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube ni la columna de fuego. Jamás Elohim abandonó a Su pueblo. Aún en medio de todas sus rebeldías, les castigo, les mostró las consecuencias de su desobediencia y de su obstinado y rebelde corazón, pero el ángel de YHVH nunca los abandonó. Recordemos que el pueblo venía de pasar cuatrocientos treinta años de vivir bajo la influencia de una sociedad politeísta. Aunque vivían separados en Goshen, tenían algún contacto con ellos, veían la prosperidad de Egipto y fueron tentados a dorar sus dioses también. Pero en cada etapa del camino por el desierto, Elohim les mostró una y otra vez que su presencia estaba en medio de ellos, que no caminaban solos, que los llevaría a la tierra prometida y los establecería allí como Su pueblo, a la vista de todas las naciones. Salir de Egipto fue para Israel un asunto de vida o muerte, como lo es para nosotros hoy. Dejar el sistema es la única forma de ser verdaderamente libres. Debemos separarnos para Él y caminar sin temor por el desierto seguros de que Su ángel estará con nosotros a lo largo de todo el camino. “Porque no abandonará YHVH a su pueblo, ni desamparará su heredad” – Salmo 94:14.
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