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Gota Diaria Junio 21/2021

“Ezequías…hizo lo recto ante los ojos de YHVH, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre… e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel…” (2Reyes 18:1-4) 

El libro de Números registra varias rebeliones del pueblo contra Elohim, y vemos la cantidad de veces que mucho pueblo cae muerto a consecuencias de sus rebeliones.  Se dice que aquel que no recuerda el pasado, está condenado a repetirlo.  Tanto en la vida secular como en las Escrituras, hay un sentido natural de que la vida es cíclica en vez de lineal.  La adoración a la serpiente era la práctica prevalente en Egipto, Canaán y Mesopotamia.  En el antiguo medio oriente, existía un ritual llamado “magia compasiva”, consistía en que, si un individuo sufría por el veneno de alguna planta o animal, al mirar la imagen de esa misma planta o animal, se creía que la persona sanaba.  La serpiente era uno de los muchos dioses de Egipto.  Cada que el pueblo ser rebelaba, su deseo era regresar al sitio de donde YHVH lo había rescatado y YHVH castiga al pueblo con el objeto de su deseo; Egipto y sus dioses, donde tenían el estómago lleno, pero no podían adorar a YHVH.  Sin embargo, Israel no aprendió la lección.  El propósito de YHVH era que con la serpiente el pueblo recordara su dependencia de Él, pero, todo lo contrario, recordaron a Egipto y su antigua vida, y guardaron la imagen para adorarla. Muchos años después, vemos a Israel adorando la serpiente y sufriendo a consecuencias de su rebelión e idolatría.   Hoy no es diferente, el pueblo sigue adorando su antigua vida y rebelándose contra Elohim.  Nadie quiere separarse del sistema, lo encuentran más atractivo que servirle a YHVH y vivir bajo Su Torah.  Pero no podemos mezclar lo santo con lo profano, si no nos separamos, igual que Israel, sufriremos a casa de nuestra idolatría.

Gota Diaria Junio 20/2021

“José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron”. “Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos a mí.  Y ellos se acercaron.  Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto” (Génesis 42:8 y 45:4) 

Todos conocemos la historia de José como fue vendido por sus hermanos, puesto en la cárcel, luego interpreta los sueños del Faraón y a raíz de eso es exaltado como gobernador de Egipto.  José termina vistiendo como un egipcio y lo más increíble y a lo que quizás no prestamos mucha atención, es al hecho que Faraón cambió el nombre hebreo de José por el nombre egipcio de: Zafnat-panea lo cual hizo aún más difícil que sus hermanos lo reconocieran.  José era para ellos un egipcio más.  José es sombra y tipología del Mesías quien en manos de la cultura greco-romana ha sufrido la misma transformación.  Cuando el mensaje del evangelio llegó a los dispersos en Grecia, los judíos y prosélitos helenos,  contaminados con el paganismo de la región, consideraron que era mejor presentarle a los gentiles un Mesías parecido a ellos e inician la transformación que termina con Roma cambiando Su nombre, hasta el punto que hoy en día, decirle a los creyentes que Yahushua es hebreo, que vivió como hebreo, que cumplió los mandamientos como hebreo y la única manera de entender Su mensaje es conociendo las raíces hebreas de la fe, es una total herejía.  La transformación que Grecia y Roma le hicieron al Mesías fue tan perfecta, que no debe sorprendernos por qué los judíos no lo reconocen.  Pero pronto vendrá de nuevo y dirá como dijo José a sus hermanos: “Mirad mis manos y mis pies, que YO MISMO SOY” – Lucas 24:39.

Gota Diaria Junio 19/2021

“Es más difícil ganar a un hermano ofendido que una ciudad fortificada, sus peleas son como barrotes de fortaleza” (Proverbios 18:19) 

Estar ofendido significa; estar herido, resentido, disgustado, sentirse rechazado.  Una persona ofendida generalmente cree que le han tratado mal, aunque no sea así.  Ofenderse es una de las causas más comunes de la ruptura de relaciones y es totalmente opuesto a la actitud que tomaría alguien que tenga una relación íntima y de compañerismo.  Mucha gente justifica el sentirse ofendido y no lo toma como el pecado que verdaderamente es.  Ofenderse es un acto voluntario y manifiesta muchas veces el orgullo que rige la vida del ofendido.  La acción de ofenderse es como una trampa, una vez que abres la puerta y entras quedas atrapado en el pasado y en la ofensa y no puedes vivir en libertad.  Las ciudades fortificadas tenían murallas que las protegían.  La persona ofendida levanta murallas invisibles con la intensión de protegerse y mantener a la gente lejos de el/ella para no ser ofendido, pero consecuentemente se alejan de Elohim.  Si estás ofendido por algo o con alguien, debes moverte de la posición de ofensa a la posición de bendición a través del perdón.  Perdón de Elohim por haberte ofendido y perdonar a aquellos que creemos nos han ofendido.  Esto trae bendición y paz.

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