Somos el producto de nuestros pensamientos, así que, es supremamente importante escoger cuidadosamente donde vamos a enfocar nuestra energía mental. Podemos aferrarnos a nuestra vieja manera de pensar y consecuentemente nos vamos a hallar atrapados en viejos hábitos y actitudes como orgullo, amargura, infelicidad, resentimiento, etc., porque por lo regular nuestros pensamientos están programados por patrones figurativos, amigos, familia, iglesias y aun enemigos, y como seres inteligentes tenemos la capacidad de escoger que pensar y en que material habitar; por eso, la alternativa más sabia es como dice Romanos 12:2 – no conformarnos a este sistema sino transformarnos , dejar que el Ruaj Hakoddesh haga la obra en nosotros, que la Torah que ha sido escrita en nuestro corazón se haga vida y demos verdaderos frutos de arrepentimiento y cambio. Transformarnos es asunto de escoger creer en la verdad de YHVH, la Torah, la cual nos dice que: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida” – Proverbios 4:23. “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” – Colosenses 4:6. “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” – Salmo 119:11.
La historia del hombre como está grabada en las páginas de las Escrituras. Empieza en un jardín y termina en un jardín. En estos dos paraísos, el Jardín del Edén y la Nueva Jerusalén, el hombre camina en intimidad con su Creador. Entre el libro de Génesis y el libro de Apocalipsis, esta la saga de la separación del hombre de su amado Creador debido a su orgullo y rebelión contra la Torah (Instrucciones) de YHVH. Entre Génesis y Apocalipsis está la agonizante historia de un Padre llamando de todas las formas concebibles, a sus hijos pródigos, instándolos a arrepentirse de su pecado y a alejarse del camino espiritual que guía a la oscuridad y destrucción. YHVH tiene un plan para redimir al hombre, para salvarlo, y ese plan está revelado en las Escrituras. Entender el Tabernáculo de Moisés, es entender el plan de YHVH. Aunque su origen es divino, es un diseño sencillo. Pero su sencillez revela su verdadero enigma. Dentro de su velo, se encuentra la más profunda sabiduría del universo, pues en él se revelan los misterios del plan de redención de YHVH para la humanidad. En sus enseres y detalles, encontramos en forma de código, el plan de siete citas anuales de YHVH, como también los siete pasos de la boda hebrea. Todo esto, revela los pasos que cada ser humano debe tomar para invertir la maldición de muerte que cayó sobre Adán. Ellos le muestran al hombre el camino de regreso al Padre. El Tabernáculo revela el Camino de Elohim, el Camino de salvación y vida eterna.
Vale la pena repetirlo: nuestro destino eterno es una elección que YHVH ha dejado a nuestra discreción – a cada uno individualmente. Pero, nuestro papel o función dentro de la familia de la fe, una vez que hemos entrado en los vínculos del Pacto con YHVH, y hemos sido injertados y hechos parte del pueblo de YHVH, sigue siendo una prerrogativa divina. Todos recibimos talentos – habilidades que debemos desarrollar para la gloria de Elohim y para el crecimiento del cuerpo del Mesías, que somos todos nosotros. Ahora, no todos recibimos los mismos talentos, unos reciben diez, otros cinco, etc., y no es una vergüenza el ser menos talentoso, sino el no estar dispuesto a usar el talento recibido. La construcción del Tabernáculo, nos provee una clara demostración de este principio. Se necesitó de una gran variedad de expertos para hacer todo el trabajo del Tabernáculo, sus utensilios, las vestiduras de los sacerdotes, etc., y todos trabajaron en armonía por un objetivo común, según el Plan Maestro del Creador. Pablo usa una metáfora diferente – el cuerpo del Mesías – para mostrarnos lo mismo. Pero, aunque estamos unidos en propósito y destino, somos bien diferentes en cuanto a la función o habilidad. YHVH le ha asignado a cada uno de Sus hijos una labor. En la obra del Tabernáculo, unos cortaban madera, otros con esa madera, fabricaban los muebles para el Tabernáculo, otros los cubrían con oro. Nadie lo hacía todo, ni siquiera los expertos, nadie trabajaba para sí. Esto nos enseña que en el Reino de Elohim no hay “llaneros solitarios” y que todo lo que hacemos afecta la vida de otros y la obra que se está haciendo, por consiguiente debemos recordar que el amor exige que hagamos lo mejor para la gloria de Elohim. Hacer las cosas bien paga, siempre vamos a ser útiles. Pero si paramos de aprender, corremos el riesgo de volvernos obsoletos en la obra. El orgullo no tiene lugar en nuestra vida, todos cometemos errores y debemos aprender de ellos, nadie vive en el eterno éxito, es la forma como manejamos las crisis que definen nuestro carácter. YHVH quiere piezas valiosas, pulidas en las tormentas para Su Templo.
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