Somos maravillosamente creados, únicos en la forma más imaginativa. Todos tenemos facetas propias, nuestra personalidad, los gustos, disgustos, talentos, aún nuestros cuerpos físicos. Sin embargo, la mayoría no están satisfechos como son y siempre están buscando estereotipos en los cuales encajar. Siempre están buscando un modelo a seguir y se les olvida que YHVH nos dio el modelo perfecto, Yahshua. Pero esos estereotipos o cajas en las que el hombre se quiere meter, son por lo regular patrones sociales en los que quiere encajar para sentirse seguro. Patrones establecidos en el ambiente de laboral, en su comunidad, en las universidades o colegios, como la forma de vestirse o comportarse para ser aceptado, etc. Algunos logran encajar pero pasan la vida frustrados porque no son ellos mismos, están viviendo una vida forzada para no ser rechazados, y muchos llegan hasta el suicidio por la presión. La verdadera seguridad es la que da Dios, cuando aceptamos lo que somos y como somos, hechos a Su imagen y semejanza y con un propósito especifico. Ser aceptados por Dios es lo que verdaderamente cuenta, al hombre jamás podremos complacerlo siempre habrá algo más que cumplir para estar a su altura. Sé quién eres, no trates de vivir una vida ajena ni encajar donde YHVH no te ha puesto.
Muchos tienen la tendencia a categorizar el pecado y el rango va desde los más pequeños o veniales hasta los más grandes y dañinos llamados por muchos mortales. Pero en realidad, nadie peca aislado ni las consecuencias son particulares. Toda desobediencia a Dios afecta no solo al pecador sino a muchos otros en el presente y futuro. Si fuéramos a separar el pecado de Adán y Eva de su contexto, muy pocos los culparían de una gran trasgresión, la mayoría pensarían que lo que hicieron no fue tan grave, simplemente comieron una fruta de un árbol con el aviso de “no comer”, sin embargo ese tan insignificante detalle, ha afectado la humanidad desde entonces. Hoy en día la gente piensa que ignorar unos cuantos mandamientos, aun siendo bíblicos no es mayor cosa. Pero Dios ve nuestros pecados desde otra perspectiva. Cada uno es seguido de consecuencias negativas, por ejemplo: en el caso de Adán y Eva y de cualquier creyente hoy en día, lo primero que afecta es nuestra relación con Dios. Después todo a nuestro alrededor cambia, pues ya no solo tenemos que lidiar con la vida sin dirección divina, sino con todos aquellos afectados por nuestra acción. Piense ¿cuántas personas afecta un padre adultero, un empleado deshonesto, un político corrupto? Recordemos, nuestras acciones determinan lo que somos.
¿Qué hace que algunos tengan éxito y otros fracasen en la obtención de sus objetivos? ¿Qué determina el éxito? Muchos creen que el trasfondo familiar y la educación son los principales ingredientes, pero, ¿por qué, entonces, escuchamos que muchos sin estos ingredientes, con pocas habilidades o poco entrenamiento, obtienen grandes victorias? Seguramente hay algo más que determina el éxito en el logro de objetivos. Contrario a la definición de éxito que tiene la sociedad, lo cual debe involucrar: fama, fortuna o poder, el verdadero éxito es llegar a ser la persona que YHVH quiere que seamos, alcanzar los objetivos que El ha establecido para nuestras vidas. “Despojémonos de todo peso… y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1). La Escritura responde claramente a nuestra pregunta. Despojémonos de todo lo que nos impide obedecer a YHVH y perseveremos con amor y convicción en el propósito de YHVH para nosotros. El tiene un plan maravilloso para todos y cada uno y ha prometido guiarnos a lo largo del camino. Llegar a ser lo que YHVH quiere que seamos debe ser el mayor éxito de nuestra vida.
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