“Hizo él lo recto ante los ojos de YHVH, aunque no de perfecto corazón” (2Crónicas 25:2)
Siempre que leamos en las Escrituras sobre alguien que retó el camino de YHVH, siguiendo su propio camino, vemos que los resultados fueron desastrosos. El orgullo y la soberbia no son sustitutos de la humildad y la obediencia. La mezcla entre hacer la voluntad de Elohim en algunas cosas y la nuestra en otras, es la receta perfecta para el desastre. Hacer las cosas con un corazón no perfecto, es renuencia a estar bajo autoridad, a aceptar el Señorío del Mesías en nuestra vida y por consiguiente en nuestra toma de decisiones. Cuando hacemos las cosas con desgano, más rápido de lo que creemos, nuestro corazón se contamina y la obstinación será su primer síntoma, luego entrará en rebeldía y sin darnos cuenta estaremos trazando el camino a la destrucción y a la decadencia espiritual. No pensemos que una vida desastrosa es una vida carente de lo necesario o llena de problemas; no necesariamente, puedes tener abundancia y carecer de problemas, pero si tu relación y compromiso con YHVH es nulo, si tu diario vivir se centra en la búsqueda de satisfacciones personales, si el reconocer a Yahushua como Señor de tu vida no incluye sumisión a su autoridad y Señorío, tienes una vida desastrosa.
“La justicia engrandece a la nación; más el pecado es afrenta de las naciones” (Proverbios 14:24)
Muchos tienen la tendencia a categorizar el pecado y el rango va desde los más pequeños o veniales hasta los más grandes y dañinos llamados por muchos mortales. Pero en realidad, nadie peca aislado ni las consecuencias son particulares. Toda desobediencia a Dios afecta no solo al pecador sino a muchos otros en el presente y futuro. Si fuéramos a separar el pecado de Adán y Eva de su contexto, muy pocos los culparían de una gran transgresión, la mayoría pensarían que lo que hicieron no fue tan grave, simplemente comieron una fruta de un árbol con el aviso de “no comer”, sin embargo, ese tan insignificante detalle, ha afectado la humanidad desde entonces. Hoy en día la gente piensa que ignorar unos cuantos mandamientos, aun siendo bíblicos no es mayor cosa. Pero YHVH ve nuestros pecados desde otra perspectiva. Cada uno es seguido de consecuencias negativas, por ejemplo: en el caso de Adán y Eva y de cualquier creyente hoy en día, lo primero que afecta es nuestra relación con YHVH. Después, todo a nuestro alrededor cambia, pues ya no solo tenemos que lidiar con la vida sin dirección divina, sino con todos aquellos afectados por nuestra acción. Piense ¿cuántas personas afecta un padre adultero, un empleado deshonesto, un político corrupto? Recordemos, nuestras acciones determinan lo que somos.
“Y repartieron los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a todos ellos trompetas en sus manos, y cántaros varios con teas ardiendo dentro de los cántaros” (Jueces 7:16)
Cuando YHVH llamó a Gedeón para guiar a Israel contra sus enemigos, le mostró que un pequeño ejercito lleno del poder de YHVH, era más efectivo que un gran ejercito peleando con sus propias fuerzas. Los trescientos pelearon con armas que el mundo consideraría inútiles. Trompetas y cántaros. Debían sonar las trompetas y romper los cántaros para que su luz brillara. Pablo dice - “pero tenemos este tesoro en vasos de barro — Somos cántaros humanos llevando el fuego de YHVH - Su Ruaj dentro de nosotros. Pero para que esa luz sea vista, los cántaros deben romperse. Las grandes victorias obtenidas después del quebrantamiento, siempre nos harán estar más aferrados a YHVH. Nuestro viejo hombre debe ser crucificado y roto, para que esa nueva creación según la Torah salga a la luz y brille con Su Luz, no la nuestra. Gedeón ganó una batalla con 300 hombres aperados de trompetas y cántaros rotos: no temamos, mientras más quebrantado este nuestro viejo hombre, más segura es la victoria. YHVH dice: “No es vuestra la guerra, sino de Elohim” - 2 Crónicas 20:15.
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