“En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33)
En esta vida todos, creyentes y no creyentes, experimentamos tentaciones, tribulaciones y sufrimientos de diferentes formas; bancarrota, desempleo, enfermedades, relaciones rotas, etc. Nadie es inmune a los momentos difíciles, pero quienes tenemos a Elohim por Padre y a Yahushua por nuestro Salvador, hemos sido bendecidos con el Ruaj Hakoddesh (Espíritu Santo) que nos ayuda a soportar cualquier prueba que llegue a nuestra vida. Es maravilloso saber que como hijos de YHVH tenemos comunicación directa con el Padre, más aún en esos momentos difíciles. No tenemos por qué responder a esas situaciones como el mundo responde, con ira, depresión y deseos de venganza, ni tenemos que arreglar las cosas a nuestra manera, aunque seamos tentados a hacerlo, YHVH dice que estemos quietos y confiemos en El. Esos momentos prueban nuestro carácter y revelan nuestra relación con YHVH. Recordemos que, en este mundo, los problemas no van a desaparecer, que no debemos tomar decisiones basados en impulsos, sino estar quietos y confiar en Elohim.
“Yo se los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice YHVH, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11)
Nuestro Padre Celestial solo tiene un propósito para nosotros: llevarnos a Él, a través de Su Torah, sin acortar el camino que debemos caminar en justicia y rectitud, siguiendo su guía que nos llevará a ser lo que Él quiere que seamos. Nosotros debemos seguirlo, adorarlo como nuestro Creador, Rey, Señor, Salvador, nuestro único Elohim, seguros de que, si seguimos Su camino, Su voluntad, nada podrá separarnos de Él ni de Su glorioso propósito para nuestras vidas. Como sus hijos, solo podemos considerar que lo que Él tenga para nosotros, así no lo veamos, así el futuro se vea incierto, y la vida más adelante se vuelve difícil y aparentemente intolerable; es lo mejor para nosotros. Cuando lleguemos al final de camino descubriremos que no caminamos solos, que Él estuvo a nuestro lado cada minuto y lo primero que hallaremos será a nuestro Mesías allí, esperándonos para mostrarnos que nos llevó a Su maravillosa Luz paso a paso y que valió la pena.
“De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12)
La palabra “ley” usada en los Escritos Apostólicos (NT) es equivalente a la palabra “ley” en hebreo la cual es “Torah” – H8451 – y que significa: enseñanza / instrucciones / preceptos. La palabra griega para “ley” es “Nomos”, y es la palabra usada como la palabra hebrea “Torah” en la septuagésima (traducción griega del Tanaj (AT) del siglo tercero). Por consiguiente, los eruditos judíos quienes tradujeron el Tanaj (AT) al idioma griego, consideraron las palabras Nomos y Torah equivalentes. En el Nuevo Testamento, cuando aparece la palabra nomos, no se refiere a la ley Romana, Griega o Babilónica, sino a la palabra hebrea, “Torah” o – Ley de Moisés”. La Biblia fue escrita en hebreo o arameo, por hebreos que hablaban hebreo, que vivían bajo la cultura y religión hebrea y que adoraban y servían a YHVH el Elohim de los hebreos. Para los israelitas del tiempo de Yahushua, incluyendo los apóstoles, la Torah de Elohim, dada a Moisés, forma la enseñanza central que regula y gobierna todo aspecto de la vida, cultura, familia, matrimonio, sociedad, relación con las demás naciones y religión del pueblo de Elohim. Por consiguiente, “ley” para ellos, era “Torah” y no tiene la connotación que el término ley tiene para la mentalidad cristiana occidental, que tiende a ver la palabra “ley” de los Escritos Apostólicos (NT), con predisposición legalista. Pero si queremos conocer el corazón del Padre y Creador del Universo, que debe ser la pasión de todo creyente, debemos buscarlo en la Torah, la cual es la clave para tener una correcta, profunda y eterna relación con nuestro Creador.
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