“Yo me acosté y dormí, y desperté, porque YHVH me sustentaba” (Salmo 3:5)
¡Qué le desvela? ¿Su familia, empleo, salud, hijos…? Todos hemos experimentado noches de insomnio sin poder evitar esos pensamientos de preocupación. David no escribió este salmo en su cama en el palacio, lo escribió cuando huía de su hijo Absalón quien había organizado una rebelión contra su padre para derrocarlo del trono. Pero ¿qué hizo David? Fue a YHVH. David nos recuerda en este salmo, que, aunque todo vaya mal y parezca no haber esperanza, YHVH sigue ahí. El clamó a aquel quien era su Escudo alrededor de él y quien levantaba su cabeza — salmo 3:3. David podía dormir tranquilo en medio de la crisis porque sabía que YHVH había escuchado su oración — “Con mi voz clamé a YHVH, y él me respondió desde su monte santo” — Salmo 3:4. Cuando el insomnio nos ataque con preocupaciones, recordemos que YHVH es Escudo a nuestro alrededor y podemos dormir confiados.
“Yo me alegre con los que me decían: a la casa de YHVH iremos” (Salmo 122:1)
Para los hebreos, la vida en el cielo se percibe como un eterno Shabbat, un lugar donde la belleza y tranquilidad del Shabbat es experimentada constantemente. Así, que, guardar el Shabbat nos permite saborear un poco el mundo venidero, nos da una vislumbre de la paz que vivieron Adán y Eva en el paraíso. Durante toda la semana, todo apunta al Shabbat, esa expectativa que vivimos toda la semana en espera de este anhelado reposo donde nuestro espíritu se rejuvenece, nos llenamos de fuerza y nos revitalizamos para poder enfrentar una nueva semana. Pero el Shabbat tiene un significado más profundo como el epítome de una vida separada, donde el resto de la semana es el prólogo para la llegada del Shabbat. Vivimos cada día en preparación para el Shabbat. Debemos vivir toda la semana anhelando esa cita con nuestro Padre, preparándonos para ella, así que seamos sabios, prudentes, cuidadosos de cómo nos preparamos para el Shabbat, y que el Shabbat no se convierta en un paño de lágrimas donde pasamos el día pidiendo perdón por todos los errores de la semana, sino en la culminación de esa semana llena de luchas y victorias ganadas en El. ¡Shabbat Shalom!
“Ahora, pues, oh, Israel, oye los estatutos y decretos que Yo os enseño hoy, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que YHVH el Elohim de vuestros padres os da” (Deuteronomio 4:1)
Elohim siempre ha dado instrucciones, siempre ha dado Torah. Desde el jardín del Edén cuando puso a Adán y a Eva en él, lo primero que hizo fue darles instrucciones y el hombre, desde Adán, siempre las ha quebrantado. Cuando puso a Adán en el huerto, le dijo: “De todo árbol de huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” – Génesis 2:16-17. Sabemos que Adán comió y murió, es decir, rompió su relación con Elohim. Hoy de nuevo, Elohim nos dice que debemos: escuchar y hacer si queremos vivir y poseer la tierra (Reino). Como dice Santiago, “la fe sin obras es muerta”. Debemos escuchar la Torah, caminar en ella, y así tendremos la vida de Elohim en nosotros y podremos entrar y ser parte de Su Reino. No podemos profesar fe en el Mesías y no vivir Su Torah. Durante el peregrinaje de Israel por el desierto, cuando alguien pecaba (desobedecía la Torah) era sacado fuera del campamento por 7 días. Siete días que se le daban para que se arrepintiera. Durante esos 7 días, la persona estaba fuera de la protección de YHVH. Una vez dentro del campamento de nuevo, él/ella sabía que ahí tendría alimento, agua y protección contra los enemigos. Una vez más estaba bajo la nube y bajo la columna de fuego. Bajo la sombra del Altísimo. Las instrucciones de Elohim no han cambiado, Su Torah es la misma. Si queremos tener la protección de YHVH, debemos: escuchar y hacer para poder vivir y poseer.
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