Muchos guardan el Shabbat, mermándole un poco a sus actividades normales; pero la palabra “Shabbat” significa: parar / dejar de / desistir / cesar, no disminuir. El Shabbat es acerca de observar un día en el cual toda actividad normal para. El propósito es santificarlo, y no se santifica un día haciendo cosas. Es separándolo para estar en la presencia de YHVH, deleitándonos el Él, no haciendo rituales rutinarios, sino estando ahí para EL, dispuestos a escucharlo no de la manera que nosotros queramos, sino como El quiera revelarse. Elías creyó que YHVH estaba en el viento, luego en terremoto, en el fuego, pero no... YHVH se manifestó en el silbido apacible. El corazón necesita estar en silencio para escuchar a YHVH en todo; en el canto de un pájaro, en la persona necesitada, en las flores, en los niños. Lo esencial no es lo que nosotros digamos, sino lo que YHVH nos diga, o diga a otros a través nuestro, pero necesitamos estar en silencio para escuchar lo que YHVH tiene que decir a nuestro corazón. Separémonos del ruido rutinario del día y no permitamos que nada ni nadie interrumpa este momento, este día de comunión con nuestro Creador. Shabbat Shalom
Al examinar las etapas de crecimiento espiritual y el desarrollo a través del cual el creyente pasa mientras está cruzando el desierto de la vida, camino hacia la Tierra Prometida – el Reino de Elohim – podemos ver como la Torah (Instrucciones de YHVH) juega un papel fundamental manteniéndonos en el camino estrecho y recto, que eventualmente nos llevará seguros a nuestro destino espiritual. Muchos han leído Proverbios 29:18, y la mayoría están familiarizados con la primera parte del versículo, pero no con la segunda donde vemos que la Torah juega un papel crucial en guiarnos a nuestro destino eterno. Vemos a Elohim dirigiendo al pueblo por el camino de justicia de la Torah, mostrándoles el mensaje de salvación a través de la fe en el Cordero perfecto – Yahshua – quien Juan 1:1 declara “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Elohim, y le Verbo era Elohim”. Yahshua, la Torah viva, fue aquel que como el brazo de YHVH, liberó al pueblo de Egipto, que como el Ángel de YHVH los guió en la columna de fuego, que habló con ellos desde el Sinaí, les dio la Torah, fue la Roca que los suplió de agua, fue el pan de vida que descendió del cielo. Poco a poco, como un padre entrenando a su hijo, Elohim está entrenando a Su pueblo, le está enseñando a caminar en Su Torah, Sus mandamientos, y al mismo tiempo, le está revelando la verdad de la obra redentora de Yahshua. No olvidemos que la fe en la obra de Yahshua y la Torah van de la mano. Son inseparables. No se puede creer, amar y decir conocer a Yahshua sin obedecer Sus mandamientos. Creer en Yahshua y caminar en los caminos de Yahshua son los dos lados de la misma moneda. El mensaje del evangelio nunca ha cambiado, el último libro de la Biblia sigue identificando a los santos de los últimos tiempos, como aquellos que guardan los mandamientos de Elohim y tienen el testimonio o la fe de Yahshua – “Entonces el dragón se lleno de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Elohim y tienen el testimonio de Yahshua” – Apocalipsis 12:17.
YHVH llamó a Abram para formar de él un pueblo separado a través del cual revelaría al mundo Su plan de salvación. Esto es fácil de entender. Lo que es no muy obvio, es, ¿por qué Elohim desde el comienzo, separa un pedazo de tierra, muy pequeño, para usarlo como escenario sobre el cual llevaría a cabo su drama? Más sorprendente aún, ¿por qué movió a la descendencia de Abraham dentro y fuera de ese pedazo de tierra, como piezas de ajedrez, durante siglos, si ese lugar iba a ser de ellos como posesión permanente? Ese pedazo de tierra tiene que representar algo más fundamental y de enorme importancia en la vida espiritual de la humanidad. La clave para entender lo que la Tierra Prometida significa, está en la historia del Éxodo. Después de pasar cientos de años esclavos en tierra extraña, Israel es liberado de la esclavitud, de forma milagrosa y guiado hacia su futuro hogar. A Canaán, la misma tierra prometida su padre Abraham. Pero ir a Canaán no iba a ser un paseo. Canaán estaba poblado de siete naciones inicuas y guerreras, todas preparadas para defenderse ellas mismas. Los israelitas habían sido esclavos, ahora debían ser guerreros. Cambiar a Egipto por Israel – la tierra prometida – ha sido metafórico de algo que todos experimentamos. De la esclavitud del mundo, viviendo esclavos del pecado a la tierra prometida. Pero dicha tierra no representa al cielo. Allí hay gigantes, enemigos por doquier, sin embargo, es la tierra que fluye leche y miel. Para quien no esté preparado confiando en YHVH completamente, es como “la tierra que devora a sus habitantes”. La Tierra Prometida representa la vida que debe enfrentar todo creyente. Es una tierra totalmente diferente al lugar que dejamos. Aquí ya no somos más esclavos. Debemos dejar las cadenas atrás. Nuestro emancipador nos ha hecho maravillosas promesas, algunas podemos visualizarlas en nuestra mente, otras son demasiado maravillosas para comprenderlas con nuestra mente humana.
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