“He aquí yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no lo tolerará más” (Amós 7:8)
Estas son palabras mayores. El pueblo de Israel iba camino a la destrucción por no seguir las instrucciones de YHVH para su seguridad y bienestar. Habían decidido que sabían más que Elohim. Cuando la plomada se deja caer a lo largo de una pared en construcción, ésta revela si la pared está siendo construida verticalmente o no. Las paredes que están fuera de línea pueden colapsar fácilmente. Cuando llevamos vidas fuera de la línea de Elohim, de Su plomada, fácilmente traemos destrucción a nuestra vida, tal vez no inmediatamente, pero a lo largo del camino, empezaremos a ver las consecuencias. Podemos elegir entre reconocer la línea de YHVH o ignorarla. Es sorprendente como el albañil se convence así mismo que la pared que está construyendo está quedando vertical, es solo cuando se aparta unos pasos de la línea de la plomada, que descubre la verdad. El mundo está viviendo días desesperantes, la necesidad de Elohim es evidente, mas, la mayoría no lo reconocen, las soluciones fuera de Su línea son más atractivas, los líderes venden ideas y subyugan a un pueblo desesperado. El decir de muchos es: siempre ha habido guerras, hambrunas, desastres naturales, y es cierto; pero jamás el calendario divino había estado tan cercano. Hoy al igual que en los tiempos de Amós, YHVH ha dejado caer Su plomada. Necesitamos buscar a Elohim con todo nuestro corazón.
“Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; más sobre quien ella cayere, le desmenuzará” (Lucas 20:18)
Con frecuencia pensamos que estar quebrantado es la condición en que quedamos después de que el mundo nos ha hecho trizas, y venimos a YHVH a que nos restaure. Cuando la mano humana nos quebranta lo que le traemos al Padre son pedazos deteriorados, pero si le permitimos a El quebrantarnos, los pedazos serán restaurados por Sus manos y solo Él sabe la nueva forma que nos va a dar. ¿Qué significa ser quebrantado? ¿Por qué lo necesitamos? Tarde o temprano nuestra estructura va a fallar y la diferencia está en si voy a estar sobre la roca o debajo de ella. Cuando mi autosuficiencia, mi ego se derrumbe, ¿qué quiero? ¿Pelear y dar coces contra el aguijón? O ¿someterme a la intervención divina y dejar que el Padre Celestial con su amor y cuidado me moldee de nuevo? Ser quebrantado por El, es caer de rodillas delante de Su presencia y reconocerlo por lo que es, nuestro Salvador, Rey y Señor. Es abrir nuestros brazos, exponer nuestro corazón y mirando al cielo decirle “aquí estoy Señor”. Es estar sin una gota de esperanza y aun así, decir: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Oremos: Amado Padre, aquí estamos, rotos, secos, despedazados, pero dispuestos a que tu mano nos moldee y haga de nosotros vasos de honra. Preferimos ser quebrantados por ti que caer en manos humanas y como David decimos: “caigamos ahora en mano de YHVH, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres” (2 Samuel 24:14). Moldéanos a tu imagen Señor, úsanos como lo creas conveniente, te amamos y confiamos en Ti.
“Cuando salgas a la Guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque YHVH tu Elohim está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto” (Deuteronomio 20:1)
YHVH tuvo a Israel por cerca de un año acampando al pie del Monte Sinaí, donde lo preparó para su destino. Allí les dio la Torah, les dio estructura, jerarquía, los organizó no solo para acampar alrededor de Su gloria, sino para marchar en el momento que fuera necesario cambiar de escenario. No dejo cabo suelto, nada quedo a decisión del hombre. A partir del Sinaí, todo sería manejado por YHVH e Israel caminaría por el desierto como el pueblo de YHVH llevado de Su mano. Para que exista una nación, debe haber: una tierra, un pueblo y una constitución. Desde el llamamiento de Abraham, YHVH estaba preparando al pueblo. La tierra ya existía y ahora necesitaba quien la habitara en Su nombre. En el Monte les da la constitución y ahora Israel debía llegar a la tierra y pelear por ella. YHVH se las da como promesa e Israel debía tomar posesión de ella. YHVH advierte al pueblo de que habría guerras, que encontrarían enemigos, pero que en esos momentos recordarán que YHVH estaba con ellos. Hemos aprendido que el viaje de Israel por el desierto es el modelo de nuestro peregrinaje por el mundo, camino a Canaán. Encontramos enemigos, peleamos batallas, aprendemos lecciones en cada parada, y sabemos que YHVH está a nuestro lado llevándonos de Su mano. YHVH nos pide al igual que lo hizo con Israel, no hacer concesiones ni mezclarnos con el enemigo (sistema). Mantenernos separados para El, mantener nuestra identidad como pueblo de YHVH obedeciendo Su Torah y cumpliendo con nuestro llamamiento de mostrarle al mundo Su gloria y llevar a muchos a Su conocimiento.
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