Desde que Israel entró y tomó posesión parcial de la Tierra Prometida, ha buscado la paz con sus vecinos, mas no la paz ordenada por YHVH, sino la paz comprometiendo su fe y obediencia a Elohim. La paz que el hombre construye no es la paz que YHVH instruye. Para el hombre, la paz es invariablemente el resultado de dos cosas: guerra o tratado. En la guerra al menos sabemos que uno gana y el otro pierde. Pero ahora, más que nunca, el hombre busca la paz comprometiendo sus valores, cediendo sus derechos, desobedeciendo a Elohim. Esa no es la paz de la que YHVH habla en Su Torah. Su paz es absoluta, no involucra concesiones ni transige, Su paz proviene de la elección libre del hombre de elegir servir a Elohim como Él lo exige, y nada más. Israel no vio nada malo en acercarse y mezclarse con los pueblos que habitaban Canaán. No vio nada malo en buscar la paz con sus vecinos a su manera, participando de sus festivales y costumbres, dando respeto a sus creencias y falsos dioses y como resultado, disfrutar de una aparente paz, que tarde o temprano terminaría en guerra, ya que era una paz creada por el hombre y no reflejaba para nada la paz y prosperidad que Elohim tenía para Su pueblo. Los matrimonios entre hebreos y cananeos se convirtieron en pan de cada día, con poca resistencia, creyendo que era algo bueno. Israel estaba ciego y no aceptaba que estaba quebrantando la Torah de YHVH. Se sentían bien con su habilidad para lidiar con sus vecinos basados en su propia moral sin la dirección de Elohim. Pero el problema de Israel no terminó ahí, ha continuado y está rampante en el pueblo de Elohim hoy tanto como entonces. Su pueblo sigue transigiendo con el sistema, participando de sus festividades y costumbres, viendo sus dioses como algo normal y tolerable de lo que no tienen que separarse, sino tolerar. El movimiento de la Interfe está de moda y hay que seguirlo. El dicho es: “Todos los caminos van a Roma”, seguro que sí, pero “no todos los caminos van a Jerusalén”.
No es fácil vencer dificultades. A través de los cuarenta años que Israel pasó en el desierto, tuvo que enfrentar muchos problemas y la mayoría de las veces, quiso resolverlos regresando a su lugar de esclavitud. A veces nos preguntamos, ¿cómo un pueblo libre quiso tantas veces volver a ser esclavo? No es nada diferente a nosotros hoy. A veces la lucha por seguir adelante, parece más difícil que el regresar a la zona de confort así sea de esclavo. Esa es la dependencia por la cual muchos permanecen en relaciones incomodas e indeseadas, dependientes de la persona que les maltrata y deshonra. El miedo al futuro, les hace permanecer ahí. Cuando no se desarrolla una fe genuina, basada en la Torah y en la obra redentora del Mesías, el temor es el sentimiento que maneja la vida. Existe codependencia entre esposos, entre empleador y empleado y lo peor, existe codependencia entre líderes espirituales manipuladores y la gente en su congregación. El miedo a ver más allá de las supuestas iluminadas enseñanzas del líder, hace del pueblo de Elohim, un pueblo esclavo. Creen ser libres, pero tienen un yugo denominacional pegado a su cuello. “Por tanto, así ha dicho YHVH Elohim de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice YHVH” – Jeremías 23:2. Pero YHVH ha prometido romper su yugo de tu cuello, busca la verdad, busca la Torah, busca las raíces hebreas de tu fe, busca a Yahshua como el rabino judío que murió y abrió el camino al Padre por ti. No es el mismo que las religiones te presentan vestido de túnica greco-romana. José no pudo ser conocido por sus hermanos cuando llegaron a Egipto, porque estaba vestido de egipcio, no debe extrañarnos porque el pueblo judío hoy en día no acepta al Mesías que le presenta el cristianismo, vestido como occidental hasta con nombre cambiado. Quienes aceptamos al Mesías como nuestro salvador, somos el pueblo de Elohim, somos Israel, judíos y gentiles injertados, pero todos siguiendo un mismo Salvador, Yahshua el Mesías y un mismo Padre, YHVH de los ejército.
La vara que Moisés usaba, era la vara que él tenía en su mano cuando tuvo su encuentro con Elohim en el desierto, y que por orden de Elohim, debía usar para manifestar el poder de YHVH ante Faraón – “Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales” – Éxodo 4:17. Como todo lo que YHVH separa para El, es santo, esa vara era santa, representaba la unción divina de YHVH sobre el liderazgo de Moisés. Sería usada solo bajo la orden de YHVH. Fue la vara que Moisés usó para llevar a cabo todas las plagas y juicios que YHVH ejecutó para sacar a Su pueblo de Egipto. Fue la vara que Moisés usó para llevar a cabo todos los milagros y maravillas que YHVH hiso para proteger y proveer a Su pueblo durante el viaje por el desierto hacia la tierra prometida. La vara en la mano de Moisés era una muestra visible para el pueblo, de que Moisés era el siervo de YHVH, elegido para llevarlos a su destino. Fue la vara que Moisés usó para dividir las aguas del Mar Rojo y abrir camino al pueblo hacía la libertad. Fue la vara que Moisés usó por orden de YHVH para golpear la roca y sacar agua para el pueblo en Refidim. Esta vez, YHVH ordenó a Moisés y a Aarón tomar la vara que representaba Su dirección, poder y liderazgo y reuniera al pueblo y hablara a la roca. La vara debía ser usada esta vez para reunir al pueblo, no para golpear la roca. La vara debía ser usada para enseñar al pueblo, para recordarle delante de la roca las bendiciones que durante 38 años habían sido derramadas por YHVH sobre ellos y mostrarles que en el futuro la verdadera agua que calmaría su sed espiritual, saldría de la Roca – Yahshua – “Si conocieras el don de Elohim, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” – Juan 4:10. “todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca es el Mesías” – 1Corintios 10:4.
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