“Tu diestra, oh YHVH, ha sido magnificada en poder; tu diestra, oh YHVH, ha quebrantado al enemigo” (Éxodo 15:6)
La historia nos cuenta como YHVH sacó a Su pueblo de Egipto, a través del Mar Rojo, al Monte Sinaí y luego a través del desierto hasta la Tierra Prometida. Israel debía vencer a sus enemigos para poder salir de Egipto y tomar posesión de la tierra prometida. El primer enemigo era el Faraón. La palabra Egipto significa esclavitud y el Faraón era el rey de Egipto y quien los tenía esclavizados. Hoy, Satanás tiene esclavizado al mundo en su Egipto – Sistema – y al igual como Israel en el desierto más de una vez quiso regresar a Egipto donde tenía la comodidad que ellos conocían, aun siendo esclavos; hoy el pueblo de Elohim lucha para dejar el sistema, en el que cree que tiene lo que necesita para ser feliz. El proverbio popular dice “solo se extraña lo que se conoce”, es decir como no conocen la verdadera libertad que da el Ruaj, no la extrañan y prefieren vivir en esclavitud que dar un paso decisivo en la vida y buscar el Reino de Elohim. El único camino a la Tierra Prometida es a través del desierto, no hay atajos, hay que cruzarlo si queremos llegar a nuestro destino. Fue en el desierto donde YHVH le dio a Israel la Torah, y es en el desierto donde YHVH se revela a Su pueblo, donde lo equipa para el viaje, donde le muestra Su gloria y le permite obtener victorias que fortalezcan su fe y donde puede experimentar la sed de Elohim y la manera de saciarla. Es en el desierto donde le dio el maná, es allí donde nos suple de Su pan de vida – “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” – Oseas 3:14. ¡Shabbat Shalom!
“¡Oh cuanto amo yo tu Torah! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos” (Salmo 119:97)
La palabra Torah significa = Instrucción. Y cuando hablamos de ella nos estamos refiriendo a las instrucciones dadas por YHVH al pueblo de Israel a través de Moisés. También puede referirse a los Cinco Libros de Moisés, y muchas veces también se usa para referirse a toda la Escritura. Para los sabios hebreos, la Torah contiene el diseño del universo, ya que es la Palabra de YHVH y El todo lo creó con Su palabra. Torah es diferente a la sabiduría humana, o al sentido común. Por ejemplo; la sabiduría dice que lo que le hagas a otros, va a rebotar más tarde en usted. Así que usted decide si quiere sufrir o no las consecuencias de su acción por el beneficio inmediato. La Torah, por el contrario, no solo le da este tipo de información, sino que le instruye. Por ejemplo; es bueno saber que “no robar” es beneficioso para usted y la sociedad donde vive, pero esa no es la razón para no robar, usted no debe hacerlo porque esa es la voluntad del Creador. La Torah es el deseo del Creador para Su creación. Revela el corazón del Creador, Su carácter, Su santidad, Su Camino. La semilla de la Torah fue plantada en el Sinaí, plasmada en Cinco Libros, pero su voz continúa siendo escuchada de generación en generación a medida que todos aquellos que la estudian descubren el ADN de esta maravillosa semilla, descubren su significado y la riqueza de su aplicación en la vida del pueblo de Elohim. Cuando estudie la Torah, que su objetivo no sea solo obtener información, sino conocer al Creador y a Su creación. Crecer en su relación con El, fortalecer los lazos con los hermanos y juntos prepararnos para su eminente regreso.
“Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:” (Mateo 5:1-2)
En los días de Yeshua, los maestros de la Torah tenían estudiantes dedicados al estudio de la Torah, llamados “Talmidim” o discípulos. El sistema del “discipulado” maestro – discípulo, estaba bien establecido en la cultura hebrea. No había seminarios, institutos bíblicos sino la enseñanza por medio del contacto personal del maestro con el discípulo. Yahushua fue considerado rabí – maestro – “Y volviéndose Yahushua, y viendo que le seguían, les dijo: ¿qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (maestro), ¿dónde moras?” – Lucas 1:38. Yahushua pasaba mucho tiempo con sus discípulos y cuando se iba al monte, no era invitando a la multitud a seguirle, sino todo lo contrario; era para alejarse de la multitud y pasar tiempo con sus discípulos enseñándoles. En ese tiempo, cuando el rabí o maestro se sentaba, quería decir que iba a enseñar. Esa era la señal para el discípulo. Tan pronto veía al maestro sentarse, él se sentaba a sus pies y escuchaba atentamente todo lo que el maestro tenía para él. Recibía sus instrucciones y siempre se esperaba que el discípulo, una vez aprendida la lección, la pusiera en práctica – “El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro…” – Mateo 10:24-25. Después de cierto tiempo, el estudiante de la Torah debía estar enseñando, imitando al maestro en todo, haciendo discípulos el mismo y transmitiendo todo lo que había aprendido. El maestro era tenido en más alta estima que el padre. Según la tradición hebrea, el padre lo traía a uno al mundo presente, pero el Rabí (maestro) le llevaría al mundo venidero.
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