“El que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció” (2Pedro 2:19)
Ningún hombre o mujer es absolutamente libre. Somos esclavos de aquel o aquello a lo que nos sometamos, sea al pecado o a la obediencia a YHVH. Aquel que cree ser dueño de su propia vida, es esclavo del pecado, porque solo hay dos amos, YHVH o Satanás y no podemos servir a dos señores, o estamos con el uno o con el otro. Y por muy moral o ético que crea ser, si su vida no está sometida al señorío de Yahushua, está sometido a Satanás quien usa el sistema y el ego del hombre para esclavizarlo a él, haciéndole creer que es dueño de su propia vida. La receta de nuestro Padre Celestial para esta enfermiza situación es el someternos a Él. Pero usted pensará que si se somete a YHVH perderá el control de su vida. En primer lugar, déjeme decirle que de todas maneras no lo tiene, cree tener el control, pero no es así, debe haber algo en su vida que lo controla, el trabajo, una relación, la ambición, la familia, etc., y todas sus decisiones, de las que usted cree tener control, parten de esa situación. No tema darle el control de su vida a YHVH, eso no implica tener una actitud pasiva, sino vivir guiado por el Creador del Universo, nuestro Creador quien sabe que es lo mejor para nosotros, pronto aprenderá a vivir en la libertad de la más maravillosa esclavitud.
“Muéstrame, oh YHVH, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque Tu eres el Elohim de mi salvación” (Salmo 25:4-5)
Un padre le pide a su hijo llevar una carta al pueblo y le señala un camino por el cual el joven nunca ha ido. Está bien padre, pero no veo como ese camino me lleve al pueblo, dijo el joven. Te explicaré hijo, dijo el padre – ¿ves ese árbol? Si padre lo veo. Bueno, cuando llegues allá, vas a ver el camino, más adelante verás otro árbol y luego otro y así hasta que llegues al pueblo. De la misma manera, nuestro Padre Celestial quiere mostrarnos el Camino (Torah), un árbol a la vez – “mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá...” – Isaías 28:10. Todos queremos conocer el final del camino, es difícil moverse en la oscuridad, cuando no sabemos que hay al tomar una curva en el camino, o hacia donde nos lleva. Seguir un árbol a la vez demanda confianza en quien nos está guiando. Hoy es Shabbat, una señal, un árbol en el camino, no temamos, regocijémonos y demos gracias al Padre por cada uno de esos árboles (señales) que pone en nuestro camino hacia nuestro destino final. ¡Shabbat Shalom!
“Yo se los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice YHVH, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11)
Nuestro Padre Celestial solo tiene un propósito para nosotros: llevarnos a Él, a través de Su Torah, sin acortar el camino que debemos caminar en justicia y rectitud, siguiendo su guía que nos llevará a ser lo que Él quiere que seamos. Nosotros debemos seguirlo, adorarlo como nuestro Creador, Rey, Señor, Salvador, nuestro único Elohim, seguros de que, si seguimos Su camino, Su voluntad, nada podrá separarnos de Él ni de Su glorioso propósito para nuestras vidas. Como sus hijos, solo podemos considerar que lo que Él tenga para nosotros, así no lo veamos, así el futuro se vea incierto, y la vida más adelante se vuelve difícil y aparentemente intolerable; es lo mejor para nosotros. Cuando lleguemos al final de camino descubriremos que no caminamos solos, que Él estuvo a nuestro lado cada minuto y lo primero que hallaremos será a nuestro Mesías allí, esperándonos para mostrarnos que nos llevó a Su maravillosa Luz paso a paso y que valió la pena.
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