“Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Yeshua le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Elohim” (Lucas 9:61-62)
El llamado a ser discípulo de un sabio o profeta en el Israel del primer siglo significaba dejar familia, amigos, viajar bajo condiciones muy austeras y un total compromiso. El discípulo potencial debía primero estar seguro de que sus prioridades estuvieran en orden. Yahushua no quería que sus posibles discípulos tuvieran falsas expectativas y continuamente enfatizaba la necesidad de contar el costo antes de tomar la decisión de seguirlo. “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? – Lucas 14:28. Seguir a Yahushua, aceptar entrar en los vínculos del Pacto, separarse para Elohim y Su reino, no es algo liviano, es asunto de vida o muerte. Yahushua enfatiza el grado del compromiso de muchas maneras, “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” – Lucas 14:26. La palabra aborrecer en hebreo = amar menos, o poner en segundo lugar. Yahushua enfatiza que, si Elohim no es número uno en nuestra vida, no somos aptos, y no está diciendo que odiemos a los nuestros, sino que los amemos menos que a Él. YHWH debe ser la prioridad número uno de nuestra vida, de lo contrario vamos a encontrar tropiezo en El y en Su Torah.
“Porque YHVH es Espíritu; y donde está el Espíritu de YHVH, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17)
Yahushua dijo que había sido enviado a: “pregonar libertad a los cautivos… a poner en libertad a los oprimidos” – Lucas 4:18. Pero, en ninguna parte en las Escrituras leemos que formó un ejército y peleo contra los romanos para lograrlo. Él no hablaba de libertad física, hablaba de la libertad espiritual, la libertad de la esclavitud del pecado en la que se hallaba el hombre desde Adán. Pero cuando trató de explicarles la libertad que Él ofrecía no le entendieron – “Si vosotros permanecéis en mi Palabra (Torah), seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” – Juan 8:31-32. La forma como YHVH nos hace libres, está claramente explicada en Ezequiel 36:26-27 – “Os daré un corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos y los pongáis por obra” – el Espíritu de YHVH dentro de nosotros es Su Torah en nuestro corazón. La Torah de YHVH es el Espíritu de YHVH, es la Palabra de YHVH, es Yahushua. Y la perfecta libertad es vivir bajo la Torah. La Torah es la constitución de Reino de Elohim. Es el código de conducta que debe seguir el pueblo de YHVH. Es la ley de la libertad que nos lleva a recibir la promesa. Obedecer la Torah no es legalismo, es andar por el Camino de justicia.
“Estas son las jornadas de los hijos de Israel, que salieron de la tierra de Egipto por sus ejércitos, bajo el mando de Moisés y Aarón” (Números 33:1)
Treinta y ocho años viajaron los hijos de Israel sin llegar a su destino final después de que toda la generación que YHVH había jurado que no entrarían a la tierra prometida murió. YHVH empezó a preparar a Su pueblo para la conquista – Números 2:14 y 25). Estas jornadas son simbólicas de nuestro viaje de la esclavitud a nuestra redención final. Pero la vida no es solo un principio y un fin, es como vivimos aquí y ahora. No es solo el llegar a nuestro destino, es como llegamos. El concepto hebreo sobre la vida está determinado por la fe, o fidelidad a lo que creemos y somos como pueblo de YHVH. Es el vivir día a día bajo la Torah, es el vivir a plenitud pequeñas jornadas que conforman un todo. Es el dejarse guiar por el Padre Celestial y dejar en Sus manos el trazo final del viaje. Es el valorar cada momento como un regalo precioso que nos permite ver la mano de nuestro Creador en todo, y aceptar que todo en nuestra vida trae un propósito y siempre será el de acercarnos a nuestro Padre y prepararnos para el evento final. Vivamos nuestras pequeñas jornadas diarias con gratitud y alabanza y aprendamos la lección que cada una trae. Todo obra para bien.
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