En la antigüedad la única forma de proteger una ciudad de los invasores, era rodeándola de muros y poniendo guardias que la vigilaran día y noche. Hoy en día muchos de los muros de esas ciudades permanecen en pie. La Biblia nos cuenta como en los tiempos de Nehemías, Jerusalén estaba desolada, el muro derribado y las puertas destruidas. Sabiendo lo importante que eran los muros para la ciudad, Nehemías llora y ora a Elohim por su pueblo y su ciudad y sabe que está llamado a restaurarla. Sin muros la ciudad está completamente indefensa. La Escritura compara los muros de una ciudad, con la vida de una persona. El control de nuestra conducta y comportamiento es vital para la protección contra la invasión enemiga. Pablo explica en Gálatas 6:7-8, las consecuencias de vivir una vida sin control, ignorando los parámetros de Elohim. Así como una ciudad sin muros esta indefensa, la vida de una persona sin control está también a merced del enemigo. Sin el Ruaj Ha Kodesh (Espíritu Santo), ninguno de nosotros tendrá fuerzas para resistir el ataque del enemigo, todos necesitamos el espíritu de dominio propio. El problema es que mucha gente disfruta demasiado las cosas que se filtran por los muros resquebrajados y YHVH no puede ayudarnos a ganar una batalla que deseamos perder. Pidámosle a Elohim primero que nos de el deseo de reparar los muros, luego nuestra vida será fuerte y efectiva para El.
El deseo de mi corazón es la salvación de mi familia, de todos aquellos que amo, del pueblo judío, y estoy segura que es el deseo de ustedes también. Y ¿cuántas veces hemos llorado por aquellos que una vez conocieron la verdad y caminaron en ella y ahora se encuentran a millas de distancia del Padre? Sin embargo no podemos dejar de orar, así pasen los años y pareciera que el tiempo nos robara la fe, tenemos que seguir y creer no podemos subestimar el poder de la oración. “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). Hace 2.000 años Pablo oró: “el anhelo de mi corazón, y mi oración a Elohim por Israel, es para salvación” (Romanos 10:1). Ahora dos mil años después, esa oración está siendo contestada de una forma sorprendente, nunca antes el pueblo judío había estado tan interesado en Yahshua como ahora y nunca antes tanto judío había aceptado a Yahshua como su Mesías como hasta ahora. Obviamente, no podemos esperar dos mil años para que los nuestros sean salvos, pero tenemos que creer que nuestras oraciones no son en vano, y que nuestra fe en YHVH siempre será recompensada. Elohim conoce nuestros deseos y el llanto de nuestro corazón, no nos rindamos.
Somos el producto de nuestros pensamientos, así que, es supremamente importante escoger cuidadosamente donde vamos a enfocar nuestra energía mental. Podemos aferrarnos a nuestra vieja manera de pensar y consecuentemente nos vamos a hallar atrapados en viejos hábitos y actitudes como orgullo, amargura, infelicidad, resentimiento, etc., porque por lo regular nuestros pensamientos están programados por patrones figurativos, amigos, familia, iglesias y aun enemigos, y como seres inteligentes tenemos la capacidad de escoger que pensar y en que material habitar; por eso, la alternativa más sabia es como dice Romanos 12:2 – no conformarnos a este sistema sino transformarnos , dejar que el Ruaj Hakoddesh haga la obra en nosotros, que la Torah que ha sido escrita en nuestro corazón se haga vida y demos verdaderos frutos de arrepentimiento y cambio. Transformarnos es asunto de escoger creer en la verdad de YHVH, la Torah, la cual nos dice que: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida” – Proverbios 4:23. “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” – Colosenses 4:6. “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” – Salmo 119:11.
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