“Y digas en tu corazón: mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (Deuteronomio 8:17)
Una vida verdaderamente efectiva solo es posible cuando desarrollamos una perspectiva Bíblica sobre la vida. Se puede aprender mucho sobre el mundo a través de la investigación científica y la experiencia. Pero la sabiduría, la habilidad para vivir de manera efectiva, se deriva principalmente de la revelación que YHVH nos da a través de la Torah. Y digo principalmente, porque esto no es un ejercicio académico, es decir; leer o incluso memorizar versículos. La Tora si no se vive, no produce nada que valga la pena, como dice la misma Escritura “no es el oidor, sino el hacedor”. Las Escrituras son más que una colección de dichos sabios. A través de sus historias, instrucciones, profecías, etc., logra dirigirnos a conocer al Padre y la necesidad de confiar en Él y lo que nos ha provisto en el Mesías. Expresa sus instrucciones de tal manera, que hace que realmente nos enfrentemos con cada aspecto de la vida. Moisés imaginó un día en que el pueblo de Israel conocería un gran nivel de prosperidad y les advierte que se aseguren de nunca darse crédito por su riqueza. La Torah está llena de principios para vivir. Vivir con cuidado la vida según la Palabra de YHVH siempre será lo mejor. Es más fácil caminar por este sistema con una guía segura que a la deriva. ¡Shabbat Shalom¡
“He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña de Horeb; y golpearás la peña, y saldrá de ella aguas, y beberá el pueblo” (Éxodo 17:6)
Ahora el pueblo se queda sin agua y ¿qué hace? Lo que sabe hacer muy bien – quejarse. Moisés les hace dos preguntas: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a YHVH? En otras palabras, el pueblo culpaba a Moisés y a YHVH de todo lo malo. ¿Le suena esto familiar? Por supuesto, hoy en día YHVH es culpable de las inundaciones, terremotos, calentamiento global, de todos los desastres. Desde la creación el hombre siempre ha buscado un chivo expiatorio a quién culpar de todo. ¿Qué le dijo Adán a Elohim en el huerto? “La mujer que me disté por compañera, me dio del árbol, y yo comí” – Génesis 3:12. Es decir: si no me hubieras dado una compañera, no había tenido problema, fue tu culpa. Igualmente, el pueblo – “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed? ¿Queremos que YHVH intervenga en nuestra vida? Pues debemos aceptar que lo haga a Su manera, no a la nuestra. YHVH sabía lo que el pueblo necesitaba, como sabe lo que necesitamos cada uno de nosotros en este momento. El pueblo necesitaba agua de la Roca. “Todos bebieron la misma bebida espiritual; porque todos bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la roca era el Mesías” – 1Corintios 10:4
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Mesías, el Hijo del Elohim viviente” (Juan 6:68-69)
El hombre va hasta el fin del mundo, buscando conocer la verdad, para encontrar la razón de ser, para entender el por qué nació, por qué está aquí. Busca en cientos de dioses diferentes, comida para su alma, luz para su espíritu, investiga, experimenta, y por lo regular vuelve a quedar tan hambriento y sediento como cuando empezó y en los momentos duros de su vida, no tiene a quien ir. Yahushua dijo: “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Cuando pasamos por situaciones difíciles, enfermedades, tragedias, pérdidas insoportables que nos rompen el corazón y donde ni siquiera aquellos más cercanos pueden ayudarnos a soportar el dolor, conocer a Yahushua y su gran amor, saber que Él nos sostiene, nos da descanso y calma nuestro dolor por medio del Ruaj, es la esperanza más bella de todo creyente. Por lo regular son esos momentos, esas espinas en el corazón, las que dan paso a los momentos más bellos en comunión con nuestro Padre Celestial, son los que maduran nuestro carácter y dulcifican nuestro espíritu, son los que nos permiten ver la gloria de Elohim en todo su esplendor, restaurándonos y poniéndonos en pie de nuevo. ¿A quién iremos? ¿A dónde se va cuando ya no hay a dónde ir? A Yahushua, el conoce tu dolor y sólo el, sabe cómo sanarlo.
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