Los días del sacerdote Elí, fueron días muy duros. Elí había fallado en enseñar a sus hijos el Camino de YHVH – “Los hijos de Elí eran hombres impíos y no tenían conocimiento de YHVH” – 1Samuel 2:12. Así que si el sacerdote era negligente con su propia casa ¿qué podemos esperar con el pueblo que ya estaba acostumbrado a ir tras dioses ajenos y costumbres paganas? Israel siempre se contaminó con los pueblos vecinos y aprendió sus costumbres. Desde que Elohim lo redimió de Egipto, vez tras vez, se desviaba y seguía pueblos que no tenían conocimiento de Elohim. Le costó mucho a Israel asumir la identidad de ser el pueblo de Elohim. Lo triste es que hoy también escasea la Palabra (Torah) de YHVH. Hay muchas corrientes y doctrinas, pero la mayoría están contaminadas con costumbres paganas igual que antes. El pueblo de nuevo se contaminó con los pueblos vecinos y sus costumbres paganas (sistema). No ha podido asumir y adoptar la identidad del pueblo de Elohim. No ha entendido que ser Su pueblo implica ser Kaddosh (separado). Que hay límites bien demarcados para el pueblo de Elohim y constantemente los violan y traspasan los linderos establecidos por Elohim. No hay visión definida de YHVH. La mayoría de los profetas hoy en día han malinterpretado la función del profeta que es de volver el pueblo a la Torah y se han dedicado a profetizar de su propio corazón lo que desean para su grupo particular, solo quieren complacer el comezón de oír cualquier cosa que tiene el pueblo. Finalmente, Elohim le envía un mensaje a Elí – “Yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Elohim, y él no los ha estorbado” –1Samuel 3:13. Pidámosle a YHVH que nos dé la sabiduría y la valentía para proclamar Su Torah, a tiempo y fuera de tiempo, para que no escasee.
Elohim nos conoce tanto que sabe exactamente cómo vamos a responder en determinada situación. No está dictándonos que decir o hacer, simplemente nos conoce y por consiguiente, sabe como reaccionaremos en cada circunstancia de la vida. El no solo está cuidando de nosotros, El disfruta hacerlo y vigila cada uno de nuestros movimientos y como un Padre amoroso cuando nos equivocamos, permite que la luz de Su Ruaj penetre profundamente en nuestro corazón y nos revele la verdad de nuestra falta y nos guía al arrepentimiento y a la reconciliación con El. Nos conoce tan íntima y profundamente que no podemos esconder de Él ni el más mínimo pensamiento. Toda nuestra vida está rodeada de Él, de su amor, de Su misericordia, de Su protección. ¡Gloria a Elohim por su maravillosa presencia en medio de nosotros¡ Saber que sin importar lo que somos El está pendiente de nosotros, nos hace estar más agradecidos y humillados ante El en adoración. Nada es comparado con el gozo de saber que el Padre Celestial está a nuestro lado, que en circunstancias adversas cuento con la mano poderosa de mi Hacedor para sacarme de la situación en que me encuentre. Pero lo más maravilloso de todo, es saber que no debo temer a las circunstancias ni al futuro, porque todo está en Sus manos.
Esta es la verdadera libertad, la libertad que solo se encuentra caminando en el Espíritu, en la Torah, haciendo las cosas que le agradan a Elohim, obedeciendo sus instrucciones, mandamientos y preceptos (Torah). Yahshua es nuestro ejemplo. El caminó en total obediencia y sujeción al Padre y por eso Elohim le dio el poder de hacer libre a todo aquel que llegue a Él. El es esa verdad que nos hace libres, El es la imagen del Elohim invisible que a través de Su Espíritu viene a morar en nosotros y a enseñarnos a caminar paso a paso en Sus caminos. Así como Yahshua cuando vivió en este mundo, nosotros como participantes de Su naturaleza, Su vida, y teniendo el Ruaj morando en nosotros, estamos llamados a caminar paso a paso en total obediencia al Padre. Cuando Israel acampaba en el desierto, tenía que mirar constantemente a la nube o a la columna de fuego para moverse. Ellos no hacían planes acerca de mañana o el próximo año, ellos solo esperaban dirección de lo alto para actuar. Usted dirá que eso no es libertad, pero esa es la verdadera libertad, la libertad de vivir bajo la nube y la columna de fuego, guiándonos a nuestro verdadero destino. Nadie sabe que le depara el futuro, que será el mañana, solo Elohim, quien nos creo para su gloria y alabanza conoce hasta el último detalle de nuestra existencia. Conocer la verdad es conocer al Mesías y seguir la Torah.
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