“Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el Día de Reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal” – Isaías 56:2
Es fácil caer en esclavitud sin darse cuenta. Así como se es esclavo del pecado, también se puede ser esclavo de las cosas del mundo que aparentemente son buenas. Así como se es esclavo del cigarrillo, de las drogas, se puede ser esclavo del trabajo. El Shabbat es un regalo de Elohim para sus hijos. Es un tiempo de descanso de las cosas del mundo, es tiempo de comunión con nuestro Creador. Muchos se enorgullecen de ser hacedores de la Palabra, de creer en las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis, claman las promesas de sanidad, restauración, prosperidad, poder espiritual y autoridad en el Nombre de Yahushua y con valentía proclaman la Palabra a muchos, pero... ¿qué les pasó con el cuarto mandamiento? ¿Cuándo los diez Mandamientos se convirtieron en nueve? “… y a los hijos de los extranjeros que sigan a YHVH para servirle, y que amen el nombre de YHVH para ser sus siervos; a todos los que guarden el Día de Reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos” – Isaías 56:6-7. ¡Shabbat Shalom!
“Calla en la presencia de YHVH el Adonai” (Sofonías 1:7ª)
Blaise Pascal dijo; hay dos tipos de personas: santos que saben que son pecadores y pecadores que creen que son santos. La soberbia es el pecado más letal, porque fundamentalmente distorsiona la realidad. Cuando abrimos los ojos a la verdad de la Presencia de YHVH, inmediatamente caemos rendidos en humildad, y sin importar el clamor del ego reclamando derechos, tenemos que admitir que no somos el centro del universo. Debemos tener siempre presente que todo lo que digamos, pensemos y hagamos, es delante de la audiencia divina de El Elohim Vivo – “Por eso procuro tener siempre una conciencia sin ofensa delante de Elohim y ante los hombres” – Hechos 24:16. Y si no sentimos la Presencia Divina en nuestras vidas, es mejor que nos examinemos: “YHVH resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” – Santiago 4:6. Podemos acercarnos a YHVH humillándonos y abriendo nuestros ojos a la realidad – “A la Presencia de YHVH tiembla la tierra, a la Presencia del Elohim de Jacob” – Salmo 114:7. “No a nosotros, oh YHVH, no a nosotros, sino a tu Nombre da gloria” – Salmo 115:1.
“Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu Torah. Forasteros soy en la tierra; no encubras de mi tus mandamientos” (Salmo 119:18-19)
Creo que el error más grande que los seres humanos cometemos es el creer que llegamos a este mundo a echar raíces y vivimos como si nunca fuéramos a partir y entonces pasamos la mayor parte de nuestro tiempo trabajando para hacer nuestro nicho lo más cómodo posible y nos rodeamos de toda clase de comodidades que lo único que hacen es hacernos perder de vista la perspectiva real de nuestra vida. Somos forasteros y la única manera de conocer la ruta de nuestra vida y la forma de vivirla sin perder de vista la meta final, es conociendo a Elohim y Su Torah (mapa) donde Él nos da instrucciones y a través de la cual nos guía. Hebreos 11:13 nos dice que todos los antepasados confesaron que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Lo que necesitamos ahora es que Elohim abra nuestros ojos y nos muestre las maravillas de Su Torah, todas las verdades que están ocultas en ella para ser reveladas a quienes le aman y quieren seguirle. Vivimos en un mundo vendido al diablo y por ahora nos movemos en sus dominios, por eso como hijos de Elohim debemos estar en sintonía con Su palabra para evitar ser consumidos por todas las cosas no santas que invaden el sistema.
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