“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Elohim” (Salmo 143:10)
Enséñame a recibir todo lo que llega a mi vida hoy, con paz en mi corazón y con la firme convicción de que todo está bajo tu control. Enséñame a ver en cada persona que es parte de mi vida, ya sea familiar, laboral o de amistad como los instrumentos que usas para formar mi vida y darme lecciones que moldeen mi carácter. Enséñame a entender que cada evento, circunstancia, palabra o acción que me afecte ha sido filtrado por ti y por consiguiente ha sido diseñado y aprobado para edificar mi vida, y que, aunque lo vea como algo negativo, nunca dude de que el resultado final será positivo, enriquecedor y edificante. Enséñame a tener el valor de decir a quienes pretenden ofenderme, como dijo José “no me enviasteis acá vosotros, sino Elohim…vosotros pensasteis mal contra mí, mas YHVH lo encaminó a bien” (Génesis 45: 8 y 50:20). Enséñame, Señor a ver todo con tus ojos y a darte la gloria en todo.
“Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?” (Mateo 5:46)
Vivimos en el mundo de las recompensas donde los favores se pagan y dejan de ser favores. Todo funciona a base de la retribución. Doy si me dan, amo si me aman, y esperamos que hasta el más diminuto detalle sea recompensado, de lo contrario tildamos a la gente de ingrata y malagradecida. Pero en el Reino de Elohim, las cosas no funcionan así. La Escritura dice que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda. Todo lo que hacemos, lo hacemos como para el Señor y El hará nuestra recompensa pública, bendiciéndonos más no pagándonos favores o igualando cuentas. Todo don perfecto procede de El. El hace en nosotros todo lo que es agradable delante de Él. Nada bueno hacemos por nuestra propia cuenta, somos simples instrumentos de bendición en sus manos.
“Perdónanos… como también nosotros perdonamos” (Mateo 6:12)
La misericordia se entiende mejor cuando hemos tenido necesidad no solo de darla sino de recibirla. Es un regalo maravilloso, pero difícil de dar cuando hemos sido ofendidos. Nuestra naturaleza humana lucha y no está dispuesta a darla, no es fácil perdonar. Pero cuando nos encontramos en la posición opuesta y hemos sido los ofensores y necesitamos de ese perdón, podemos darnos cuenta del precio tan alto que tiene semejante regalo. No es lo mismo dar que pedir, pero con relación a las ofensas y el perdón, tanto el perdonar como el pedir perdón, es igualmente doloroso y difícil. Necesitamos que el Ruaj nos revele y enseñe el maravilloso secreto que hay en dar o pedir perdón, los beneficios son innumerables. Cuando hay amargura en nuestro corazón causada por ofensas o cuando el orgullo nos impide aceptar que hemos ofendido, todo nuestro ser es afectado, sutilmente, sin darnos cuenta, empezamos a sufrir física, moral y espiritualmente y lo que el perdón hace, es traer sanidad total a nuestro ser.
Hay 22 invitados y ningún miembro en línea