Isaías lo cubre casi todo aquí. La vida está llena de tormentas, de problemas, calor de las presiones que sufrimos y torrentes de gente sin misericordia que nos oprime física, mental y emocionalmente. Todo esto nos puede destruir, pero podemos correr a nuestra Roca, Refugio y Sombra seguros que allí estaremos a salvo. Nuestro Elohim es todo eso y más. Nos podemos esconder en El cuando las tormentas de la vida lleguen y esperar en El hasta que pasen. El conoce el dolor que sufre cada corazón y puede consolarnos y darnos la luz que necesitamos para salir adelante. El nos da sombra cuando el calor de las presiones llega tratando de ahogarnos y hace que broten de nuestros labios sacrificios de alabanza que glorifiquen Su nombre. El es nuestro refugio, extiende sus brazos y nos toma para que la mano del maligno no nos dañe. No hay mejor lugar para ir y para estar que en El. “Roca mía y castillo mío y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en El confiaré” (Salmo 18:2).
Desde el comienzo en el libro de Génesis, vemos la guerra como un patrón humano que continua a lo largo hasta el libro de Apocalipsis donde la batalla final entre el bien y el mal, está profetizada. Israel aprendió lecciones fuertes en las guerras. Vio que cuando salía a la guerra guiado por Elohim, tenían la victoria segura, mas cuando salían a pelear en sus propias fuerzas eran derrotados. Las guerras peleadas bajo la guía de YHVH, eran guerras santas cuyo único propósito eran de establecer a Israel en la Tierra Prometida, protegerlos contra las invasiones extranjeras y promover la justica y rectitud. Uno de los requisitos, era que el pueblo debía purificarse – “Cuando salieres a campaña contra tus enemigos, te guardarás de toda cosa mala… Porque YHVH tu Elohim anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti… “– Deuteronomio 23:9-14. Tanto el pueblo como su causa, debía ser santa. Elohim solo pelearía en una batalla santa y justa. Los parámetros de YHVH no han cambiado. En los últimos tiempos, peleará de nuevo por su pueblo y el propósito será el mismo: establecerlo en la Tierra prometida, defenderlo de invasión extranjera y establecer un reino de rectitud y justicia.
La mayoría de la gente piensa que el problema entre Israel y los palestinos surgió en 1948 cuando Israel volvió a ser nación. Mas no es así, es un problema histórico. La Escritura anterior lo demuestra. Si lee los versículos del 4-8 y busca los nombres modernos de esas naciones verá que todos son musulmanes, descendientes de Ismael y Esaú, los eternos enemigos de Israel. Los palestinos, que en sí, son árabes, son simplemente el motivo puesto allí por todas las naciones musulmanas para justificar y ocultar el verdadero motivo del conflicto. Los palestinos no quieren la paz, quieren la tierra y aniquilar a Israel, está escrito, no podemos ser ciegos al hecho. Los musulmanes se declaran un pueblo de paz, según ellos, todo lo que el mundo tiene que hacer es aceptar y declarar que: Alah es dios y Mahoma su profeta. Que el mundo viva bajo la ley Sharia y todos tendremos paz. ¿Lo haría usted? No tiene porque preocuparse, si quebranta la ley, lo decapitan, no más. Es nuestro deber como creyentes el orar por la paz de Jerusalén, no hay ni un solo versículo en la Palabra donde Elohim nos mande a orar por la paz de Damasco, Beirut, Cairo, etc. no, es por la tierra donde a Él le plació poner Su Nombre que quiere que oremos. “Porque YHVH ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí” – Salmo 132:13. “Pedir por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman” – Salmo 122:6.
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