“Mas hizo Elohim que el pueblo rodease por el camino del desierto del Mar Rojo” (Éxodo 13:18
Nuestros padres habían florecido y multiplicado en Egipto, pero luego se levantó un Faraón que no conocía a José y ahí empezaron los problemas para el pueblo. Israel fue esclavizado y obligado a someterse al Faraón y a adorar los dioses egipcios. Cuando YHVH guía a Moisés a sacar el pueblo de Egipto, lo guía camino a Sucot. Si miramos el mapa diríamos que es un desvío, ir hacia el norte sería lo correcto, pero el pueblo debía ir a Sucot a recoger los huesos de José. Allí estaban los huesos de un gobernador egipcio llamado “Zafnat-panea. Era el deber de Israel sacar los huesos de allí y llevarlos a donde pertenecían, a Canaán. José no podía ser recordado como “Zafnat-panea” – como un egipcio, como un extranjero, sino como José, como un hebreo con su verdadera identidad. Es vital para nosotros también recordar nuestra identidad. Egipto no es nuestro hogar, los dioses de Egipto no son nuestro Elohim. El sistema de Egipto no es nuestro sistema, nuestro reino. Lo que Elohim quiere para Su pueblo, es que: redimidos, miremos atrás a José y a sus ancestros, Abraham, Isaac y Jacob – y luego entremos al desierto camino de Sucot, hasta la Tierra Prometida.
“Yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que YHVH hizo con vosotros” (Deuteronomio 9:9)
Las tablas eran de piedra, no eran de un material costoso para que los ojos del hombre no se fijaran en las tablas en sí, sino en su contenido. Si le hubieran encargado a un ser humano a elaborarlas, tal vez las habría hecho de oro, como el becerro que hicieron para su dios pagano, o de mármol, bronce, las habría adornado con filigranas y esculpido en letras góticas y al margen tal vez pondría una placa para eternizar el momento. Pero, eran piedras sin elaboraciones. Las piedras no son complejas, son simples, todos las conocemos. Pero si todo es tan simple, ¿por qué tuvo que permanecer Moisés 40 días en el monte? Porque el secreto no estaba solo en las letras externas y en el material, sino en lo que ese inerte conjunto de arenillas puede ocultar. La piedra está formada por millones de partículas, así también los Diez Mandamientos contienen 613 instrucciones, secretos de todas las prescripciones sin excepción. En ellas está contenido todo el código de conducta a través del cual Elohim quiere que su pueblo viva. En esas tablas está expresada la voluntad de YHVH, son el corazón del Padre expresado en instrucciones para sus hijos. Fueron dadas en lenguaje sencillo y nos guían a construir nuestro destino de la mano de nuestro Creador.
“Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo 5:39)
Muchos al leer esta Escritura, creen que YHVH nos está pidiendo ser pasivos e ignorar lo que está pasando. Pero no es lo que Yahushua está diciendo. Volver la mejilla no es ser pasivo, es ser activo. Tan activo, que confunda a tu enemigo. Volver la mejilla es actuar de una forma tan revolucionaria, tan anormal, tan fuera de lo común que confunda a todos al rededor, que confunda al mundo – y lo cambie. Si queremos vencer el mal, debemos dejar de quejarnos de todo, y actuar. Debemos estar dispuesto a caminar la otra milla, a hacer lo inesperado, a responder ante la adversidad con coraje y confianza en Quien ha prometido no dejarnos ni abandonarnos. Si alguien nos ha herido, ofendido, ultrajado, porque estas cosas pasan y seguirán pasando debido a nuestra caída naturaleza, perdonemos, respondamos a todo esto con amor – ¿No fue eso lo que Yahushua hizo por nosotros y cambio nuestra vida? Hagamos del perdón un habito, estoy segura de que cambiara vidas, no solo la de aquellos a quienes perdonamos, sino principalmente la nuestra.
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